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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Aceptar o no aceptar la propuesta de amor de Jesús en cada Eucaristía.
Homilía msan002a, predicada en 19970325, con 14 min. y 41 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, están ya muy próximos los misterios de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo. Y estos días ya de la Semana Santa, nos preparan de manera inmediata para tener los ojos abiertos, los oídos atentos y el corazón dispuesto a lo que va a pasar. Yo quiero explicarme por medio de un ejemplo. Supóngase usted una persona que no conoce lo que es el fútbol, no tiene ni idea de qué es eso. Y a ese señor que nunca ha visto un partido de fútbol una vez lo llevaron a una cancha. Y este hombre que no sabía nada de partidos ni de fútbol y el equipo, empieza a saber que la gente corre detrás de una bola de un cuero inflado, y corren y corren, y cuando lo alcanzan, le dan una patada y siguen corriendo detrás de la bola. Como nadie le ha explicado qué es lo que sucede ahí, este hombre se queda sin entender qué tiene de gracia eso. A mí me contaron que a un campesino le sucedió esta historia. Se lo llevaron a un partido de fútbol al estadio. Y resulta que este hombre, así dice la historia, nunca había visto fútbol. Él sabía de burros, de puercos, de agricultura, pero él nunca había visto fútbol. Y cuando salió el partido le preguntaron Bueno, compadre, ¿Cómo le pareció el partido? Y él dijo: No le vi ninguna gracia a ese asunto. Veintidós tipos en calzoncillos corriendo detrás de un cuero inflado, y cuando lo alcanzan, le dan una patada, yo no sé qué gracia le ven a eso. Así también le puede pasar a muchos Cristiano en la Semana Santa. Si no le han explicado por dónde va la jugada, llega el Jueves Santo y entonces ¿Qué va a decir este señor? Allá había un señor que se puso una ruana con un calor tenaz que estaba haciendo, se puso una ruana y se puso a lavarle los pies a unos muchachitos. Yo no sé por qué llevan muchachos con los pies sucios a la iglesia, pero allá llevaron unos muchachos con los pies sucios. Y este señor con ese calor que estaba haciendo y con la ruana lavándole los pies a los muchachos esos. Y luego allá se paraba y alegaba ahí solo, es que haya un poco de gozo. Así dice la gente, ¿no? Y yo veía que alegaba y levantaba las manos y las bajaba y subía los ojos y los bajaba y gritaba y gritaba cosas allá. Hasta que al fin a los que se aguantaron hasta el final le repartían como una obleitas, les daban como una obleitas y después cada uno para su casa. Esa fue la celebración del Jueves Santo. Por eso nosotros tenemos que tener muy claro qué es lo que se va a celebrar en cada día de la Semana Santa, porque no nos podemos perder la jugada. Y uno tiene que estar muy atento, ya sea con gafas o sin gafas. Uno tiene que estar muy atento para ver qué es lo que se está celebrando en cada día y por eso la Iglesia nos ofrece las lecturas que tienen los tres días, el lunes, el martes y el miércoles Santo, para que uno sepa qué es lo que está pasando ahí. Estos no son inventos míos. Mire usted lo que nos ha contado el Evangelio. Cuando Jesús le dijo a Judas, le dijo a Judas lo que tienes que hacer, hazlo enseguida. Los demás que estaban ahí no entendieron la jugada, no sabían de qué se trataba el asunto. Creyeron que era Judas, que Judas iba a hacer mercado a las diez de la noche, seis de la noche, la hora que hubiera sido. Creían que se iba a hacer mercado a esa hora, que se iba a dar limosna, no entendieron qué era lo que estaba pasando, no se dieron cuenta. Y por eso nosotros, con la ayuda de Dios nuestro Señor, queremos preparar el corazón, preparar los ojos y los oídos para que nosotros sí nos demos cuenta de qué es lo que va a pasar en este jueves, en este viernes y sobre todo en este Sábado Santo. Tenemos que tener los ojos atentos. Por hoy solamente le cuento una palabrita de lo que estaba pasando, lo que estaba pasando en esa escena que nos ha contado el Evangelio, es que Judas, uno de los discípulos del Señor, lo estaba traicionando, se resolvió en su corazón, se endureció en su corazón en la triste idea de traicionar a su Maestro. Nunca Jesucristo habló con tanto amor, con tanta sabiduría, con tanta claridad, como les habló a sus apóstoles en esa Cena, ¡Nunca! Esa fue la cena de las grandes revelaciones. En esa cena, Jesús les habló ya no tanto como un maestro ni como un Señor, sino les habló como un amigo, y les abrió el corazón a ellos, porque ellos eran sus amigos. Pues bien, en esa cena de amigos donde Cristo estaba revelando su amor, sucede esta traición. Y esto tiene también una enseñanza para nosotros. Las personas que pueden servir mejor a Cristo, son las personas que están más cerca de Cristo, pero las personas que le pueden hacer más daño a Cristo son también las personas que están más cerca de Cristo. Cuando nos acercamos al Señor, recibimos de su luz, de su amor, pero también recibimos la responsabilidad de alimentar esa luz, de cuidar ese amor, de no irrespetar ese espíritu que Él nos comunica. Porque después de que Cristo nos revela toda la gracia de su ternura en la Eucaristía, lo que nosotros hagamos con ese amor solo podrá ser evangelización, proclamación, celebración, alabanza de su gloria o terrible traición. Después de que Cristo ha mostrado su amor, ya no queda otra posibilidad sino convertirse en santo o en traidor. Y esa es la escogencia que hay que hacer en esta Semana Santa. O nos encaminamos hacia la santidad o nos encaminamos hacia la traición. Líbrenos Dios. Te lo quiero explicar con otro ejemplo, resulta que Antonio, de todo el mundo le decía Toño tenía una amiguita que se llamaba Rosita. A Toño le gustaba mucho esta niña que se llamaba Rosita, y ellos estaban en un grupo, quizá en un grupo juvenil, quizá en un grupo parroquial. Y la gente sabía que Toño y Rosita eran amigos. bueno, ahí va la amistad. Pero Toño se puso a pensar y dijo: Yo quiero ser algo más que un amigo de Rosita. Y un día este muchacho le sudaban las manos al pobre muchacho. Un día, este muchacho dice: Me voy a jugar el todo por el todo, le voy a hablar a Rosita. Y entonces se acabó la reunión del grupo, Bueno, ya cada uno para su casa. Y entonces Toño se hace el disimulado y le dice: Oíste, Rosita, ajá Toño, ¿Qué quieres? No, que yo quiero hablar contigo. ¿Tienes mucha prisa? No, no, no, yo no tengo ninguna prisa. Porque Rosita, claro, como buena mujer, ya se había dado cuenta de por dónde iba el agua al molino. Entonces Toño se pone a hablarle a Rosita, le habla sobre el presidente Samper, le habla sobre el clima, le habla sobre el último partido del Junior y Rosita sabía para donde iba Toño, pero Rosita se hace la disimulada. Ay si, si, si si si si si, si juajuajuajuajua. Y ahí sigue Rosita. Y Toño por dentro con el corazón arrugado. ¿Y ahora yo como le digo? ¿Y ahora yo como hago? Hasta que se resolvió. Y entonces le dice Mira, Rosita. En fin, aja, osea, ¿Cómo te dijera? No, no, sí, cuéntame ¿De qué más temas quieres hablarme? Le dice Rosita. No, yo no quiero hablar de ningún tema. Yo quiero hablarte de mí. ¡Ah! ¿Me quieres hablar de ti? ¿Qué me quieres decir? Lo que sucede, Rosita, es que, pues tú eres una persona muy importante para mí. Y lo que pasa es que yo te quiero mucho. Y yo quiero que seamos novios. En el momento en que el muchacho dice: Lo que pasa es que yo te quiero mucho, se echó al agua ahora si. Y ¿Qué pasa de ahí en adelante? Eso lo saben ustedes mejor que yo. Ahí pasan dos cosas. O le sale bien o le sale mal el asunto, o funciona o no funciona. Si Rosita admite, claro. Pero si Rosita no admite. ¿Qué pasa? Que ya no vuelven a ser, que ya no vuelven a ser lo que eran antes. Desde el momento en que él se resuelve a decirle: Tú eres para mí más que una amiga, es que yo quiero que seas más que una amiga, yo quiero tener algo contigo. Desde ese momento ya eso no tiene vuelta o se mejora el asunto y se vuelven novios y bueno, lo que siga, o se empeora el asunto, y si ya eran amigos, hasta ahí llegó. Es el mismo ejemplo que nos sirve para entender lo que pasa en la Eucaristía. ¿Qué es la Eucaristía? una gran declaración de amor, solo que ahora no es Antonio, sino Jesucristo y ya no es Rosita, sino la Iglesia, todos nosotros. En la Eucaristía, Jesús nos declara su amor. Nos dice cuánto nos ama y de ahí en adelante usted escoge aceptarle la propuesta de amor a Cristo, y eso se llama encaminarte a la santidad. O usted se burla del amor de Cristo y no se lo recibe, y entonces se convierte en un traidor. La enseñanza de la misa de hoy, entonces, ¿Cuál es? Que Cristo nos declara su amor en la misa, en cada Eucaristía y especialmente el Jueves Santo, y que si nosotros le recibimos ese amor a Cristo, nos encaminamos hacia ser verdaderos discípulos suyos. Y eso se llama santidad. Si nos burlamos de ese amor, o si somos indiferentes ante ese amor, nos convertimos en traidores de nuestra fe. Y eso fue lo que le sucedió a Judas. Hermanos, yo les invito a que en esta Eucaristía cada uno tome una decisión muy seria. Voy a recibirle la Palabra a Dios, voy a creerle a Dios, voy a coger su propuesta de amor. Por favor, que no haya ningún Judas aquí, que no haya traidores. Cristo, hoy como ayer, sigue diciéndole a cada corazón: Te amo, estoy contigo, soy tu Salvador. Cristo único Salvador, Soy tu Salvador, Te amo. Y ante esa declaración, cada uno escoge. O la santidad o la traición. Que la ayuda del Espíritu Santo nos lleve a tomar la mejor decisión y que esta Semana Santa, vivida en la presencia de Dios, convierta nuestros corazones. Amén.

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