Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Pidamos perdón y conversión si en algún momento nos hemos aprovechado de lo sagrado para obtener ganancia, fama o poder.

Homilía mcsa032a, predicada en 20250416, con 6 min. y 42 seg.

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Transcripción:

El Miércoles Santo, mis hermanos, nos lleva a la mirada hacia Judas Iscariote. Concretamente el negocio que hizo Judas Iscariote, y quiero subrayar esa palabra, la palabra negocio. Porque para Judas, de eso era de lo que se trataba, de un negocio. Y el negocio consistía en vender a Cristo, ponerle un precio y venderlo. ¿Qué estaba haciendo Judas con ese negocio? Estaba cobrándose el tiempo que le había invertido al Evangelio. Él se había desilusionado, se había apartado de Cristo. Y así, con esa distancia, pues tenía perfectamente claro que le había metido tiempo, ganas, energía, dinero incluso, al negocio del Evangelio. Como eso no funcionó, por lo menos no funcionó de la manera que él quería, pues entonces Judas se cobró por su propia cuenta esas 30 monedas de plata que eran dinero, sabemos que era dinero porque con 30 monedas de plata se podía comprar un lote que sirvió de cementerio para extranjeros. Es decir, si tú puedes comprar un terreno que sirve para cementerio, yo no sé cuánto sería eso, media hectárea, una hectárea, pues eso eran las 30 monedas de plata.

Pero lo que quiero destacar es que Judas estaba cobrando su sueldo atrasado, él sentía que Dios le debía a él, él sentía que le había metido mucho tiempo y muchas ganas y mucho esfuerzo a una causa y que él no estaba dispuesto a perder, no estaba dispuesto a perder ese tiempo. Por consiguiente, necesitaba recuperar la inversión. Sé que es un lenguaje absolutamente asqueroso el que estoy utilizando, recuperar la inversión. Yo le invertí a Cristo esto, como no funcionó de la manera que yo quería, de la manera que yo pensaba, como eso no funcionó, entonces pues ahora yo me voy a cobrar, me voy a cobrar lo mío, voy a recuperar la inversión. Yo les confieso, hermanos queridos, que esa expresión que acabo de utilizar y que me duele tanto decirla cerca de Cristo, es la única que me permite comprender en alguna medida lo que hizo Judas Iscariote, él estaba recuperando la inversión.

Y me parece importantísimo hacer este énfasis, porque también nosotros podemos traicionar, tras las huellas de Judas Iscariote, también nosotros podemos traicionar. Y yo quiero empezar por las traiciones más dolorosas, que son precisamente las que cometemos los sacerdotes. Nos advierte la primera Carta de Pedro dice, refiriéndose a los presbíteros, dice: «No busquen ustedes sórdida ganancia», como quien dice, no intenten hacer lo que hizo Judas, que fue tratar de recuperar la inversión, no caigan en ese error. Y ¿qué es sórdida ganancia en el caso de un sacerdote? Es el pretender que con una gran muestra de poder o pretender que con una gran muestra o con una gran exhibición de fama, o recogiendo dinero, haciendo dinero, volviéndose rico, o todavía peor, utilizando la potestad espiritual para abusar de la gente.

¿Qué es lo que está haciendo el sacerdote? Discípulo en ese caso de Judas, y no de Cristo. ¿Qué es lo que está haciendo? Pues lo que está haciendo es recuperar la inversión: -Yo la he invertido unos años de formación y de estudio y de disciplina y de esfuerzo en este asunto. Entonces yo voy a recuperar esa inversión en forma de placer, en forma de poder, en forma de fama, en forma de dinero, y si ese dinero no me llega a través del Ministerio, pues le doy una patada al Ministerio, mando a la porra al ministerio y sigo haciendo mi negocio. Eso es recuperar la inversión.

Y el ejemplo más doloroso, pues somos los sacerdotes con nuestros pecados. Pero no es el único ejemplo, porque es que todos somos llamados a amar como Cristo. Y cuando nosotros le damos la espalda a Cristo, cuando nosotros pretendemos sacar algo de nuestra fe, de nuestra religión. Por algo el Papa Francisco ha advertido tantas veces del clericalismo y nos ha enseñado que el clericalismo no es solamente de clérigos, o sea, de sacerdotes, ministros ordenados. No, hay un clericalismo que también se da en los laicos, ese que utiliza su responsabilidad o su puesto en la Iglesia, lo utiliza pues, finalmente para su propio provecho y está, de alguna manera, recuperando la inversión.

Pidámosle al Señor perdón por los pecados de todos los que tenemos que servir a Dios y estamos llamados a servir a nuestros hermanos. Y si en algún momento nos hemos aprovechado de lo que tendría que ser un servicio, únicamente para nuestro propio pecunio, nuestro propio lucro, nuestra propia fama, pues que sea hoy un día para pedirle al Señor perdón, para pedir conversión y para seguir las huellas de Cristo, no las de Judas Iscariote.

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