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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús sabe del sufrimiento y por lo tanto puede entender a quienes sufren.
Homilía mcsa031a, predicada en 20240327, con 7 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Hoy es Miércoles Santo y hoy escuchamos el tercero de los cánticos del siervo de Yahvé. Estos textos preciosos están todos en el profeta Isaías. Ya hemos recordado en dónde los puedes buscar. Están en los capítulos 42, ese fue el que se leyó el Lunes Santo, 49 se leyó ayer Martes Santo, 50 es el que se lee hoy, y luego el final, el puro final del 52 y una gran parte del 53, todo esto en Isaías, que es lo que se lee el Viernes Santo. Ahí están los cuatro cánticos del siervo.
Este tercer cántico es perfectamente identificable porque utiliza una palabra que es la que aparece prácticamente en todas las traducciones al español: «El Señor me ha dado una lengua de iniciado». Esa palabra, iniciado, tal vez te puede causar algo de extrañeza, no es una palabra que uno utilice con frecuencia. ¿Qué significa un iniciado? Iniciado quiere decir el que ha tenido una formación básica, el que ha recibido el entrenamiento fundamental y ya es parte de algo.
Por ejemplo, en las comunidades religiosas hay un tiempo muy importante, tanto en las comunidades femeninas como en las masculinas, hay un tiempo muy importante que se llama precisamente el noviciado. Y el propósito principal del noviciado es que la persona conozca, podríamos decir, se entrene en esa forma de vida que es la vida religiosa, podríamos decir, mida sus fuerzas, descubra sus propios talentos, vea las bendiciones que tiene el carisma al que aspira, pero también reconozca las dificultades y sea muy realista. A partir del discernimiento del novicio o de la novicia y a partir del discernimiento de la comunidad, entonces se dará un paso más, ese paso más en el caso de nosotros los religiosos, es lo que se llama: la profesión religiosa, que es la primera y fundamental forma de pertenencia a esa congregación o a esa orden a donde uno ha ingresado. Eso sería el equivalente a un proceso de iniciación.
Pero lo impactante de este texto de Isaías es que esa formación, es una formación en el sufrimiento. Es algo que va a aparecer también en el cuarto cántico de Isaías, el que tendremos el Viernes Santo, es impresionante ese cuarto cántico, porque nos va a decir que el siervo de Dios, es un varón de dolores, acostumbrado a sufrimientos, es decir, que su entrenamiento estuvo en el sufrir. Y esta idea aparece en otros lugares también. Así, por ejemplo, en la Carta a los Hebreos, hay un texto que a mí siempre me ha sacudido y que dice que «Cristo aprendió sufriendo a obedecer», el sufrimiento como escuela, pero al mismo tiempo el sufrimiento como capacitación para ayudar a los que están abatidos. Porque como dice el tercer cántico del siervo, el de este Miércoles Santo, dice que Cristo es capaz, el siervo de Yahvé es capaz de dar al abatido una palabra de aliento. Y fíjate que tiene toda la lógica del mundo. Es muy difícil dar una palabra de consuelo que salga de un corazón que nunca ha sufrido, porque los corazones que nunca han sufrido son los corazones llenos de mimos y privilegios, son los corazones que seguramente piensan que se lo merecen todo, o así se lo ha hecho sentir la vida. Cuando una persona ha crecido en una burbuja de privilegios y de bienestar, y muchas veces de caprichos satisfechos, le resulta muy difícil entender el sufrimiento, le resulta muy difícil entender que hay personas que incluso, desde su nacimiento y desde antes de nacer, han padecido mucho.
Entonces, la imagen de Cristo que nos presenta este tercer cántico es la imagen de uno que está entrenado en el sufrimiento, uno que sabe de qué está hablando y que, por consiguiente, puede entender, puede entender a los que sufren. Y esto es una maravilla, porque yo lo veo todos los días. Yo veo esa maravilla todos los días, cómo la persona que sufre encuentra una conexión singular con Cristo, Cristo sabe hablar el lenguaje del sufrimiento. Así como hay que aprender a hablar chino para estar en China, hay que aprender finlandés para desenvolverse bien en Finlandia, Cristo aprendió un idioma y ese idioma se llama sufrimiento, y Cristo aprendió a hablar ese idioma con todos los que sufren. Y por eso el que sufre, si se vuelve hacia Cristo, encuentra en Él una conexión, encuentra en Él una relación, encuentra en Él una luz, una cercanía, un cariño, una solidaridad que es algo increíble.
Esto se ve especialmente en los santuarios, estoy pensando, por ejemplo, en El Señor de los Milagros, en Buga, allá en mi país, Colombia. O estoy pensando, otro santuario de Cristo sufriente, el santuario del Señor caído de Monserrate, en la periferia de los cerros orientales en Bogotá. Es decir, ahí lo he visto con mis ojos. Allí he visto cómo se da un cruce de miradas, es algo así como, tú sabes de qué te estoy hablando, Jesús, cuando yo te hablo de qué me duele, Tú sabes de lo que te estoy hablando, Jesús. Y esa sensación de que Él me entiende, esa sensación de que Él me escucha, esa sensación de que Él comprende lo que estoy viviendo, eso marca una tremenda diferencia, pero tremenda, porque eso hace que entonces, la Palabra de Cristo tenga un significado único para mí. El que no comprende mi dolor, ¿qué consejos me va a dar? Pero el que me entiende mejor que nadie, cuánta sabiduría tiene en sus palabras para mí. Ese, ese que conecta, ese que tiene un puente, ese que sabe hablar el lenguaje, ese se llama Jesucristo. Y eso es lo que estamos presenciando en esta Semana Mayor.

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