Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tenemos libertad lo que implica nuestra reacción frente a lo que nos llega, también excluye toda posibilidad de predestinación y a pesar de nuestras decisiones libres Dios al final realiza su Voluntad.

Homilía mcsa029a, predicada en 20230405, con 6 min. y 10 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy nos presenta la traición, es la traición de Judas, algo que resultaba impensable para el grupo de los apóstoles. Observemos cómo Cristo da una señal clara de quién es el traidor y, sin embargo, cuando Judas sale del grupo, sale de ese cenáculo donde se estaba celebrando la Cena pascual, cuando Judas sale, nadie pensó que era lo que él iba a hacer. A nadie se le ocurrió, era algo impensable que alguien se atreviera, que alguien quisiera traicionar a Cristo así, resultaba impensable.

Y sobre esto quiero hacer dos reflexiones. Primero, ¿por qué resultaba impensable esa traición? Pues recordemos que había un tremendo desnivel, una gran diferencia en la manera como Cristo veía su misión y la manera como los apóstoles de Cristo veían esa misión. Me explico, para ellos, la llegada a Jerusalén era el comienzo de los buenos tiempos, o sea, se había acabado el sufrimiento, se había acabado, pues tanta dificultad, tanto padecer, noches mal dormidas, días con pésima comida o nada, eso se había acabado, llegó el tiempo de la victoria. Entonces para ellos, sentir que estaban con Cristo y que celebraban la Pascua, era sentir que de alguna manera se afianzaba ese grupo, que era el grupo de la victoria, eso era lo que ellos pensaban.

Y como era el grupo de la victoria y como había ese ambiente de victoria, las palabras de Cristo de que: «Uno de ustedes me va a traicionar», esas palabras como que no calaban, como que no podían entrar en ellos, y que Judas saliera, ni más ni menos que, a vender a Cristo, no podía caber en la mente de ellos. Todo ¿por qué? Porque ellos tenían la idea de una victoria, ellos creían que eran el grupo de la victoria y así, por supuesto que no podían entender la misión de Cristo. Ese es un dato que quería subrayar.

El otro aspecto que quiero destacar es cómo, cuando ya sale Judas, y Cristo evidentemente sabe lo que viene para Él y que va a tener, por supuesto, consecuencia inmediata en los apóstoles, por aquella frase de: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas». Cuando Cristo sabe que eso va a suceder, dice: «Ahora el Hijo del Hombre es glorificado». Y esta es una gran paradoja que el momento de la gloria es el momento de la cruz, que el momento de la victoria para Cristo, de la auténtica victoria, es el momento en donde Él parece, a los ojos del mundo, de una manera puramente humana, mundana, parece el gran derrotado. Y, sin embargo, es ahí donde está la gran victoria.

¿Por qué? ¿Por qué es esa la gran victoria? ¿Por qué, a pesar de la traición, pero también a través de la traición, se va a manifestar la gloria de Cristo, por qué? Pues la explicación la encontramos en tres elementos muy concretos. Primero, porque todo el ataque del demonio en la Pasión de Cristo va a ser el esfuerzo de separar a Cristo de su misión, separar a Cristo de la voluntad del Padre, podríamos decir, romper el vínculo entre Cristo y el Padre, ese es el propósito fuerte del demonio, y ese propósito no lo va a conseguir. Esa va a ser la victoria de Cristo.

Segundo, es victoria de Cristo, que al ofrecer Él, voluntariamente y amorosamente, ofrecer su sangre como auténtica propiciación, sangre ofrecida en oración y con amor por el Sumo Sacerdote, que es el mismo Cristo, se va a lograr el perdón de nuestros pecados, para todo aquel que quiera abrirse a la inmensa misericordia, al inmenso mar del Amor divino, para todo aquel que quiera abrirse a ese amor, va a venir el perdón, es decir, el pecado va a ser vencido. Y esa victoria sobre el pecado, pues es eso una victoria, por eso el Hijo del Hombre va a ser glorificado.

Y, en tercer lugar, no se nos olvide que, a través del camino de la cruz, Cristo entra a la gloria del cielo según las palabras que Él mismo dijo: «Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre. Dejo el mundo y vuelvo al Padre». Pero como dice la carta a los Colosenses, no volvió solo, vamos nosotros con Él. Es decir, tú y yo. Tú y yo somos la victoria de Cristo, nosotros somos la victoria del Señor. Él se glorifica en nuestras vidas y nosotros somos el fruto de sus lágrimas, de sus oraciones y del precio infinito de su sangre.

Así que dos pensamientos para este momento tan especial. Sí, es la traición de Cristo, sí, es un pecado asqueroso, totalmente cierto. Pero a la vez es la victoria, es victoria porque el demonio no logró lo suyo, es victoria porque nuestros pecados quedan lavados, y es victoria porque está abierto el camino hacia el cielo. Así que terrible la traición de Judas contra Cristo, pero al mismo tiempo, qué grande la gloria de Cristo en medio de esas tinieblas.

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