|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si se quiere amar en realidad a Cristo no se debe buscar recompensa sino buscar amarlo solo a Él cuidando nuestra oración y acercándonos a los sacramentos.
Homilía mcsa026a, predicada en 20210331, con 7 min. y 56 seg. 
Transcripción:
En el Evangelio de hoy aparece claramente, de frente y de lleno, la traición de Judas Iscariote. ¿Por qué traicionó Judas a Cristo? Es una pregunta que ha hecho correr ríos de tinta. Algunos tratan de disculparlo, incluso presentarlo como un personaje necesario dentro de una especie de obra de teatro. Pero no, no era un teatro, era realidad. Podemos encontrar tres respuestas de por qué Judas Iscariote traicionó a Cristo. Son tres respuestas en tres niveles distintos, y posiblemente, la combinación de ello, de estos distintos niveles, quiero decir, fue lo que llevó a Judas a la traición.
En primer lugar, debemos recordar que la misma Biblia nos habla de la presión del demonio. Este elemento espiritual, aunque resulte incómodo mencionarlo en nuestra época, está ahí. Estuvo en el caso de la traición de Judas, y sigue teniendo su acción en nuestro tiempo. Es interesante notar que el Papa Francisco, yo diría, en contra de lo que muchos esperarían, ha sido uno de los Papas que, con más claridad, con más fuerza e incluso, con más frecuencia, nos ha recordado que la existencia del demonio es real y nos ha recordado que con el demonio no se juega ni se negocia.
Pues bien, la presión del demonio aparece en el caso de Judas. Esa presión del demonio es comprensible por el odio casi infinito de esta criatura de perdición en contra de nuestro Señor Jesucristo, en quien veía un ser luminoso y, sobre todo, absolutamente fiel a Dios. Entonces, ese es un factor, y de ese factor tenemos que defendernos también nosotros. Por algo nos dice el Apóstol San Pedro: «El demonio ronda buscando a quien devorar». Y siempre recuerdo que rondar es dar la vuelta en torno para ver por dónde se mete. Es muy posible que esa frase del apóstol San Pedro tenga su origen, precisamente, en la traición de Judas. Reflexionando años después, sobre los acontecimientos de la Pasión de Cristo, Pedro cayó en la cuenta de que el demonio les estaba dando vueltas hacía mucho rato, que el demonio buscaba por dónde meterse y que, precisamente, cuando encontró una grieta, y esa grieta fue el corazón del Iscariote, entonces por ahí atacó al Señor. Ese es un factor, pero hay por lo menos otros dos.
Otro factor es el descuido persistente, es decir, el ir resbalando, resbalando. ¿A qué me refiero con esto? En el capítulo cuarto del libro del Génesis se nos presenta el drama de Caín. Sabemos que Caín se fue llenando de antipatía, incluso de odio y después de odio homicida contra su hermano Abel. Pero antes, antes de que cometiera el crimen, Dios le habló a Caín y le dijo: «El pecado está acechando a tu puerta. Pero no es más fuerte que tú, tú lo puedes dominar». Caín, sin embargo, no hizo caso de esa palabra de Dios, sino que siguió por el camino de su resentimiento, de su envidia y terminó cometiendo el homicidio. Los ejemplos los podríamos contar por decenas. A los pecados graves se llega siempre a través de pecados leves, y nos vamos resbalando, nos vamos dejando caer.
Recuerdo haber leído, me parece mucho que fue del Padre Pío, que decía que al hablar con un sacerdote solo tenía que hacerle una pregunta para conocer el estado de su alma. Y esa pregunta era ¿cómo está tu oración? Porque efectivamente nosotros los sacerdotes, yo diría en todo cristiano, pero, en concreto, en nosotros los sacerdotes, cuando se pierde la oración, empezamos a resbalar y ese resbalar usualmente va llevando a fallas, a incoherencias, a pecados cada vez más graves, cada vez más graves.
Entonces, Judas fue uno que fue resbalando, y se nota eso porque, por ejemplo, cuando aquello del perfume en Betania, Judas comentó: «¿Para qué se desperdició este dinero?» Y el evangelista dice: «No es que le importaran los pobres», porque Judas dijo: «Oh, si hubiera podido hacer una obra para los pobres con eso». No, no le importaban los pobres, era ladrón. Él iba ya sacando dinero, tenía dedos pegajosos y se le quedaba dinero que utilizaba para él, iba resbalando. Nosotros tenemos que defendernos también frente a ese resbaladero hacia la mediocridad y luego los pecados mortales. Y para eso necesitamos del examen de conciencia, y necesitamos del sacramento de la confesión. Necesitamos, si no, no es posible, si no, no se logra.
En tercer lugar, Judas cometió su traición, al parecer, porque quería recuperar la inversión. Esta es una expresión que me parece repugnante, pero por lo mismo, repugnante, quiero usarla aquí. Judas quería recuperar la inversión. Tú recuerdas que en algún momento el apóstol Pedro le pregunta a Cristo cómo iban a recuperar la inversión ellos, los apóstoles. Porque le dice a Cristo, este fue Pedro, le dice a Cristo: «Mira que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?». Y Santiago y Juan también querían recuperar la inversión, por eso querían los primeros puestos cuando Cristo empezara a reinar. Recuperar la inversión, pues la manera de Judas recuperar la inversión, fue preguntando a los enemigos de Cristo, los sumos sacerdotes: «¿Qué me dan ustedes si yo lo entrego?».
Es decir, el esfuerzo, el tiempo, la energía que he gastado, yo la necesito recuperar. Y cuando uno quiere recuperar la inversión, lo que uno le ha invertido a ser cristiano, lo que uno le ha invertido, a ser fiel a Dios, uno termina traicionando a Cristo. Por eso, no hay otra manera de amar en realidad a Cristo, si no es la manera de Santo Tomás de Aquino, cuando Cristo le preguntó: «¿Qué quieres como recompensa? Y Tomás dijo: «Nada, nada. Solo te quiero a ti, Señor», «Non nisi te, Domine». Esa es la frase de Santo Tomás. Y estas son enseñanzas que debemos sacar de la traición de Judas, para nosotros cuidar nuestra vida cristiana, cuidar el tesoro de la amistad con Dios. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|