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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos a la Virgen María que nuestras conciencias despierten para ver las puertas que hemos abierto a las tinieblas y movernos a ser fieles al amor que hemos recibido.
Homilía mcsa024a, predicada en 20200408, con 4 min. y 35 seg. 
Transcripción:
Hay un aspecto muy interesante, doloroso, por supuesto, pero muy interesante de este episodio que nos presenta el Evangelio de hoy, es decir, la traición de Judas Iscariote, uno de los doce, elegido por Cristo. Judas sabía que estaba mal, eso es lo que quiero destacar. Judas sabía que él estaba mal. Por eso, le pregunta a Cristo «¿soy yo?» Y Cristo responde: «Así es». Si le faltaba alguna claridad, ahí la tiene. Es decir, que el pecado ha entrado en tu vida, que le abriste una rendija al diablo, que la noche se ha colado en tu alma, oscureciendo la claridad que Dios te había regalado.
Eso ya no lo puede negar, Judas, es decir, ya tiene esa claridad. Y, sin embargo, teniendo esa claridad, sigue adelante con su plan. Sigue adelante con su plan. Es decir, él presiente y él descubre, y él ahora sabe que está mal, pero sigue adelante y eso precipitará la Pasión de Cristo, Pasión dolorosísima pero redentora, y eso precipitará la ruina de Judas Iscariote, que por todas las indicaciones que nos da el Evangelio, es absolutamente espantosa. Da hasta para temer en la condenación eterna de este hombre. Sin embargo, nosotros no somos nadie para decirlo.
Entonces, mis hermanos, él sabía que estaba mal, pero siguió, y ¿cuál es el propósito de esta sencillísima reflexión? Que nosotros, nosotros por favor, tengamos despierto el oído a esa conciencia que el Señor nos ha regalado. Si el Señor te está mostrando: -Esto va mal. Abriste una puerta a las tinieblas, esto no va bien. Esas advertencias son misericordia suya. Hay una misericordia que es de la que más se habla, la misericordia que se tiene con el pecador, bien que se diga. Hay misericordia de la que también mucho se habla. La misericordia que se tiene con aquel que está en necesidad. Por ejemplo, el hambriento, el enfermo, el sediento, el inmigrante sin techo. Bien que se hable de esa misericordia.
Pero no dejemos de hablar de esta otra misericordia, la misericordia que previene el pecado es misericordia de Dios, que se te despierte la conciencia y que tú digas: -Esto, esto no va bien, esto va mal. Es Dios compadeciéndose de ti, es Dios cuidándote, es Dios abrazándote, es Dios diciéndote vales demasiado, no te expongas. Eso también es misericordia. Y de esa misericordia también hay que hablar, de la misericordia que muestra dónde está el peligro, precisamente para que lo evitemos.
Observemos que María Santísima, en su cántico, proclama la misericordia de Dios, su Salvador. ¿Por qué lo llama su Salvador? Porque la salvó del peligro, es decir, la primera que tiene plena conciencia de esta misericordia preventiva, misericordia preventiva, es María Santísima. Que Ella interceda por nosotros para que despierten nuestras conciencias y podamos ser fieles al amor que hemos recibido, verdaderos testigos del Evangelio en que creemos.

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