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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Vigila cuáles son las cosas que estás tratando de adquirir y tendrás menos riesgo de vender a Cristo, de vender tu fe.
Homilía mcsa021a, predicada en 20180328, con 4 min. y 26 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número 26 de San Mateo y nos presenta el rastro de la traición de Judas. Tal vez lo que más impacta, por lo menos en este momento, a este servidor de ustedes, es eso de ponerse de acuerdo en el precio de Cristo. Se ajustaron los sumos sacerdotes, se ajustaron con Judas Iscariote en 30 monedas.
Podemos suponer la diabólica conversación que precedió a ese acuerdo, podemos imaginar a Judas presentando razones para que le paguen más: -Les voy a quitar un problema de encima, es muy barato, pido 50 monedas o 100, yo no sé cuántas pediría. Y entonces los otros dicen: -Y ¿por qué tanto? Si lo que tú vas a hacer es apenas indicarnos quién es, por ese poquito de información, por eso poco que tú vas a hacer, ¿quieres tanto? ¿Estás loco? 10 monedas te vamos a dar, y considérate afortunado con eso. Y sigue la negociación, sigue, finalmente llegan a un punto medio, 30 monedas. Judas, como un comerciante que es, hace cara de disgusto, hace el típico gesto de, me han cobrado más de lo que era, me han pagado menos de lo que es. Y otro tanto hacen los sumos sacerdotes y entonces, queda sellado el negocio.
¿Cómo podemos aplicar este texto a nuestra vida? Porque evidentemente no se trata simplemente de sacar el dedo o señalar a Judas y decir un maldito, un traidor. Yo por lo menos quiero destacar que toda traición es una venta. Óyeme eso, toda traición es una venta. Y la persona que traiciona su fe, la traiciona para obtener algo. El que oculta su fe, el que oculta que es creyente, por algo lo hace. No se peca en vano, no se peca porque sí. Por algo decía San Agustín: «Solo niega a Dios aquel a quien no le conviene que Dios exista». O sea que detrás de la negación de Dios y detrás de la ingratitud ante Cristo, lo que suele haber es un puñado de monedas, que en nuestro caso puede ser algún tipo de ventaja.
La persona que traiciona su fe, la fe de su infancia por no perder unos amigos, si me presento así demasiado católico, me van a excluir entonces, ¿las monedas ahí, cuáles son? La aceptación de esos amigos. La persona que acepta participar de un negocio sucio, que estampa su firma en un soborno o en una desviación de fondos que iban a aliviar el dolor de los pobres, traición a Dios y a los pobres. Y pone su firma y le cae un poco de dinero, y ese dinero es la explicación. El sacerdote, que tendría que predicar muchas cosas incómodas, pero no las dice por no perder amigos, por no perder seguidores en Twitter, por no perder el aura carismática que tiene y la simpatía que dicen que le acompaña. Cada traición es una venta, vigila entonces cuáles son las cosas que estás tratando de adquirir y tendrás menos riesgo de vender a Cristo por una o por 30 monedas.

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