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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los Cánticos del Siervo de YHWH en Isaías es que nos permiten asomarnos al perfil profundo del corazón de Cristo.
Homilía mcsa017a, predicada en 20150401, con 4 min. y 47 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy, tomada del profeta Isaías en el capítulo 50, corresponde a lo que llamamos el tercer cántico del siervo. Estas composiciones, que he llamado proféticas y poéticas de Isaías, sirven para acercarnos a la persona de Cristo. Algunas personas sienten curiosidad por aspectos bastante externos de Cristo, es natural, somos seres humanos y a veces nos podemos preguntar, cuál era el aspecto exterior de Cristo, cómo era su fisonomía, si de verdad, por ejemplo, como lo representan tantas y tantas pinturas, tenía barba o no llevaba barba. Hay algunos pocos estudiosos que dicen que Cristo no tenía ese aspecto, sino que era más bien lampiño. Si su cabello era largo o corto, si era de una estatura media o quizás un poco superior a la media de aquella época, cuál era el color de sus ojos, cuál era su porte cuando predicaba, qué había en su mirada cuando sanaba a los enfermos. Este tipo de preguntas pueden tener una raíz perfectamente válida, este tipo de preguntas pueden ser la expresión de ese amor que quiere adherirse al Verbo hecho carne.
Pero también esas preguntas nos pueden poner en una ruta que no da mucho fruto, una ruta que finalmente es estéril, porque por el mismo camino uno puede empezar a preguntarse bueno, qué clase de amigos tenía Cristo, tal vez tenía preferencias por un tipo de personas que por otras, cuál sería su comida preferida. Y ya esas cosas, ya esa pista cada vez nos aleja más del verdadero misterio que es corazón de nuestra fe y que es el propósito de los Evangelios. Por eso, estos textos del profeta Isaías, lo mismo que otros pasajes de la Biblia, cumplen una función muy saludable porque nos ayudan a centrarnos, lo fundamental en Cristo es con qué corazón vive, obedece, ama.
Podemos decir que el perfil que genuinamente, el perfil que realmente nos interesa de Cristo no es tanto su perfil físico. Está bien recordar un poco, evocar un poco cómo podría ser Él, pero no es tanto eso. Ni siquiera, ni siquiera es su perfil psicológico, que si Cristo era muy introvertido, muy extrovertido, que si era muy inteligente para algunas cosas o para otras, eso no es lo que nos interesa. Podemos decir que lo que nos interesa de Cristo es el corazón y con la palabra corazón queremos decir, aquello que nos enseñó Juan Pablo II felizmente canonizado, el recinto más íntimo del ser humano, allí donde a resguardo de las demás miradas, encuentra su más plena verdad, allí donde las decisiones surgen, allí donde las conclusiones se sacan, allí donde es posible, el único lugar donde es posible darle de lleno un sí o un no a la voluntad de Dios. Eso es lo que nos interesa.
Y eso es lo que nos está contando Isaías con estos cánticos de los capítulos 42, 49, 50 y luego 52 y 53. Así unidos, esos cánticos de Isaías tienen ese papel de acercarnos al corazón de Cristo, porque ahí es donde aparece, por ejemplo, el oído atento de Cristo, oído que se abre a la voluntad del Padre. Aquí lo llama Isaías oído de iniciado, es decir, oído del que ha entrado en el misterio divino. Y ese oído de Cristo es el que lo pone en plena sintonía con el Padre. Eso es lo que nos interesa, eso es lo que importa para nosotros, porque es ahí también donde está nuestro discipulado. Si a mí me gusta o no me gusta el plato que fuera preferido para Cristo, realmente eso no interesa mayormente. Pero en cambio, que mi corazón aprenda a responderle a Papá Dios en la misma clave y sintonía de Cristo, eso sí importa mucho. Y eso es exactamente, a lo que nos quiere llevar esta serie de lecturas, esta serie de textos de la Semana Santa.

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