|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Quitando mitos sobre la figura de Judas, incluyendo fatalismo y presunta inocencia.
Homilía mcsa015a, predicada en 20140416, con 6 min. y 34 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy nos presenta la siniestra figura de Judas, el traidor. Creo que es una buena ocasión para quitar unos cuantos mitos sobre la figura de Judas. Y quiero referirme concretamente a tres cosas. Primero, aquella idea que presenta Judas como el peor de los pecadores. Segundo, la idea que presenta a Judas como una especie de marioneta de las circunstancias, o como alguien que simplemente estaba cumpliendo con un libreto, algo que ya estaba dispuesto por Dios. Y tercero, algo más chocante aún, la idea que a veces se tiene de Judas como alguien a quien tendríamos que agradecer, porque, al fin y al cabo, por su traición se precipitaron los acontecimientos que llevaron a la Cruz y a nuestra propia salvación.
Miremos con agilidad cada uno de estos mitos ¿es Judas el peor entre los pecadores? Dante presentó a Judas en lo más profundo del infierno, y creo que muchas personas consideran que debe mirarse al traidor como, algo así diríamos, el prototipo del peor de los pecadores. Es verdad que el pecado de Judas es gravísimo, y es verdad que no se trata solamente de una acción. Habíamos encontrado en un texto anterior del Evangelio de Juan que Judas decía mentiras como aquello de que había que vender ese perfume para dar el dinero a los pobres, y eso no correspondía a la realidad de su corazón. Era mentiroso y no solo mentiroso, era ladrón, utilizaba el dinero de todos para su propio provecho. Y además una persona que, llevada en parte por esa codicia, pues obtiene un beneficio directo de la muerte de Cristo.
Todos estos son agravantes muy serios, que hablan de la seriedad también del pecado que cometió Judas. Pero convenzamonos de una cosa, solo Dios sabe qué tan grave es cada pecado. Y, además, tengamos en cuenta que él se dio perfecta cuenta de que estaba cometiendo un error y por eso intentó, de una manera ciertamente desesperada, intentó reparar el mal que había causado, y por eso fue donde los sumos sacerdotes y les dijo: -He cometido un gran pecado. Pero luego viene la desesperación, el olvidarse de la misericordia que Dios le ofrece a través de Cristo. Tal vez el endurecerse en la soberbia, porque con un acto profundo de humildad quizás él hubiera podido buscar un perdón.
Pero es que tampoco sabemos cuál es el desenlace final de su vida, la Iglesia nunca se ha pronunciado en el sentido de decir que Judas efectivamente se condenó. Y yo no creo que sea un sentimiento cristiano desear la condenación ni de Judas ni de nadie. Es decir, que tenemos que quitar esa idea porque no sabemos, simplemente no sabemos cuál es el destino final de él, y no sabemos en la balanza de Dios que es el único juez ¿qué tan grave es lo que finalmente hizo Judas? Nos damos cuenta que hay muchas cosas que no podemos ni debemos repetir, pero tenemos que dejarle el juicio final a Dios. Dios es el único que sabe que tan grave fue al final la vida de Judas y qué pasó con él en la eternidad.
Hay que quitarse la idea de Judas como una especie de marioneta de las circunstancias. Es evidente que Dios conoce el futuro, el futuro de Judas y el futuro mío y el futuro de cada uno de nosotros. Pero como bien explica Santo Tomás, el hecho de que Dios conozca nuestro futuro, no limita nuestra libertad. Porque si Dios, conociendo nuestro futuro, limitará nuestra capacidad de acción para que se cumpliera eso que Él conoce, ahí sí seríamos marionetas, pero ese no es Dios. Y por eso, aunque Dios sepa lo que va a suceder, aunque Dios sepa perfectamente qué es lo que va a suceder, eso no resta libertad a nosotros. Y no se debe hablar entonces de Judas como una persona sin libertad o como simplemente el resultado de unas circunstancias.
Y por esa misma línea, la respuesta a la tercera caricatura de Judas, presentar a Judas como alguien a quien tendríamos que dar las gracias por lo que hizo, eso no es cierto. Dios puede sacar cosas buenas de obras muy malas, pero si eso sucede, si Dios saca bienes de los males, el mérito y el aplauso, lo merece Dios, no lo merece el criminal. Pensemos en una persona que va distraídamente a atravesar una calle y un atracador para robarlo, lo detiene y resulta que si no lo hubiera detenido la persona hubiera seguido derecho y lo hubiera atropellado un carro y hubiera muerto. Pero este atracador no está pensando en salvarle la vida, está pensando en despojarlo de sus bienes, de su dinero, de lo que sea. Entonces, la intención del atracador ha impedido que suceda una cosa espantosa, pero esa intención de él, no va a evitar la muerte de la persona, sino más bien a sacar su propio provecho. Por eso hay que juzgar, como nos enseña Santo Tomás de Aquino, hay que juzgar las obras por la intención y por lo que se hizo y por las circunstancias. Y, en este sentido, todo es gravísimo en torno a Judas, y ahí no hay nada que agradecer por lo que él hizo. Que Dios luego sacó cosas maravillosas, ¡alabado sea Dios! No Judas, alabado Dios.
Quitemos entonces estas falsas imágenes. Y aunque sea tan siniestro el perfil de este personaje, algo nos enseña, de cuántas cosas tenemos que arrepentirnos y con cuánta fidelidad y humildad tenemos que buscar servir a Dios.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|