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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El camino de Judas: (1) No vigilar la casa interior; (2) Pretender servirse de Dios para lograr uno su plan. (3) Dar paso a la codicia oportunista. (4) Exponerse a la tentación.
Homilía mcsa014a, predicada en 20130327, con 21 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, es tan grande el tesoro de la Escritura que nos permite aprender no solamente de las cosas buenas, sino también de las malas. Aprendamos hoy, hermanos, de lo sucedido con la traición de Judas y descubramos en ese hecho tan lamentable una o dos lecciones que puedan servir para nuestra vida.
Lo primero que hay que decir de Judas es que fue elegido como los demás. Fue llamado por Jesucristo, fue amado por Jesucristo. El evangelista Lucas nos dice que Jesús pasó una noche en oración, antes de elegir a los doce. O sea que Judas Iscariote, como los demás, es fruto de la oración de Jesús y del amor de Jesucristo. El número de 12, sabemos que no es una casualidad, 12 es el número de Israel. Eso está indicando que Judas, lo mismo que los otros, fue llamado para servir de cimiento en el nuevo Israel. El primer Israel, el de las 12 tribus, se basaba en la herencia de la carne y la sangre y, por lo tanto, en el deseo natural del hombre hacia la mujer y, por consiguiente, el Israel primero tenía su continuidad en un amor según la carne y la sangre.
En el caso del nuevo Israel, que finalmente somos nosotros, hay un amor distinto que nos ha dado a luz para que pertenezcamos a este pueblo de Dios. Ese amor nuevo es el que brilla, ante todo, en los ojos de Jesucristo, ese amor nuevo es el que está en su corazón. No es el amor del puro deseo, es el amor que proviene del Señor, que proviene del cielo, como dice el evangelista San Juan: «Estos no han nacido de la carne, ni de la sangre, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios». Y Judas fue parte de ese proyecto, fue llamado para eso, fue llamado para ser partícipe de esa nueva fuerza de vida, de ese nuevo Israel.
La Escritura nos cuenta que Jesús envió varias veces a sus apóstoles o a sus apóstoles con otros discípulos para que prepararan camino en las aldeas y lugares a donde Él iba a ir. Jesús en alguna ocasión, dice a los apóstoles que los envía con poder para que curen a los enfermos, para que expulsen a los demonios y para que anuncien que el reino de Dios está cerca. Y esas palabras fueron dichas a todos, así que fueron dichas también a Judas. Óigase esto que es importante, Judas hizo milagros, Judas expulsó demonios, Judas predicó con elocuencia, porque cuando volvieron de esas misiones, la Escritura cuenta que estaban todos contentos y no hace excepción de nadie. O sea que Judas no solamente fue llamado a ese proyecto nuevo, a esa maravillosa presencia del amor divino en el Nuevo Israel, sino que él pudo, de alguna manera, degustar los primeros frutos de ese amor celestial, ese amor que es capaz de echar fuera al demonio, ese amor que es capaz de sanar a los enfermos, ese amor que es presagio de la llegada del Reino.
Todo eso es hermoso, y todo eso sucedió en los apóstoles, y todo eso sucedió también en Judas. Pero algo dentro de él, algo dentro de él, una grieta extraña dejó salir ese líquido precioso. Así como una vasija si tiene su grieta, pierde el líquido que recibe, parece que el corazón de Judas estaba agrietado, y a pesar de que recibía el agua de la vida, a pesar de tener tan cerca a Jesús, a pesar de recibir tanto, tanto amor por esa grieta, se iba perdiendo lo que él recibía. Y este hombre, según la expresión del profeta Jeremías, en vez de convertirse en una fuente, se convirtió en una cisterna agrietada que deja escapar el agua. Seguía escuchando a Cristo, pero las palabras de Cristo y la luz de Cristo y el amor de Cristo se iban por esa grieta, y esa grieta por la que se perdió tanto tesoro finalmente, reclamó hasta la fidelidad misma de este apóstol.
¿Cuál fue esa grieta? ¿Cómo pudo ser posible que este hombre llegara a ese punto de volverse tan indiferente a todo lo que Cristo les daba y, en cambio, empezara a preferir otras cosas? Los datos de la Escritura no nos dan una certeza absoluta, pero hay por lo menos 4 cosas que podemos afirmar. La primera es que todo discípulo de Cristo está bajo asedio, todo creyente tiene que saber que la fe nuestra, es un tesoro que le da muchísima rabia al demonio. El demonio no se va a quedar tranquilo con saber que nosotros somos creyentes, el demonio no se queda ocioso cuando ve que nosotros damos pasos hacia Jesús, porque el demonio considera como presa suya y presa segura al pecador.
Y por eso, nos advierte el apóstol San Pedro que, como león rugiente, el demonio ronda buscando a quién devorar. Y lo mismo que un león u otro animal de presa estudia a su víctima a ver por dónde le ataco, así también el demonio da vueltas en torno a nosotros. Estudia nuestra psicología, mira cuáles son los puntos débiles y encuentra posibles fisuras. Y entonces, lanza el ataque, ahí donde nos siente débiles y todos somos débiles en algo. Algunos, quizás por la soberbia, otros por la ira, otros por la pereza, por la lujuria, otros por la mentira o por la codicia. Entonces, lo primero que hay que hacer al hablar de esta grieta por la que se fueron los tesoros de Cristo del corazón de Judas, lo primero que hay que decir es que la vida cristiana es un tesoro, es preciosa y hay que defenderla, porque la vida cristiana se puede perder, se puede perder el tesoro de la fe.
Uno de los dolores grandes que tuvo mi madre, mujer creyente, convencida de su fe católica, y muy buena amiga de sus amigas, es que después de vieja, como decimos en Colombia, una de las amigas de mi madre resultó con que se iba de la Iglesia Católica porque había encontrado en no sé qué grupo, que ahí sí explicaban la Biblia, que ahí enseñaban. Nadie está seguro, hermanos, esa mujer, esa señora que ya después de vieja se fue de la Iglesia, era una persona ya mayor, como digo, pero nadie está seguro y hay que tener cuidado y hay que saber que el demonio lo estudia a uno y por eso uno también tiene que estudiarse a sí mismo y uno tiene que darse cuenta por donde uno es débil, porque seguramente que por ahí lo van a atacar.
Usted tiene que conocer en dónde están sus debilidades. Si usted ve que su debilidad está en un vicio, por ahí va a venir el ataque seguramente. Si usted es persona con tendencia a la depresión, la anorexia, la melancolía, por ahí le puede venir el ataque. Si usted es una persona impulsiva, si usted es uno de esos que dice: pues yo no me dejo de nadie, por ahí un día lo va a atacar el enemigo para que usted ojalá cometa un crimen y se pudra en la cárcel. Entonces usted tiene que conocerse, es deber del cristiano conocerse y especialmente saber en esa casa interior que es el alma, ¿en dónde están los peligros? Porque por ahí me va a atacar el enemigo.
Segunda cosa que aprendemos de la traición de Judas. El apellido que aparece de Judas, es decir Iscariote, está relacionado con una especie de puñal, una especie de daga, parece que los iscariotes eran los que andaban armados y parece que él pertenecía a una especie de guerrilla de aquella época, esos guerrilleros se llamaban los celosos, los zelotas. Y los zelotas tenían su propia manera de entender el Reino de Dios. Para ellos, la manera de traer el reino de Dios era, sobre todo, derrotando a los romanos, y la mejor estrategia para derrotar a los romanos es la guerra de guerrillas. No lo sabemos con certeza, pero sí parece muy cierto que la idea de reino de Dios que tenía Judas competía con la idea de Reino de Dios que predicaba Cristo. Y mientras que Cristo hablaba del Reino de Dios en términos de la oveja descarriada, y del hijo pródigo, y de la misericordia del Padre Celestial, Judas estaba convencido de que lo que había que hacer era ser contundente, lo que hay que hacer es darles duro, darles duro y por la cabeza a los malditos romanos y verá que se acaba el problema.
Y lo que quiero decir, y este es el segundo punto, es que Judas tenía su propio proyecto y él oía a Cristo, pero el proyecto de Cristo no entraba en la cabeza de Judas, porque Judas estaba lleno de su propio proyecto. Hermanos, no puede hacer la voluntad de Dios el que está lleno de su propia voluntad, el que tiene su propio proyecto, el que quiere salirse con la suya, el que cree que sabe qué es lo que tiene que hacer y cuándo tiene que hacerlo. El que se enamora demasiado de su propia idea, no logra enamorarse lo suficiente de la idea de Dios. Parece que una de las razones más firmes del desencanto que sufrió Judas es que él tenía su idea del Reino de Dios.
Y cuando yo tengo mi idea, mi proyecto y mi voluntad, entonces yo no me acerco a Dios para servir a Dios, sino para servirme de Dios, que son dos cosas totalmente distintas. Una cosa es que yo me acerque a Dios para servirlo a Él, para servir a Dios, y otra cosa es que yo me acerque a Dios para servirme de Dios. Y Judas cayó en esto segundo, Judas vio que Jesús era un gran líder, que Jesús reunía multitudes, que Jesús tenía gran poder de convocatoria y Judas al parecer empezó a ver en esa capacidad de convocatoria de Cristo, una gran oportunidad para llamar a las personas y un día de estos hacer una gran revuelta y caer contra los malditos romanos, y ahí si recuperar la independencia de Israel.
Entonces, primer error de Judas, lo que dijimos de la casa interior. Acuérdese, el que no vigila la casa, se le entran los ladrones. El que no vigila el alma, se la agrieta un día el enemigo. Falta de vigilancia, primer error. Segundo error que hemos mencionado, Judas estaba muy lleno de su propio proyecto, el suyo.
Tercer error de Judas, cuando ya él se ha desencantado de Cantado de Cristo entonces, dice un refrán en Colombia del ahogado el sombrero, cómo no se va a hacer gran cosa con este tipo de Nazaret, con este tal Jesús de Nazaret no va a salir gran cosa entonces, por lo menos, por lo menos yo voy haciendo una platica por ahí, voy haciendo un ahorrito personal. El evangelista San Juan dice que Judas era el tesorero dentro de ese pequeño grupo, esa especie de familia espiritual de Cristo y Judas el tesorero, pues él aprovechaba, él sacaba ahí para sus cositas. Es decir, se le entró la codicia, pero con una versión muy especial que se llama el oportunismo. Se le entró el oportunismo, se le entró la codicia a Judas, ahí está la situación grave.
Primer problema: Falta de vigilancia. Segundo problema, ¿si se aprendió, si se está aprendiendo de los problemas de Judas? ¿Cuál fue el segundo? Ah, no, esta gente está sin voz, Dios mío. ¿Qué fue lo segundo? Él estaba muy lleno de su proyecto, él tenía su idea, y cuando uno está muy enamorado de la idea de uno, y cuando uno quiere sacarlo de una, como sea, uno no se pone al servicio de Dios, sino que uno quiere servirse de Dios. Tercero, se le entró la codicia, el oportunismo.
Y cuarto, que se parece mucho a lo que sucedió en el pecado original cuando la serpiente y Eva, Judas tiene oídos, oídos para el enemigo. «¿Qué me dan ustedes si yo le entrego a Cristo?» oídos para el enemigo. Por ejemplo, tiene oídos para el enemigo, entre nosotros la persona que se mete con el espiritismo. Si una persona que ahora sucede en algunos colegios, que la gente cree que eso es un juego y se ponen a invocar espíritus, eso es un desastre, es un desastre, usted puede arruinar su alma para siempre invocando espíritus, eso es darle oídos al enemigo. Si usted se pone a oír a un predicador protestante que detesta la Iglesia Católica y que le va a explicar a usted por qué la Iglesia Católica es la gran ramera, usted le está dando oídos al enemigo. Si usted se parquea al lado de la tentación a ver si la tentación lo atrae, usted le está dando oídos al enemigo, usted le está dando oportunidad al enemigo. Y eso fue lo que hizo Judas, le dio oportunidad al enemigo.
Entonces, fíjese, falta de vigilancia interior, demasiado enamorado de su propio proyecto, codicioso y dándole oportunidad a la tentación. ¿Cuál de esas cuatro cosas nos pueden pasar a nosotros? Todas, un gran santo que se llamaba Felipe Neri, que vivió en el siglo XVI, italiano él, decía: «Sostenme, Señor, porque si no me sostienes, te traiciono peor que Judas».
Aquí de lo que se trata, no es simplemente de llegar a la conclusión de que Judas era un terrible y perverso hombre, aquí la conclusión que hay que sacar es, que cada uno de nosotros igual puede caer en una de estas, porque nosotros estamos próximos a repetir lo mismo cuando no vigilamos nuestra casa interior, cuando no nos conocemos, estamos a punto de repetir lo mismo. Cuando queremos imponer nuestra voluntad o nuestros planes sin siquiera preguntarle a Dios, ¿es esto lo que tú quieres? Nosotros repetimos lo mismo de Judas, cuando nos volvemos oportunistas y cuando nos fascinan los bienes de esta tierra, y nos volvemos iguales que Judas cuando nos exponemos voluntariamente a la tentación. O sea que tenemos que sacar advertencias claras de este episodio, tenemos que pedir misericordia para nosotros mismos.
Y en cuanto a él, en cuanto a este hombre, pues a pesar de las durísimas palabras que dice la Escritura, no nos compete a nosotros decir qué pasó con él, eso se lo dejamos a Dios. Si Dios encontró en su sabiduría, encontró un camino, encontró una manera desconocida para nosotros, pero una manera de salvarlo como fuera, pues bendito sea Dios. Pero ese tema se lo dejamos a Dios. Nosotros no sabemos eso, ni nos toca resolverlo, lo dejamos en el misterio de Dios que es grande, que es santo, que es justo y compasivo.
Pero, para nosotros las advertencias sí tienen que ser actuales y tenemos que aprender hoy qué es lo que estamos haciendo con nuestra vida cristiana para evitar, hasta donde es posible, a la humana flaqueza, evitar toda ocasión de ofender al Cristo que nos ha amado tanto. Amén.

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