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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Ser un "iniciado," uno "ya formado" en Dios es haber superado la tentación, la indiferencia, la burla y la persecución.
Homilía mcsa013a, predicada en 20130327, con 4 min. y 36 seg. 
Transcripción:
Avanzamos en nuestras catequesis para esta Semana Santa, y ya vamos con el miércoles, el Miércoles Santo. La primera lectura está tomada del capítulo cincuenta del profeta Isaías, no es un número al azar, por supuesto, no es un texto escogido porque sí. Este capítulo 50 de Isaías contiene uno de los cuatro llamados cánticos del siervo de Yahvé. Y esos cánticos son muy importantes en la Semana Santa, porque nos dan un perfil muy cercano, un perfil bastante próximo a lo que significa Mesías, a lo que significa el Ungido, lo que significa también servir a Dios. Y por eso, esos textos tienen un valor permanente para nosotros como cristianos. Porque, ¿quién de nosotros que llame a Dios, Señor, puede excluirse de estos textos donde se habla de qué es servir a Dios? Así que, si llamamos a Dios nuestro Señor, tenemos también que reconocer en esos textos, tenemos que reconocer nuestra vocación cristiana.
Este texto trae una palabra nueva, este tercer cántico del siervo de Yahvé tiene una palabra nueva. Nos habla del iniciado, ¿qué es un iniciado? Pues se puede comprender cuando nosotros miramos lo que son los distintos oficios. Pensemos en lo que es un carpintero, el carpintero primero necesita un periodo de aprendizaje, necesita un entrenamiento inicial. Solamente, cuando ha completado ese entrenamiento, seguramente al lado de otro carpintero experto, entonces ya se puede decir: -Ahora sí se le encomienda un trabajo a él porque sabemos que lo va a hacer bien.
Y, en realidad, los distintos oficios requieren todos de esta especie de entrenamiento, ni siquiera en nuestra época, en que hay tantos estudios profesionales y estudios técnicos y estudios universitarios, ni siquiera en nuestra época puede una persona sustraerse de ese entrenamiento práctico, de ese aprendizaje sobre el terreno. Por ejemplo, fíjate que a los médicos les dan también un tiempo que se llama de internado o dicen que están rotando por distintos hospitales y tienen que hacer unas prácticas. Y dentro de esas prácticas pues, llevan a lo concreto todo aquello que antes veían de una manera más teórica en sus clases en la universidad. Entonces, pues ahí se ve cómo se necesita ese entrenamiento. La persona que ya ha tenido ese entrenamiento, la que ya conoce cómo son las cosas, esa es la que podemos llamar un iniciado. Ese ya hizo su entrenamiento básico.
Y esa palabra entonces, es la que describe al siervo de Yahvé, él es el Iniciado, él es el que ya se ha entrenado en las cosas de Dios. Y la novedad que trae el texto de hoy es, que entrenarse en las cosas de Dios es haber pasado por la tentación, por la persecución, por la prueba, por la dificultad, por el dolor. Aquél que ha pasado por fuego y por agua, como dice el Salmo, aquel que ha pasado por dificultades, aquel que ha sentido alguna vez que su oración no es escuchada, aquel que ha tenido que soportar indiferencia o burla, ese que ha pasado por esas pruebas y permanece firme, ese es el iniciado.
Eso es ser verdaderamente siervo de Dios, y solamente el que ha pasado por esas dificultades, tiene también la capacidad de ayudar a otros. Como dice el apóstol San Pablo: «Bendito sea Dios de todo consuelo que nos permite consolar a otros con el consuelo que hemos recibido de Dios». ¡Qué hermoso, qué hermoso eso! Qué hermoso darnos cuenta que a través de las dificultades no estamos disminuyendo, sino creciendo y que, en las pruebas, más que buscar una derrota, lo que estamos buscando es la firmeza, el afianzarse de nuestra verdadera victoria, así lo conceda Dios. Amén.

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