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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Isaías: profeta y poeta.
Homilía mcsa005a, predicada en 20010411, con 6 min. y 31 seg. 
Transcripción:
En el capítulo 50 de Isaías aparece uno de los llamados cánticos del siervo de Dios. Isaías fue un poeta, fue profeta y fue poeta. Profeta porque él estaba muy unido a Dios y tenía, por decirlo así, como la mirada de Dios, él sabía mirar las cosas con los ojos de Dios. Pero era también poeta porque Dios le había concedido hablar con esa hermosura, con esa belleza, con esa profundidad que solo tienen los poetas. No se le olvide, Isaías fue profeta y poeta. Isaías tiene un libro muy largo, el libro que lleva su nombre en la Biblia y que tiene más de 70 capítulos, es un libro largo.
En todos esos capítulos hay unas poesías que se llaman: los cánticos del siervo. En esas poesías, Isaías nos muestra qué significa ser un servidor de Dios, quién es un verdadero siervo de Dios. Por ejemplo, hoy estamos oyendo la tercera de esas poesías, porque el lunes salió una, el martes otra y hoy la tercera. Es un lenguaje muy profundo, como he dicho, y muy hermoso, y no lo vamos a alcanzar a explicar todo en este momento. Uno lo que hace es como tomar un pedacito para que todos lo disfrutemos y lo aprovechemos. Dice aquí: «Mi señor me ha dado una lengua de iniciado para saber decir al abatido una palabra de aliento». Esta es una de las características del siervo de Dios, puede decir al abatido una palabra de aliento.
Un iniciado, ¿qué es? Es la persona que ha entrado, podemos decir, que ha entrado en el misterio de Dios, aunque sea un poquito. Lo contrario de iniciado es el que es novicio, el que no sabe, el que es un principiante. Lo que está diciendo el siervo de Dios aquí es: Yo ya no soy un principiante, yo soy un iniciado, es decir, yo tengo una experiencia de Dios, yo tengo un camino, yo me he metido en Dios. Ese es el iniciado, el que ya no es principiante y se ha metido en Dios. ¿Para qué, para gozar y disfrutar él solo? No, si Dios tiene un plan de amor, de misericordia, de salvación para todos, especialmente para los más débiles, para los más cansados, para los más tristes, para los más enfermos, para los más pecadores, porque a esos, sobre todo, Dios los busca. Entonces, el que es amigo de Dios tiene también que tener una palabra para esos. El siervo de Dios es alguien que conoce de Dios y que sirve al hermano. Esa es la enseñanza que yo quiero que nos quede en este día.
¿Qué es un siervo de Dios? Es el que conoce de Dios y también atiende, sirve, consuela, aconseja, ayuda al necesitado. Saber de Dios y ayudar al necesitado. Y este es el resumen de la vida de Cristo, y este es el resumen de la Semana Santa. Eso, lo que nosotros encontramos en Cristo es alguien que conoce verdaderamente. Dice el evangelio de Juan: «A Dios nadie lo ha visto». Cristo, que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer. Cristo es el gran Iniciado, porque Cristo es el que está verdaderamente adentro del misterio, ese es el que verdaderamente conoce el misterio de Dios. Pero Cristo es también el verdadero siervo de Dios, porque es el que sabe decirle al abatido la palabra de aliento, es el que sabe acercarse al más necesitado, al más pequeño, al más pobre y darle esa palabra, darle ese consuelo, darle esa ayuda. Esa fue la vida de Cristo. Vivir, vivir en Dios y vivir para el hermano, ahí está, ese es Cristo.
Vivir en Dios y vivir para el hermano. A ver, que nos quede esta enseñanza, vamos a repetirla: Vivir en Dios, vivir para el hermano. ¿Cómo es? Esa fue la vida de Cristo, y esa es también la vida nuestra. ¿Quién nos contó esto?, nos contó Isaías. Isaías ¿era qué? Dos cosas, profeta y poeta. Eso fue lo que aprendimos en este día. Vamos a seguir nuestra celebración. Que Cristo, que ya nos alimentó con su Palabra, nos alimente con su cuerpo y con su sangre.

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