Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

“Dios me ama, Dios me está amando”.

Homilía mcsa004a, predicada en 20010411, con 17 min. y 11 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Estamos en el camino de la Semana Santa, lo llamo camino porque cada día tiene su propio significado, cada día tiene algo que aportarnos, algo que darnos. En la Semana Santa vamos a encontrarnos con el amor de Dios, la Semana Santa es un encuentro con el amor. Dice el Señor Jesús: «No hay amor más grande que dar la vida por los amigos». Y precisamente eso es lo que hizo el mismo Cristo, dar la vida por los amigos. Vamos a encontrarnos con ese amor inmenso de Cristo, eso es lo que vamos a hacer en la Semana Santa. Y también, el evangelista San Juan nos dice que: «Cristo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». Y ahí vemos cómo el máximo de amor, el amor más grande de todos, es el que vamos a encontrar en estas celebraciones de la Semana Santa. Solo desde ahí, desde la experiencia del amor, desde la verdad, del amor, es comprensible el poder y la misericordia con que Cristo atiende a sus pobres, a sus enfermos y a sus pecadores.

Encontrarse con el amor de Dios, es encontrarse uno mismo como un pobre, como un enfermo y como un pecador. Pero es encontrar a Dios, que más allá de mi pobreza, más allá de mi enfermedad, más allá de mi pecado, me ama, me sigue amando, me está amando. Dios me ama, Dios me está amando. Esa es la enseñanza fundamental de la Semana Santa, Dios me ama, Dios me está amando. Así era como Cristo curaba a los enfermos, así. Porque cuando una persona siente, Dios me está amando, siente también como Dios, con la potencia de ese amor, rompe las cadenas, vence las dolencias.

El amor crea, Dios no estaba obligado por nada ni por nadie a crearnos. ¿Por qué nos creó? Porque nos amó. El amor es la única razón de la creación, nos creó porque nos amó. Por eso, cuando yo siento el amor de Dios, siento el poder creador de Dios. El amor de Dios es el poder creador de Dios. Si yo siento el amor de Dios, siento que Dios me crea, me hace, me reconstruye, me sana. Siento que Dios me edifica, me levanta. Así curaba a los enfermos Jesucristo. Cristo, no es que tuviera magia, un poder magnético en sus manos, Cristo no tenía ningún poder magnético raro en sus manos, Cristo no tenía ningún poder extraño en su mente, en su cerebro.

Cristo lo que sí tenía es el amor. Cristo convencía a la gente de una verdad, la más importante de todas, Dios te ama, Dios te está amando. La Palabra de Cristo, la mirada de Cristo, la paciencia de Cristo, la oración de Cristo, logran que cada uno de nosotros sienta, Dios me ama, Dios me está amando, Dios me está amando. Y cuando el enfermo siente, Dios me ama, Dios me está amando, siente, Dios me está creando, Dios me está reconstruyendo, Dios me está haciendo, Dios en este momento me ama, me crea, me construye, me levanta. Así sanaba Jesucristo. No es un poder magnético, no es un poder mágico, no es una fuerza extraña, es la unión del enfermito con el poder creador del amor.

Pero hay un obstáculo, ese obstáculo se llama el pecado. Mi pecado me hace sentir lejos de Dios, mis pecados me hacen sentir lejos de Dios, mis pecados me hacen pensar: Dios amará a los buenos, pero yo he sido malo. Dios seguramente ama a la gente que se porta bien, y yo me he portado mal. Dios seguramente ama a los humildes, y yo he sido muy soberbio. Dios ama a los puros de corazón, y yo he sido impuro. Dios con toda seguridad ama la inocencia, y yo soy un culpable. ¿Cómo me va a amar Dios a mí, si yo soy un pecador, si yo he hecho lo contrario de lo que a Él le gusta? A Él le gusta la verdad, y yo he dicho mentiras. A Él le gusta la paz, y yo he sido grosero, he sido vengativo, he sido agresivo, he sido cruel, ¿cómo me va a amar Dios? Seguramente piensa uno, seguramente Dios ni se acuerda de mí, tal vez, yo no soy de los suyos.

Pero Cristo nuestro Señor, viene a nuestra vida a quitar esa idea. Por eso hemos leído el evangelio de hoy, por eso hemos tomado este texto de la Palabra que nos contó el Evangelio que Judas traicionó a Jesucristo. Judas Iscariote traicionó a Jesús. Por culpa de Judas, por culpa de la traición de Judas, Jesús fue apresado, fue torturado, fue condenado a muerte, fue azotado, fue humillado, fue crucificado, murió en la cruz. Judas obró como un verdadero enemigo de Cristo, el pecado de Judas es terrible. Judas obró como un enemigo, enemigo del Señor. Judas le hizo el mal a quien le había hecho bien. Judas pecó, el pecado de Judas fue terrible. Y ¿qué encontramos, Cristo dejó de amarlo, Cristo dejó de amarlo? No. No hay en Cristo una palabra de venganza, ni una palabra de odio, ni una palabra de desquite. Cristo siguió amando, Cristo solo sabe amar. Cristo amó al que le estaba odiando. Cristo ofreció su amistad al que era su enemigo. Cristo siguió dando amor al que le estaba traicionando, al que pecaba. Cristo muestra, Cristo muestra, muy claramente, que el amor es su único mensaje. De manera que si nosotros sentimos: Dios ya no me va a amar porque yo he pecado, ahí está Cristo mostrándonos en el Evangelio de hoy: -Yo amo al pecador. Tú has pecado, es cierto, tu pecado es horrible, es cierto, pero Yo amo a quien peca, Yo amo al pecador. El pecado no destruye mi amor.

Por eso también nosotros, los que hemos cometido pecado, porque todos somos pecadores, también nosotros tenemos que decir: -Dios me ama, Dios me está amando. Y si es verdad que soy un pecador, también es verdad que el amor de Cristo no se detiene porque yo sea un pecador. Cristo no deja de amarme porque yo sea un pecador. Cristo quiere darme su amor, aunque yo sea un pecador, y precisamente con su amor voy a recibir conversión, voy a recibir sanación, voy a recibir reconciliación, voy a recibir reconstrucción, Dios me va a reconstruir. Porque nada puede detener al amor de Dios, ni siquiera el pecado, ni siquiera mis pecados pueden detener al amor de Dios.

Claro que Dios no quiere que yo siga pecando, Dios quiere darme su amor para que mi corazón se convierta y yo no siga pecando. Cristo no quiere al pecado, pero Cristo sí quiere al pecador. Cristo quiere quitar de mí, mi pecado, quiere liberarme de mi pecado. Cristo quiere que yo me convierta, Cristo quiere que yo vuelva a su amor. Y yo confío en Jesucristo, yo creo en ti Señor Jesús. Yo creo en ti. Yo sé, Jesús, que Tú has venido por nosotros, los pobres, los enfermos, los pecadores. Yo creo, Jesús, que tú has venido por mí. Yo creo que Dios me ama. Yo creo que Dios me está amando, creo, creo en Jesús.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM