|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Quién es un verdadero amigo?
Homilía mcsa002a, predicada en 19970326, con 16 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Hermanos, las lecturas que hemos escuchado y en general las lecturas de la Semana Santa parecen como bastante tristes. Algunas personas piensan que la Semana Santa es un tiempo triste, porque precisamente lo que se cuenta es la tristeza de la muerte de Jesucristo. Y para muchos cristianos, la Semana Santa termina con la cruz, con el fracaso de la cruz, hasta ahí llega la Semana Santa. Son cristianos que llamamos de Viernes Santo, llegan hasta el Viernes Santo, llegan hasta los latigazos, hasta la corona de espinas, hasta la cruz, y ahí se quedan. Y por eso, le han tomado pereza a la Semana Santa, y por eso hay algunos cristianos que se que se han alejado de la celebración religiosa y entonces prefieren que este sea, simplemente, un tiempo de vacaciones.
El Evangelio que hemos escuchado, por ejemplo, pues es como poco alentador, es un evangelio como sombrío. Pero resulta que la palabra evangelio significa buena noticia y uno dice bueno, pero dónde estará la buena noticia en esa tradición tan terrible de Judas, y en esa angustia que ya sentimos que tiene el Corazón de Cristo, en donde empieza la Buena Noticia ahí. Es lo mismo que también sentimos nosotros cuando padecemos enfermedad física o psicológica o espiritual, ¿qué puede tener de bueno este dolor, esta soledad, esta enfermedad que yo estoy padeciendo? La primera lectura nos relata, en el profeta Isaías, el doloroso sufrimiento de ese hombre, de ese siervo de Yahvé, que es ofendido, que es vituperado, que es insultado. Y aquí vuelve uno a preguntarse, Bueno, pero eso ¿qué tendrá de buena noticia, por qué se lee en esas lecturas, en dónde está la alegría de nuestra fe y de nuestra Pascua?
Queridos hermanos, se necesita mirar con un poco más de atención, pero yo quiero decir que esas lecturas, así nos parezca extrañas, son una buena noticia, es más, son una gran noticia, una gran noticia y una hermosa noticia, y a esa noticia hemos venido para escucharla y para recibirla. Les voy a dar un ejemplo, con la ayuda de Dios, dos amigos tenían una tienda, tenían un pequeño negocito. Y resulta que uno de ellos empezó a robarse la platica, se hacía el avispado, iba sacando por la derecha, no registraba bien las cuentas, iba sacando plata y plata y plata y más platica y más platica. Y el otro, preocupado, le decía: -Oiga, qué sucederá en esta tienda que yo veo que vendemos, que hay ventas, pero yo no veo que aparezcan las ganancias, y el ladrón se hacía el loco, como decimos, y decía yo no sé, quién sabe qué estará pasando. Y esto sucedió no un año, ni dos años, ni tres años, sino cinco años. Cinco años donde uno de los socios estuvo robando la platica y el otro pasaba necesidad y había veces que no tenía ni con qué pagarle el colegio a los hijos y la esposa se le enfermó y no tenía cómo pagar la medicina y la tienda que no daba plata. Y claro que no daba plata porque el socio se la estaba robando, era un ladrón.
Un día, un día, resulta que se ponen a hacer las cuentas despacito y las cuentas no cuadraban porque es que estos dos socios eran muy amigos y el ladrón se estaba aprovechando de que eran muy amigos, precisamente para robarle la plata al amigo, para robarle a su propio amigo. Y el otro, como era amigo, decía: -Pues yo no tengo que estar revisando mucho porque si es mi amigo no me va a robar, pero si lo estaba robando. Un día este señor, desesperado por la falta de plata, por la falta de dinero, se pone a mirar despacito las cuentas y entonces se empieza a dar cuenta él, de que su amigo de toda la vida llevaba mucho tiempo robándolo y entonces sacó los libros de contabilidad de los años pasados y empezó a mirar y a mirar, y vio que cuando hacían una compra por $100.000 COP, el otro registraba la compra por $200.000 y se cargaba con ese dinero.
Y la noticia se supo en el barrio, que los dos grandes amigos tenían ese problema porque fulanito le estaba robando la plata a mengano, y ese era un barrio muy violento, un barrio donde había muerte a cada rato, un barrio donde la gente andaba con puñaleta, con revólver, donde la gente andaba armada. Cuando en el barrio se supo que ese amigo estaba robando al otro amigo, ¿qué dijo la gente? Dijo que iba a haber muerto seguro. Aquí hay muerto seguro, verán que un día te van a agarrar, y seguro que eso termina con uno de los dos muertos. Y estaban en esa historia, cuando un día, delante de mucha gente, se encuentran los dos. Y el que robaba y el que era robado, estaban ahí el uno frente al otro, y el que había sido robado le dice al otro: -Tú eras mi amigo, pero me has robado y no me has robado ni un mes, ni dos meses, ni un año, ni dos años. Llevas cinco años robándome y yo he tenido que pasar mucha hambre y mucha necesidad. Y eso es injusto porque tú sabías que yo estaba pasando necesidad y tú te seguías cargando con la plata, seguramente para emborracharte y para andar con esas malas amistades con las que tu vives.
Y la gente miraba la discusión de los dos amigos y ¿qué pensaba la gente? Aquí va a haber muerte, aquí va a haber muerte, ahorita se van a agarrar a golpes, botellazo va, botellazo viene, machete va machete viene, un par de tiros y se acabó este asunto, y se murió el hombre. Eso era lo que todo el mundo estaba esperando. Pero este amigo, el que había sido robado, con el rostro congestionado de rabia, le dice al otro: -Tú me has robado. Tú me has robado mucho, me has quitado mi dinero. Pero yo quiero decirte algo, en ese momento todo el mundo estaba esperando que sacara su machete y le acomodara. Pero no fue eso lo que sucedió, eso no fue lo que sucedió. El hombre le dice: -Yo quiero decirte algo. Si estás dispuesto, arreglemos las cuentas y sigamos siendo amigos. Y ahí sí la gente se quedó con la boca abierta porque todo el mundo estaba esperando que lo iba a agarrar a golpes, que lo iba a traicionar, que lo iba a matar a traición. Y lo que le dice es: -Yo estoy dispuesto a perdonarte, estoy dispuesto a que arreglemos las cuentas. Y te digo más, yo quiero que sigamos siendo amigos.
Esa es la historia de Jesucristo, esa es la maravillosa historia de Jesucristo. Cristo no es ningún tonto, Cristo se ha dado cuenta de todas y cada una de las cosas que nosotros hemos hecho. Cristo sabe quién es cada uno de nosotros, porque uno puede engañar a las otras personas, pero a Dios, a Dios nadie lo engaña. Cristo sabe quiénes somos nosotros. Cristo sabe, Cristo conoce nuestros corazones y Cristo sabe que hemos sido seguramente mentirosos, supersticiosos, idólatras, adúlteros, avaros. Cristo conoce nuestras infidelidades, Él sabe. Pero si Cristo viene en esta Semana Santa, y si Cristo viene y nos recuerda nuestros pecados, y si Cristo nos dice en la cruz: Mira todo lo que me has hecho sufrir, no es para sacar un machete y acabarnos, ni es para sacar un revólver, dispararnos. Cristo, como el buen amigo de la historia que les acabo de contar, nos llama a cuentas, nos hace entrar en razón, nos quita la venda de los ojos y nos dice: Yo sé que tú me has robado. Yo sé que tú me has herido, yo sé que tú eres un desagradecido conmigo y tú no tienes idea de todo el amor que yo te he tenido. Yo sé quién eres tú, pero quiero que sepas que hoy estoy dispuesto a perdonarte, que hoy estoy dispuesto a sufrir por ti, y que, si tuviera que volver a morir, volvería a morir por ti, porque te amo. Ese es Jesucristo.
Entonces, ¿cuál es la buena noticia en la Semana Santa, cuál es la buena noticia en estas lecturas? La buena noticia no fue que le diera un palo y rejo a Cristo, la buena noticia no es que le pusieron una corona de espinas y lo condenaron a muerte, siendo inocente, esa no es la buena noticia. La buena noticia no es que echó sangre y que murió asfixiado, desnudo y humillado delante de su Santísima Madre, ante la indiferencia de un puñado de soldados, esa no es la buena noticia.
La buena noticia es que todo eso lo hizo y lo padeció por amor. Y la gran noticia es que desde esa cruz nos está diciendo: Te conozco, sé quién eres, te acepto, te amo y estoy dispuesto a sufrir así por ti, con tal de que tu vida se sane, con tal de que tu vida se restablezca. Ese es el inmenso amor de Cristo. Y, desde luego, que es mayor amor y es mejor amigo el que sabe perdonar la ofensa que el amigo que no es capaz de perdonar nada. Porque después de 5 años de estar robando al socio en la tienda, el otro le dice: -Estoy dispuesto a perdonarte. Y el que había sido ladrón, que ya temblaba de miedo, que temblaba como una gallina porque sabía que lo iban a matar, de pronto escucha que su amigo de siempre, al que ha traicionado, le dice: -Yo te perdono. Y esas palabras le conmueven el corazón, y entonces suelta el llanto, ya no de tristeza, sino de alegría, y le da un abrazo a su amigo y le dice: -Ahora entiendo que tú eres más amigo que todos mis amigos, porque, aunque yo te fallé, aunque yo te maltraté, aunque yo te traicioné, tú tuviste el coraje y el amor de perdonarme. Y por eso entiendo que tú eres mi verdadero, tú eres mi gran amigo.
Ese es el abrazo que todos y cada uno de nosotros estamos llamados a dar y a recibir de Jesucristo. Este es el abrazo. Es el momento de volvernos a Él y decirle: -Sí, tú me conoces, Señor, Tú sabes qué te he dicho, Tú sabes que te he robado el amor, el honor y la gloria que tú te mereces. Tú sabes que muchas veces he roto el pacto contigo, he sido un amigo traidor. Pero tus heridas, tu paciencia, tu sangre y tu santísimo amor me están enseñando que Tú estás dispuesto a recibirme. Y por ello, Señor, por eso yo quiero también recibirte, yo quiero acogerte, yo quiero decirte, Dios mío, que Tú eres mi verdadero amigo, que en ti puedo confiar.
Y vienen aquí a mi mente aquellas palabras del Apóstol San Pablo, palabras para consolar al más grande de los pecadores que hay aquí, quizás sea yo, palabras para animar al más grande de los criminales que haya en esta iglesia, palabras para darle consuelo al más enfermo de los enfermos que se encuentre aquí. Mira lo que nos dice San Pablo: «El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, es decir, el Padre celestial que nos dio a su Hijo, cómo no nos dará con Él todas las cosas». El que te dio a Cristo hasta el extremo de la sangre de la cruz, de los clavos, de las espinas y de la muerte, El que te dio a Cristo así, cómo no te va a dar lo que tú necesitas. En Él en ese amor está todo lo que puede pedir el corazón humano. En Él está toda la salud, toda la reconciliación, en Él está toda la bendición, en Él está todo el amor que puede sanar nuestro corazón.
Y por eso, nos acercamos en esta celebración y en toda la Semana Santa, nos vamos a acercar a Cristo Jesús y le vamos a decir: -Tú eres mi verdadero amigo, porque tú has pasado por la prueba más dura que es la de ser traicionado, y yo te he traicionado, Señor, y yo he roto el pacto que había en nuestra amistad, y tú, sin embargo, me sigues amando. Por eso sé que tu amor es inmenso. Y por eso, Señor, yo creo en las palabras de San Pablo, y yo creo que si el Padre Celestial, si el Padre Dios dio como regalo su Santísima Pasión para perdón de mis pecados, yo sé que en ti Jesucristo, está todo el amor, toda la salud, todo el perdón, toda la reconciliación, porque Tú eres mi verdadero y gran amigo, porque en ti podré confiar un día y otro día y otro día.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|