Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús se despide de sus amigos y es ungido para la sepultura.

Homilía lsan028a, predicada en 20260330, con 12 min. y 26 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos. Esta familia de tres hermanos fue muy cercana, muy cercana a Jesús. Podemos decir que eran sus amigos y la casa de ellos que quedaba en una población llamada Betania, era la casa de los amigos. Fue una casa donde Jesús recibió cariño. Una casa donde Él llegaba y se sentía amado, bien recibido.

Al comienzo del Evangelio que se ha proclamado, hemos dicho que Jesús fue a ese lugar pocos días antes de la Pascua. Cuando uno sabe lo que va a suceder después, resulta muy conmovedora esta escena, porque entonces entendemos que Jesús fue a esa casa a despedirse. Podemos decir que fue la última vez que Él recibió cariño. Porque lo que venía de ahí en adelante era lo que nosotros sabemos. Venían los golpes, los insultos, la dureza, los azotes, los clavos. Jesús fue a despedirse de sus amigos. Jesús sabía que no los iba a volver a ver. Y si tú sigues el relato del Evangelio, te das cuenta que después de este encuentro ya no los volvió a ver.

Ese es el primer aspecto que quiero destacar, porque ese es el sacrificio de Jesús, o mejor, el comienzo de sus sacrificios. Él sabía lo que estaba pasando y al despedirse de ese lugar que después de la casa de Nazaret fue la única casa que lo recibió con amor, Jesús estaba soltando el último abrazo que podía recibir en esta tierra. Una mujer llamada María. María de Betania, le solemos llamar. Tomó el perfume más costoso que tenía.

Me puse a hacer las cuentas de cuánto eran trescientos denarios. Resumiendo, trescientos denarios es lo que un trabajador ganaba en todo un año. Como tenemos aquí personas que vienen de distintos lugares del mundo. Haz las cuentas en tu propia moneda. En soles o en pesos mexicanos, o en dólares canadienses, o en pesos colombianos o en dólares estadounidenses. Piensa cuánto dinero haces tú en un año. Eso fue lo que María sacrificó.

Y yo quiero que nos fijemos en el gesto de amor de ella. Por tres razones. Primero, por el costo que eso le impactó a Judas. Judas lo que vio fue un desperdicio. Mire todo ese dinero que se está desperdiciando. El costo. Segundo, era uno de los perfumes más finos de la época y podemos suponer que era el perfume más fino que tenía esa mujer. Ella sacrificó su perfume más fino. Como tenemos en esta asamblea un buen número de mujeres que saben lo que significa tener perfumes especiales. Imagínate lo que es sacrificar tu mejor perfume. Pero es que además, ¿para quién se pone bonita y agradable una mujer? Pues para aquella persona a la que quiere agradar, aquella persona a la que ama. María de Betania estaba sacrificando un año de trabajo, su mejor perfume y estaba declarando que Jesús era el amor más grande que había llegado a su vida. El amor más grande. Que ningún otro se lo merecía. Nadie más se merece mi perfume. Nadie más se merece mi dinero.

Entonces aprendamos de ella. Aprendamos de esta mujer. ¿Para quién estás reservando tu perfume más fino? ¿Para quién está reservando tu dinero? ¿Para quién estás reservando tu amor? sobre todo. Aprendamos de ella. Ella entregó su mejor perfume, su mayor dinero, el todo de su amor a Jesús. Judas no entendía nada.

Escuchaba a un predicador y esto se lo compartí a Lina. Escuchaba un predicador que decía Judas estaba muy ocupado haciendo cuentas, sumando, multiplicando. Y por supuesto, sacando su comisión, lo que le iba a quedar a él. Y estando en esas sumas y en esas cuentas no se enteraba de lo que estaba sucediendo, no se enteraba de que Jesús estaba en un momento tan sensible, tan difícil. No se enteraba del amor que había en ella. Estaba ciego. Él estaba ciego. Estaba ciego porque estaba haciendo cuentas. Y ahí es donde yo quiero terminar esta reflexión. ¿Hasta cuándo estaremos haciendo cuentas?

Hay un santo que cada año lo amo más. San Juan de la Cruz. San Juan de la Cruz cuando era un jovencito como de tu edad. Él descubrió algo fundamental y es que con Dios el lenguaje de las cuentas, no funciona. San Juan de la Cruz siendo un jovencito, descubrió la matemática de Dios. Y la matemática de Dios no es yo invierto tres y sacó cinco. Yo invierto cien millones y obtengo doscientos. La matemática de Dios es lo entrego todo y gano todo. María de Betania se quedó sin perfume. María de Betania se quedó sin nada. Entregó todo. Se quedó sin nada. Lo ganó todo. Eso descubrió San Juan de la Cruz. Ese es el lenguaje de Dios. Cuando llegue el momento en esta Santa Misa, aquí va a suceder eso. La consagración es así. Es todo Cristo. Ahí no está una parte de Cristo, no está un pedazo de Cristo y tampoco está Cristo por un tiempo. Está todo Él, porque ese es el lenguaje que Dios maneja. Él se entrega todo a nosotros que somos indignos. Se entrega todo. Ese es el lenguaje de Él.

Y nosotros, para entrar en ese lenguaje necesitamos toda una conversión que la hemos predicado varias veces. Es salir de la lógica de la transacción. Que hoy la podemos llamar y esto le va a impactar a amigos de familia espiritual. Es la lógica de Judas, la lógica de la transacción. Invierto tres sacos cientos espere, yo ahí sumo más la porción mía, más lo que a mí me queda. No entiendes nada.Para entenderlo, Él es lo que dijo el Evangelio de Juan en otro capítulo. Nos amó hasta el extremo. O como dice San Pablo en los Gálatas. Me amó y se entregó por mí.

El día que una persona dice, me amó y se entregó por mí, el día que empieza a entrar en la matemática de Dios, ese día las cosas cambian y lo que parecía imposible se vuelve posible. Eso es lo que puede suceder esta Semana Santa, si tú lo permites. Si tú haces cuentas, si tú te pones a sumar. Pierdes. Podría dar tantos ejemplos, pero solo voy a recordar uno. Esa escena en que Cristo le reventó la matemática a Pedro. Pedro estaba haciendo sus cuentas. Ya he perdonado seis me va a tocar perdonar siete, hasta siete veces. Cristo le reventó la matemática y le dijo hasta setenta veces siete. Que era una manera de decirle no ha entendido nada, Pedro.

Dejemos hoy que Cristo nos reviente la matemática. Dejemos hoy que Cristo nos lleve a esa lógica, que es la lógica del todo y del nada, de no reservarse nada para recibir el todo. Ese es el tipo de lenguaje que utiliza San Juan de la Cruz, un lenguaje místico. Seguimos la Santa Misa, seguimos suplicando, seguimos orando por nuestra conversión. A eso vinimos. Seguimos encontrando en el Señor siempre ese lenguaje que está más allá, pero que al mismo tiempo y de un modo incomprensible, está también dentro de nosotros. Porque cuando amamos hablamos así. Usted mire las personas que se aman, qué clase de cosas se dicen te quiero para siempre, eres mi cielo, eres mi vida. Utilizan ese lenguaje y ese lenguaje es el que Dios quiere usar con nosotros.

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