Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios es Señor. ¿Somos verdaderos servidores suyos?

Homilía lsan021a, predicada en 20200406, con 24 min. y 53 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Mis queridos hermanos, la primera síntesis de la fe cristiana la encontramos en estas palabras Jesús es el Señor. Puede decirse que el primer credo que tuvimos los cristianos fue esa simple afirmación Jesucristo es el Señor. Proclamar a Cristo como Señor es proclamarlo superior a todos los poderes de este mundo. Que si algún señorío tuvieron o tienen, queda superado por Jesucristo.

Si el Señor de mi vida ha sido el dinero. Por ejemplo, cuando yo me vuelvo cristiano, es ahora Cristo el que manda en mi vida por encima del poder que tenía el dinero. Si en alguna época yo vivía con temor, con encogimiento, con complejo, y eso era lo que dominaba mi vida. Recibir a Cristo como Señor quiere decir que ahora es Cristo el que ha tomado el timón de mi vida y que yo ya soy libre de ese miedo que me dominaba, de ese complejo que durante tantos años tuvo poder sobre mí. Un último ejemplo si soy una persona que sufrió mucho y por consiguiente me siento resentido contra la vida o resentido, por ejemplo, contra alguien. Ese resentimiento está gobernando mi tiempo, mis sentimientos y mi salud incluso. Hay gente que se enferma por esa acumulación de resentimientos. Pues bien, si antes el resentimiento, si el odio o la venganza tuvieron poder en mí ahora es Jesús el que tiene poder por encima de cualquier otro Señor.Él es el Señor y por eso lo llamamos. Él es el Señor de señores. Esta es la primera y fundamental profesión de fe. Para nosotros, cristianos.

Pero ahora demos otro paso. Si Él es el Señor, entonces nosotros ¿qué venimos siendo? ¿qué es lo que nos corresponde ser a nosotros? Y la respuesta es ¿qué es lo que tiene un señor? Pues lo que tiene son siervos, servidores, por supuesto. Cristo nos revela también que Dios es Padre y un Padre tiene hijos. Y Cristo nos revela también que Él es pastor y un pastor tiene ovejas. Y Cristo nos revela que Él es nuestro amigo y que nos llama amigos. Y entonces un amigo tiene amigos. No hay una sola palabra que condense todo el misterio. Pero hoy estamos reflexionando sobre esta palabra, Señor, que es muy importante, porque es una palabra que trae liberación al corazón. Entonces vuelvo a mi punto.

Si Cristo es el Señor, nosotros somos sus siervos y por eso ser cristiano. Quiero decir con esta palabra ser católico. Porque si uno se llama cristiano y está negando la Eucaristía y está negando la presencia de Cristo en el Santísimo, y está negando el sacerdocio que instituyó Cristo y está negando la confesión. Yo no sé si esa persona debe llamarse cristiana. Posiblemente lo que está es usurpando el nombre de cristiana. Cristiano es el que cree todo lo que nos ha dado Cristo. Eso incluye la Santa Misa. Eso incluye el ministerio particular de Pedro y sus sucesores. Eso incluye el sacramento de la Confesión, el lugar único de María Santísima. Este es un paréntesis. Ser cristiano es creer todo eso. Si uno se llama cristiano y no admite todo eso, hermanos míos, Posiblemente, repito, uno lo que está haciendo es usurpando ese nombre. Pero volvemos a nuestro centro.

Cristo es el Señor y entonces nosotros somos llamados a ser sus siervos. No cabe duda de que Él es el mejor. No solo es el Señor de señores, sino que es el mejor Señor. ¿Por qué? Porque su dominio es un dominio marcado por una sabiduría que es infinita la sabiduría de Dios y es un dominio que está marcado. Y esto es más bello todavía por una misericordia, por un amor compasivo. De modo que Cristo ejerce señorío sobre nosotros desde una sabiduría que supera lo que cada uno conoce de sí mismo y desde una misericordia que es más potente que todas las posibles justificaciones que lleguen a nuestra imaginación, a nuestra mente.

Como decía un predicador, Cristo te justifica mejor de lo que tú te justificas, así que deja de estarte justificando, porque Cristo es el que trae el verdadero orden de Dios, la justicia de Dios a tu vida. Con esta convicción entonces sabemos que Él es el mejor Señor. Pero ahora la pregunta es ¿y qué clase de siervos somos entonces nosotros? Si, nosotros, en la medida en que somos cristianos, tenemos, qué duda cabe, el mejor Señor. Pero ¿cómo somos nosotros en cuanto siervos? Es ahí donde las lecturas de hoy tienen un papel muy importante, porque ambas lecturas desde la perspectiva de un hombre, en la primera lectura, capítulo cuarenta y dos de Isaías. O desde la perspectiva de una mujer, capítulo doce de San Juan. Nos muestran, podríamos decir de un modo complementario, que a todos nos enseña, nos muestran lo que significa ser servidor.

O sea que hoy estamos invitados a aprender de María de Betania, aquella que entregó su perfume costosísimo para ungir los pies de Cristo. Y hoy estamos invitados a aprender de aquel personaje cuyo nombre no se dice y que se llama el siervo de Yahvé. En el libro del profeta Isaías hay cuatro textos intensamente poéticos, increíblemente profundos, que se conocen con el nombre de los Cánticos del siervo. Estos Cánticos del siervo. Que son cuatro. Son precisamente una gran catequesis sobre qué significa servir a Dios. Entonces, ¿qué lecciones podemos tomar de la primera lectura y del Evangelio? Ya que el libro del Génesis nos dijo que la imagen de Dios no está ni solo en el varón, ni solo en la mujer, pues entonces nosotros seamos varones o mujeres, podemos y debemos aprender de ambos, tanto del hombre como de la mujer.

En la primera lectura, qué lecciones podemos tomar. Observemos que en la descripción de ese siervo de Yahvé, ese servidor de Dios que es modelo para nosotros, por supuesto, aparecen dos cosas aparentemente contradictorias. Por una parte, este siervo de Yahvé tiene esta característica y es que es compasivo. Por eso dice, no va a apagar ese mechón humeante. En unos países se pronuncia pabilo, en otros se pronuncia pábilo. Pero estamos hablando de lo mismo. Es como cuando uno toma, por ejemplo, una vela que está encendida. Si la sopláramos queda un mechón humeante. No ofrece casi luz, Calor ninguno. Parece que es inútil y que ningún servicio puede prestar. Sin embargo, este siervo de Yahvé es compasivo y no termina de apagar ese mechón que apenas tiene un rescoldo de luz. No lo termina de apagar. Se compadece de eso que parece tan pequeño, tan vacilante, tan derrotado.

El siervo de Dios se compadece de los que están caídos, de los que están quebrados. Por eso dice también que no quebrará la caña, que ya está cascada, que ya está fracturada. Es interesante, entre otras cosas, esa expresión del profeta Isaías de la caña quebrada o cascada o fracturada. Es muy interesante esa expresión, porque en los textos de los profetas varias veces se compara una falsa confianza con el acto de apoyarse en una caña, pero que está fracturada o cascada. Así, por ejemplo, encontramos varios textos en los profetas en donde se dice no te apoyes en el rey de Asiria, no te apoyes en el rey de Egipto. Son como cañas quebradas y si intentas apoyarte en una caña quebrada, termina de romperse y dicen los profetas te perforará la mano, te hiere tu mano. Frente a esos textos, Isaías nos dice que el servidor, el verdadero servidor de Dios, no termina de romper lo que ya está agrietado, no termina de derribar lo que ya está mal inclinado, no termina de apagar al mechón humeante, al pábilo humeante. No lo termina de apagar. Es compasivo, pero no quiere decir que esta expresión que aquí utiliza Isaías niegue las otras expresiones que trae la Biblia sobre la caña quebrada o cascada.

Observemos qué enseñanza tan bonita la que aquí surge, porque lo que se nos está diciendo es que el servidor de Yahvé no termina de quebrar la caña que ya está vencida o fracturada, pero es evidente que tampoco se apoya en ella, y eso es propio del verdadero creyente. El verdadero creyente apoya al que ve que está vacilando, pero al mismo tiempo sabe que no puede apoyarse en él. ¿Se entiende? Esa es la actitud del servidor de Dios, apoyar aún sabiendo que no puede apoyarse. Se parece mucho a esa oración que conocemos como la oración de San Francisco, aunque no consta, por supuesto, que fuera del mismo Francisco de Asís. ¿Recuerdas lo que dice esa oración? Que no busque yo ser consolado, sino consolar. Que no busque ser amado, sino amar. Es como si dijera que no busque apoyarme, sino apoyar. Y esa es característica del siervo de Dios que se compadece, pero se compadece con la suficiente lucidez para darse cuenta que al compadecerse del que está en mala condición, del que está débil, debe entender que no puede apoyarse en el débil.

Y sin embargo, esa primera lectura del capítulo cuarenta y dos de Isaías nos ha dado otra característica del siervo de Dios, del siervo de Yahvé. Nos dice con tanta sabiduría que este servidor de Dios permanece firme, es fuerte. Fuerte, porque vendrán los ataques desde fuera. Fuerte porque experimentará tentaciones también dentro de sí, y sin embargo es fuerte. Entonces, un verdadero servidor de Dios es aquel que es compasivo, que entiende que no puede apoyarse a veces en los demás y que, sin embargo, permanece fuerte, fuerte frente a las persecuciones. Fuerte frente a las tentaciones. ¿De dónde le vendrá esa fortaleza? si no puede apoyarse en otros, sino que más bien le toca apoyarlos. ¿De dónde le vendrá esa fortaleza? Pues Cristo es la respuesta. Es Cristo el que nos muestra de dónde viene la fortaleza. Porque el mismo Cristo anunció Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Él sabía que no podía apoyarse en los otros, y sin embargo, permaneció firme. ¿Por qué? Porque Él fue el primero en practicar aquello que nos enseñó. Velad y orad para que no caigáis en tentación. El estar atentos y, sobre todo, el estar orantes, de manera que nuestra fortaleza venga del Señor.

Es pecado entonces, cuando uno busca que alguien lo escuche, alguien en esta tierra, que alguien lo aconseje, alguien en esta tierra, que alguien le ayude a uno, a alguien en esta tierra, ¿es pecado eso? No, claro que no, pero hemos de tener sabiduría, mucha sabiduría para darnos cuenta. Si esa persona en la que a veces queremos apoyarnos, no será más bien alguien que necesita ser apoyado. Dios en su providencia, nos dará todo lo que es necesario, incluyendo en quien apoyarnos en un momento de dificultad. Eso también nos lo dará Dios. Y eso lo comprobamos. Por algo dice el apóstol San Pablo en la Segunda Carta a los Corintios. Bendito sea Dios que nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación. Ese texto es de la Segunda Carta a los Corintios, y es buena tarea que lo busques porque es de mucha sabiduría y de mucho provecho.

Ahora bien, ¿cómo nos consuela este Dios? Nos consuela, sobre todo a través de la oración. Pero el mismo Pablo también menciona, por ejemplo, en la Carta a los Filipenses cómo al reencontrarse con algunos de sus amigos y también discípulos, recibió nuevas fuerzas. O sea que ciertamente Dios también nos ayuda a través de seres humanos, solo que hemos de tener el discernimiento para saber en quién uno se puede apoyar y en quién no. Todo esto y mucho más nos enseña sobre qué quiere decir servir a Dios, la primera lectura, no es pequeña enseñanza.

Pero vayamos al Evangelio, donde aparece esta mujer de nombre María. Está María. Hay muchas Marías, ante todo la Santísima, la Bendita Virgen María, Madre de Cristo. Hay muchas Marías en los Evangelios. María, la madre de Santiago y María Magdalena. Y está María, María de Betania, la llamamos para no confundirnos. De hecho, hay por ahí algún padre de la Iglesia que confundió a María de Betania y María Magdalena. No hay que caer en esa confusión. No está garantizada por los textos bíblicos.

¿Cuál es el gesto de María de Betania? Ella nos da lecciones, ciertamente. El precio del perfume que ella entregó. Es inmenso. Es un precio descomunal. Nos dice, sobre todo si pensamos en la economía de aquel lugar. Nos dice el mismo texto que ese perfume hubiera podido ser vendido por trescientos denarios. Un denario ¿qué es? un denario es lo que se acostumbraba a pagar por un día de trabajo. Si tú examinas trescientos denarios, pues entonces serían unos trescientos días de trabajo. ¿Tú sabes lo qué es eso? Pues si haces las cuentas, trescientos días de trabajo son el sueldo, los ingresos de un trabajador durante todo un año. Eso es bastante dinero en las economías de cualquier persona. Todo lo que tú ganes en un año. Eso es lo que valía ese perfume. Y ese es el perfume que ella, rompiendo el frasco, gesto muy expresivo. Porque al romper el frasco ya no hay manera de recuperar nada. Ella toma un gesto irreversible, un gesto que no tiene marcha atrás y con esto nos da una primera lección sobre lo que significa servir a Dios. Nuestro sí, tiene que ser irreversible. Ella rompe el frasco, es irreversible.

Segundo, entrega un perfume increíblemente costoso. Lo que valía un año de trabajo, cabe suponer, no es excesivo. Cabe suponer que ella estaba entregando su perfume más costoso. ¿Cuántos perfumes podía tener esta mujer que vivía en la casa de su hermana? La Biblia presenta en primer lugar a Marta cuando menciona esa casa de Betania. Esto es inusual porque en la cultura judía siempre se ponía como dueño de casa al varón, es decir, al papá o al esposo. Marta de Betania claramente no tiene esposo, pero tenía un hermano que era Lázaro. El hecho de que no se mencione a Lázaro como dueño de la casa parece indicar que la dueña de la casa era Marta de Betania. Y si ella era la dueña, quiere decir que entonces María estaba viviendo en casa de su hermana. ¿Qué ingresos podía tener María en la sociedad de ese tiempo? A veces se utiliza en Colombia la expresión arrimada. Ella estaba acogida. Bueno, arrimada suena muy duro. Ella estaba acogida en la casa de su hermana. ¿Cuántos perfumes podía tener una persona en esas condiciones? Perfumes que valieran lo que vale un año de trabajo. ¿Cuántos podía tener? No es excesivo decir que María de Betania estaba entregando su perfume. El perfume más costoso, el que vale más.

Y nos enseña lo que significa ser siervos de Dios. No es entregarle cualquier cosa a Dios. Si lo que más valoras en tu vida es tu juventud, es entregarle tu juventud. Si lo que más valoras y de lo que más te aprecias es tu talento, tu inteligencia, es poner ese talento al servicio de Dios. Ya se verá en qué vocación particular. Pero que tú sepas que tu talento es al servicio de Dios. Eres una persona bella. Hay mucha gente bella en esta tierra. Hay hombres que son muy bien parecidos. Hay mujeres que son muy hermosas. Que tu hermosura sea en primer lugar homenaje a Dios. Así lo hizo, por ejemplo, una santa Rosa de Lima. Cuanto más bella seas, entonces más has de preocuparte de que tu belleza hable de la gloria de Dios.

Entonces María de Betania nos está enseñando en primer lugar a dar un sí definitivo, un sí irreversible. Segundo, a entregarle a Cristo lo más valioso, lo más valioso que tengamos. Y tercero, solo por quedarnos con tres enseñanzas. Tercero, María de Betania nos está enseñando que nuestro amor a Cristo debe ir más allá del qué dirán, más allá del respeto humano. La acción de María de Betania era absolutamente exótica. Podía parecer la acción de una persona que estaba mal de la cabeza. Seguro que Judas Iscariote no fue el único que se extrañó de que se gastara un perfume en los pies de Jesús. Pero María de Betania pasa por encima de todo eso. María de Betania quiere que un mismo amor y un mismo perfume esté en Cristo y en ella. Ella quiere que Cristo tenga el aroma de ella, y ella quiere tener el aroma de Cristo. Sí, este es un lenguaje de amor, y así ha de ser nuestro lenguaje con Cristo. Así ha de ser nuestro lenguaje. Lenguaje de amor encendido. Nuestro lenguaje ha de ser ese lenguaje de amor que no se queda en la vergüenza. No, no debemos permitir que la vergüenza detenga nuestro amor. No lo permitamos. No permitamos que por un respeto humano se oculte nuestra fe y quede la gente en la ambigüedad de por qué hacemos lo que hacemos. Que todo el mundo lo sepa.

Hacemos lo que hacemos porque somos de Cristo y porque amamos a Cristo. Grande enseñanza, profunda y bella enseñanza. Nos dejan el siervo de Yahvé y María. María la de Betania. Sigamos nuestra celebración y que esta Semana Santa sea el tiempo para decirle un sí más resuelto, mucho más resuelto, a Jesucristo, a quien sea el honor y la gloria por los siglos. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM