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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Somos capaces de sacar lo mejor de nuestra vida y dárselo a Cristo? Unámonos al Señor creando un lazo de amor con Él donde tu llevas su aroma y Él lleva tu realidad.
Homilía lsan020a, predicada en 20200406, con 7 min. y 0 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy nos presenta una escena conmovedora. Está tomado del capítulo doce de San Juan y corresponde a aquel momento en el que María, María de Betania, la misma que sentada a los pies, escuchó la voz del Maestro. En otra escena que nos cuenta el Evangelio. Esa mujer toma una gran cantidad de un perfume costosísimo, unge los pies de Cristo y seca ese perfume. Ese excedente del perfume con su propio cabello.
Detengámonos en esta ocasión. Detengámonos en el gesto de esta mujer. Recuerdo a todos. Es la misma mujer que oía con atención absoluta cada palabra de Cristo. Las palabras de nuestro Señor Jesucristo, habían llegado a su corazón. Hasta el punto de hacer como casa en ella. Habitada por la Palabra de Cristo, transformada por Cristo. En cierto sentido, ella quiere darle, expresarle su agradecimiento y claramente su amor a través de este gesto. Es un gesto que resulta incómodo para varias personas, sobre todo para Judas Iscariote, que trata de medirlo todo con la economía. Y observemos la anotación que hace el Evangelio no es porque le interesaran los pobres, sino porque él llevaba del dinero que se metía en la bolsa común.
Entonces parémonos ante el gesto de esta mujer y tratemos de aprender de ella. Si este gesto se debe contar en todas partes, porque así lo dice el mismo Cristo, quiere decir que hay algo que ella puede enseñarnos a todos. ¿Cuánto podía valer ese perfume? Perfume de nardo del cual se nos dice auténtico y costoso. Tenía que valer muchísimo. A ella no le pareció demasiado el costo. Seguramente ella sintió que no hay nadie que se lo merezca más que Cristo.
Si nosotros vamos al libro del Cantar de los Cantares, veremos que siempre se asocia el nardo con el amor, con un amor profundo, grato, penetrante. Es un acto de amor lo que está haciendo esta mujer y como es un acto de amor, ningún costo le parece demasiado. Esto es lo primero que hay que pensar. Como mujer que era, en un ambiente que ciertamente no tenía demasiada prosperidad para todo el mundo. Tener un perfume tan fino es algo que una mujer valora y sabe cuándo usarlo y sabe con quién. Eso lo sabe la mujer. Y esta mujer sabe no solo lo que vale su perfume, sino sabe. Vamos a ponerlo de esta manera. Qué provecho se le podría sacar a ese perfume. Provecho, ya no en términos económicos, por supuesto, sino provecho en términos del agrado que produce una mujer con su belleza y con su aroma. Pero ella gasta lo que tiene de más precioso. Tal vez era lo más precioso. Tal vez era lo más costoso que ella tenía en su casa. Cabe pensarlo, repito, por la materia prima y por el costo del que nos habla el Evangelio. Y ahí tenemos una lección para nosotros.
¿Somos capaces de sacar lo más costoso y dárselo a Cristo? ¿Somos capaces de sacar lo mejor de nuestra vida, de nuestros talentos y dárselo a Cristo? O si no, ¿quién es digno de lo mejor de ti? ¿Qué es lo mejor que tú tienes? Tu inteligencia, tus excelentes relaciones y tu networking, tu conexión con tantas personas importantes. ¿Qué es lo mejor que tú tienes? ¿Estás dispuesto a gastarlo por Cristo?
La relación entre Cristo y esta mujer que le expresa así su amor es una relación perfumada. Y es una relación compartida. Ella quiere que el mismo perfume que ha quedado en el cuerpo de Cristo, en este caso en los pies, quede en ella en su cabello. Es una relación perfumada y compartida. Que el perfume de mi amado sea también mi perfume. Ella quiere compartir un mismo ambiente, un mismo perfume con Cristo, como el que respira un mismo aire. Ella quiere permanecer en la órbita, en el ambiente, en el entorno de Jesús, y quiere que Jesús esté siempre en su ambiente, en su entorno.
Esta es la segunda enseñanza que podemos tomar del gesto de ella. Como ella quiere oler a Cristo y ella quiere que Cristo tenga el perfume de ella. Es un gesto, es un lazo, es un lazo de amor, un lazo que expresa que somos uno. Eso es lo que ella quiere. Es algo bello que en medio de la sencillez y de la pureza con que se realiza, más nos conmueve. Esa enseñanza también está para nosotros. Un lazo de amor, un lazo de amor con Cristo. ¿A qué te suena eso? Llevar en ti el aroma de Cristo, como decía San Pablo, y saber que Cristo lleva tu realidad hasta tu propio aroma lo lleva el Señor. Todo habla de unión, todo habla de esa cercanía, todo habla de esa infinita cercanía que es el lenguaje que Dios ha querido establecer desde el momento de la encarnación. Porque Cristo, no lo olvidemos en esta Semana Santa, es Dios con nosotros.

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