Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Que Dios en esta Semana Santa nos conceda amor agradecido, amor del que no se mide y a la vez que nos conceda gran humildad para no olvidar lo que somos y quién es Él.

Homilía lsan019a, predicada en 20190415, con 5 min. y 19 seg.

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Transcripción:

El amor y la humildad se dan cita en el Evangelio de hoy. Ha sido tomado del capítulo doce de San Juan. Amor y humildad. Estas dos palabras vienen a nuestra mente cuando vemos el gesto piadoso, expresivo, intenso de aquella mujer, María de Betania, que toma un perfume tan costoso y con él unge los pies de Cristo.

Es una expresión de amor, una expresión de amor que puede resultar incomprensible para nosotros, pues resultó incomprensible incluso para algunos de sus discípulos. Es una expresión de amor. Amor que está diciendo, mi Señor, tú te mereces todo. Muchas mujeres aman sus perfumes. Y si tienen un perfume especialmente agradable y costoso, lo reservan para las grandes ocasiones. María de Betania está mostrando aquí el amor que no se mide, el amor que simplemente entrega.

Dirá el apóstol San Pablo. El amor no lleva cuentas. Judas Iscariote se llevaba muy bien las cuentas. Ese perfume vale tanto. Si hubiera podido hacer esto, se hubiera podido sacar este provecho o este dinero. Ese es el Iscariote. Está bajito de amor, muy bajito, casi seco, podríamos decir. Y como su amor está bajo. Las cuentas que lleva son muy altas.

Distinta es la situación de María de Betania. El amor de ella es muy alto y por eso no le importan las cuentas. Esto me hace pensar en tantas personas que llevan cuentas. ¿Qué hay en los museos del Vaticano? ¿Por qué hacen casullas tan costosas? ¿Ese cáliz tan adornado? Detrás de esa contabilidad que curiosamente nunca se fija en todas las obras de caridad que realiza la Iglesia, que es la principal institución de caridad en el mundo entero. Detrás de toda esa contabilidad minuciosa, michicata decimos en mi país, mezquina. Lo que hay es muy poquito amor, muy muy poquito amor.

Es curioso que uno de los santos que más vivió y practicó la pobreza San Francisco de Asís, cuando se trataba del culto al Señor, sólo tenía una norma, lo mejor, lo mejor que sea posible. Amor a Cristo. Pero ese amor a Cristo no es para negociar con Cristo. Ese amor a Cristo no es para convencer a Cristo de nada, no es para sacar nada de Cristo, es amor que se entrega. Podríamos decirlo con generosidad. Y como es amor generoso, entonces es amor. Sabe comprender muy bien quién es Él y quiénes somos nosotros. Por eso la otra palabra, la humildad.

Este amor y esta humildad son el tributo más perfecto que nosotros, como criaturas redimidas, le podemos dar a Dios. Le amamos infinitamente. Le amamos y lo llamamos amor de nuestras almas. Le amamos y podemos aplicarle a Él las palabras del Cantar de los Cantares. Mi Amado es para mí y yo para Él. Y sin embargo, no perdemos la perspectiva. Él es el Señor, Él es Dios, Él es el Altísimo. Yo soy un pobre pecador. O como decía Catalina de Siena, digna discípula de María de Betania. Señor, tú eres el que es, y yo soy la que no soy.

Que Dios en esta Semana Santa nos conceda amor, mucho amor, amor agradecido, amor del que no se mide. Pero a la vez que nos conceda gran humildad para nunca olvidar lo que somos y quién es Él. Así sea.

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