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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La cruz revela quién es verdadero discípulo, lo que cada uno busca, lo que le interesa e importa, lo que se lleva en el corazón, la verdadera raíz.
Homilía lsan017a, predicada en 20170410, con 5 min. y 21 seg. 
Transcripción:
En latín la palabra raíz se dice radix y el genitivo de radix es radicis. De donde viene, por ejemplo, la palabra radical. Una transformación radical es una transformación de raíz. Radicalizarse es ir a lo que uno considera las raíces, lo que debe ser primero y más importante. Esa es la radicalidad.
Podemos decir que el final de la vida de Cristo lleva a que cada uno encuentre su propia raíz. Podemos decir que el final de la vida de Cristo es el tiempo de la verdad. Es la declaración de la verdad, lo que cada uno lleva en verdad en su corazón, aparece en la cruz. Es uno de los muchos bienes que trae la cruz de Cristo. Ayuda a revelar quién es quién, quién es verdadero discípulo y quién no, quién es fiel y quién no, qué busca cada uno, qué le interesa, qué le importa. Podemos decir que la cruz es como un espejo maravilloso en el cual, precisamente por la radicalidad del amor de Dios y por la radicalidad del ataque del demonio, el corazón humano se ve obligado a escoger.
El gran San Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas, tuvo una inspiración de Dios a través de lo que llamamos los Ejercicios espirituales. Y una de las decisiones fundamentales cuando se hacen los Ejercicios de San Ignacio es escoger cuál es la bandera que yo quiero tener en mi vida. Quiero seguir la bandera del demonio y del mundo o quiero seguir la bandera de Cristo. Esto es muy importante en el lenguaje militar, porque, como sabemos, para los militares defender la bandera es defender la causa a la que estoy incluso dispuesto a entregarle la vida. San Ignacio, que fue militar y conocía muy bien ese lenguaje, lo toma con seriedad y se da cuenta de que seguir la bandera de Cristo es apostar radicalmente por Él. Radicalmente.
Todo esto tiene que ver con el Evangelio que nos presenta la Iglesia en el día de hoy. Seis días antes de la Pascua, leemos en el capítulo doce de San Juan. Estaba Cristo en la ciudad de Betania, y los acontecimientos que empiezan a desarrollarse en Betania van a servir para mostrar en dónde está el corazón de cada quien. Es decir, van a servir para que cada uno se radicalice. Efectivamente, Cristo muestra la radicalidad de su opción por la voluntad del Padre. Es decir, Cristo está radicado. Tiene su raíz en el corazón de Papá Dios. Ese es nuestro Señor Jesucristo. Eso en cuanto a Cristo. Pero los otros van mostrando también lo que tienen en el corazón. Judas, por ejemplo, cuando viene esta escena del perfume que se derrama, no piensa en un acto de gratitud, de amor, de alabanza, de adoración. Lo que le sale de su pecho es plata, plata, aquí hay plata, aquí hay dinero. Eso es lo que él tenía. Su raíz estaba ahí, sus raíces, estaba en el tema del dinero. Y esto nos muestra lo que hace la cruz en cada uno de nosotros.
A medida que van llegando esos momentos de verdadera decisión, a medida que van llegando esos momentos en los que uno tiene que mostrar quién es y en qué cree, pues va apareciendo lo que cada uno tiene en el corazón. Lo que salió del corazón de Cristo fue amor, amor y obediencia a Dios Padre, amor por nuestra salvación, amor hasta el extremo. Lo que salió del corazón del Iscariote fue dinero. Eso era lo que Él tenía como raíz.
Y si exploramos la raíz de tu vida, ¿en dónde están tus raíces? ¿en dónde están tus motivaciones y las mías? ¿en dónde están nuestras motivaciones más profundas? ¿de qué fuente verdaderamente bebemos cuando llegan los verdaderos problemas? ¿cuando todo parece fallar a dónde acudimos?
Yo he conocido gente que parece muy católica, pero que cuando tienen una enfermedad terminal, si les dicen que hay un brujo, pues van donde el brujo. Quiere decir que una pata de su raíz está más apegada a la salud para esta tierra que a la fe en Dios. Su verdadera raíz, su verdadera radicalidad, está más en el tema de la salud. Y si para eso tengo que traicionar a Dios, pues lo traicionó. Esa es su verdad. Cada uno tiene que preguntarse en esta Semana Santa ¿cuál es mi raíz más profunda?

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