Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Meditación sobre el Primer Cántico del Siervo de Dios: El Espíritu Santo dejó retratado, con pinceles de palabras, el rostro genuino de Cristo, verdadero servidor de Dios.

Homilía lsan016a, predicada en 20160321, con 17 min. y 13 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos. Estamos en Lunes Santo. Estos tres primeros días de la Semana Santa, Lunes, Martes y Miércoles nos traen en la primera lectura unos textos muy poéticos, muy bellos, tomados del profeta Isaías. El libro del profeta Isaías es el más largo de la Biblia y entre tanta riqueza que trae, nos ofrece cuatro pasajes que son conocidos como los Cánticos del siervo de Dios. Los Cánticos del siervo de Dios, porque se menciona precisamente esta palabra siervo.

Así, por ejemplo, hoy el texto tomado del primer cántico es del capítulo cuarenta y dos de Isaías. Empieza con estas palabras. Mirad a mi siervo. Y este tema del siervo, del servidor de Yahvé o del servidor de Dios es característico de esos textos. Repito, el primero es del capítulo cuarenta y dos de Isaías. El segundo cántico lo vamos a encontrar mañana, es del capítulo cuarenta y nueve. Y el Miércoles Santo tendremos el tercer cántico, que es del capítulo cincuenta. Pero dije que eran cuatro cánticos. Lunes Santo, Martes Santo, Miércoles Santo. El cuarto cántico que está entre los capítulos cincuenta y dos y cincuenta y tres. Lo vamos a proclamar el Viernes Santo. O sea que en esta semana esas cuatro composiciones poéticas que tienen en común el tema del servidor de Dios, las vamos a escuchar.

Y hoy tuvimos la primera, le repito otra vez, para que usted ejercite su memoria. La persona que ejercita su memoria, abriéndole espacio a Dios en el corazón. Saca de su memoria la basura lo que no sirve. Cuanto más llene usted su cabeza de la luz de Dios y del amor de Dios, más le sale de la cabeza, lo que contradice a Dios, lo que es resentimiento, odio, mentira, impureza, envidia. Toda esa basura, toda esa porquería sale de su cabeza. Si usted llena su cabeza con el poder de la Palabra de Dios. Por eso también Jesús dijo una vez a sus discípulos, ustedes están limpios por las palabras que yo les he dicho. O sea que la Palabra de Dios lo va limpiando a uno. Si uno la recibe con un corazón humilde y creyente.

Así que hoy tenemos el capítulo cuarenta y dos de Isaías, el primer cántico. Mañana, el segundo, del capítulo cuarenta y nueve. Ojo con esa memoria. El Miércoles, capítulo cincuenta, tercer cántico. Y luego hay que esperar al Viernes Santo para el cuarto cántico que queda entre los capítulos cincuenta y dos y cincuenta y tres. ¿Por qué son importantes estos cánticos? Es decir, estas composiciones hermosas que están en el libro del profeta Isaías y que usted las puede buscar ahora que vuelva a su casa. Usted agarra su Biblia y mira, y ahí le da una repasada, un momento bien bonito de encuentro con el Señor.

¿Por qué son importantes? Respuesta. Porque resulta que nosotros todo el tiempo decimos que Dios es el Señor, decimos Jesucristo nuestro Señor. Hay cánticos muy bonitos que tenemos. ¡Jesús es el Señor, alábalo que vive!. Tenemos cánticos que proclaman que Él es el Señor. Pero la gran pregunta es ¿si Dios es el Señor, qué nos toca hacer a nosotros? Nos toca ser los servidores de ese Dios amor, de ese Dios misericordia, de ese Dios colmado de sabiduría y de piedad. O sea que los cánticos, estos cuatro textos del profeta Isaías, sirven mucho para cada uno de nosotros, porque ¿quién tiene que ser el servidor de Yahvé o el servidor de Dios? Tú y yo, y tú y tú y tú, todos. Cuando uno hace oración con estos textos, descubre lo que significa servir a Dios. Eso es lo que quiere decir servir a Dios.

Y eso nos interesa a todos, porque si no seríamos unos grandes mentirosos diciéndole a Dios que Él es el Señor. Si nosotros no vamos a servirlo. No tiene sentido hablar de que Dios es el Señor, si nosotros no nos disponemos de corazón para servirlo. Esa es la primera razón por la que nos interesan estos cánticos. Pero hay una segunda razón. Y es que este que les está hablando no es una persona perfecta, ni mucho menos. Es decir, yo no he sido un buen servidor de Dios. Cada vez que uno se rebela contra Dios, es decir, cada vez que uno comete pecado, uno es un mal servidor de Dios. Si Dios me dice no digan mentiras y yo cada vez que me conviene digo una mentira. Yo no soy un buen servidor de Dios. Si Dios dice que el hombre tiene que ser fiel a su mujer y ella a él, entonces un adulterio que se comete no solamente es una ofensa contra tu esposa, es una ofensa contra Dios, porque es una desobediencia a Él.

Dios nos invita a que seamos hombres y mujeres de oración, que la oración esté presente en nuestras vidas, porque ese es el hilo que nos conecta con la voluntad de Dios. Pero a veces pasan días y a uno se le olvida orar. Se levanta más o menos como se levanta un perro o un gato o un caballo. Yo todavía no he visto el primer gato, caballo o perro que se levante y haga un momento de oración. Gracias Señor. Muchos cristianos viven como si fueran un animalito. No oramos y esa falta de oración es también una rebeldía. Somos malos servidores malos porque somos desobedientes. A veces en cosas chiquitas, a veces en cosas grandes. No somos buenos servidores.

Pero resulta que hay uno que nos puede enseñar, que ha querido enseñarnos y que nos puede enseñar a ser verdaderamente servidores. Ese se llama Camino, se llama Verdad y se llama Vida. Él es el camino. Y si Él se dio ese nombre de Camino, es decir, nuestro Señor Jesucristo, es porque Cristo nos fue mostrando cómo se vive. No solo nos lo muestra con su ejemplo, sino que interiormente nos ilumina con su Espíritu Santo, para que en las circunstancias peculiares de nuestra vida seamos verdaderamente cristianos. No cristianos de un momento, ni cristianos de un aplauso, ni cristianos de una ceremonia, sino cristianos veinticuatro horas al día, siete días a la semana, todas las semanas de la vida. Eso nos lo muestra ese hombre que se llama Camino, ese hombre que se llama Jesucristo.

Y nosotros entonces, lo que encontramos en estos pasajes tan bonitos del profeta Isaías, lo que encontramos es el rostro de Jesucristo. Porque el que verdaderamente nos enseña a ser servidores, ya que nosotros hemos sido tan mediocres como servidores y tan desobedientes, el que verdaderamente nos enseña es Cristo. Eso quiere decir que cuando nosotros leemos estos pasajes de la Biblia, aquí tenemos no solamente un ideal para nosotros, sino que tenemos un retrato con palabras de Jesús. Así es Jesús.

Qué hermoso lo que nos dice el pasaje de hoy. Mirad a mi siervo. Se parece mucho a lo que dijo el Papa Francisco en la homilía de ayer Domingo de Ramos, empezando la Semana Santa, el Papa Francisco dijo la Semana Santa es para mirar a Jesucristo. Eso es lo que nos está diciendo aquí. Mirad a mi siervo, a mi elegido, a quien prefiero. Y no cabe duda de que este es Cristo, porque encontramos en los santos Evangelios que por ejemplo, cuando Jesús de Nazaret fue a bautizarse a orillas del río Jordán, se oyó una voz en el cielo ¿te acuerdas? se oyó una voz. Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia, escuchadlo. Esa voz del cielo es como una confirmación de lo que nos dice Isaías en el texto de hoy. Capítulo cuarenta y dos. Mirad a mi siervo.

Así que en estos cánticos, lo que yo tengo en estos cánticos es el retrato de Jesús. Los pintores, los escultores, hacen lo que pueden pintando a Jesús. Lo pintan más alto, más bajito, con mucha barba, con poquita barba, más moreno, menos moreno. La verdad es que esos retratos de los pintores no son lo más importante. Hay un pintor que se llama el Espíritu Santo, pero los pinceles que utiliza el Espíritu Santo no son de madera, ni de pelo, ni de crin. Los pinceles que utiliza el Espíritu Santo son las palabras de los profetas y de los apóstoles y los evangelistas. O sea que si yo quiero ver un retrato de Jesús, casi más que mirar cuadros, lo que más me puede servir es acercarme a textos como estos, donde está el retrato de Jesús.

Permítame, le leo un pedacito, unos versículos para que usted vea que ahí está retratado Jesucristo. Sobre Él he puesto mi Espíritu. Ahí está lo que pasó en el bautismo. Para que traiga el derecho a las naciones. Ahí está que Él es el justo y el único que nos justifica. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. Ahí está Él, que es manso y humilde de corazón. La caña cascada no la quebrará. ¿Eso qué quiere decir? Aquellas personas que son medio fracasadas, que parece que ya no dan más, que ya el mundo las está desechando. Pero aquí dice Isaías. La caña cascada no la quebrará. El pábilo vacilante no lo apagará. Y ese es Jesús. Porque Jesús se acerca al que está enfermo, al que está cansado, al que está doblegado, y le dice Vengan a mí los que están cansados y agobiados. Ahí está el retrato de Jesús. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará. Si tú miras la Pasión de Cristo, con qué humildad de corazón, pero con qué firmeza se planta Cristo ante Caifás, ante Pilatos, ante Herodes. Él, dice aquí, no vacila ni se quiebra. Entonces estos textos son el retrato que nos dejó el Espíritu Santo con el pincel de la Palabra, para que nosotros conozcamos muy bien a nuestro Señor.

¿Y para qué quiere uno conocer bien a Cristo? Primero, para enamorarse de Cristo, para amarlo con toda el alma, para decir, no hay en mi vida nada más grande que ser de Jesucristo. Y en segundo lugar, porque el nombre de Jesucristo es camino y el que se pega a Cristo va tomando también el corazón de Cristo, va tomando la sabiduría de Cristo, va tomando la pureza de Cristo. Porque Cristo nos transforma a todos los que nos acercamos a Él. Cristo nos transforma, nos vuelve hombres nuevos y mujeres nuevas.

Y ya que tengo la alegría de ver los rostros de mis hermanos que estuvieron en el retiro de parejas, Cristo renueva las familias, Cristo renueva la familia. Así que, hermanos, vamos a seguir viviendo esta Semana Santa. Ya sabemos porque nos leyeron este pasaje, para que conozcamos mejor a Jesucristo, para que lo amemos más y para que uniéndonos a Él, tengamos vida nueva en su nombre. Amén.

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