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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Es bueno cuestionarnos si somos discípulos de Cristo o por el contrario, si somos sus adversarios.
Homilía lsan015a, predicada en 20160321, con 5 min. y 45 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo doce de San Juan. Nos presenta a Cristo en lo que podríamos llamar su despedida de algunos de los amigos más queridos que tuvo en esta tierra. Son tres hermanos, Marta, María y Lázaro. Y vemos la escena, se quiebra un frasco lleno de costosísimo perfume y esa fragancia intensa se pega al cuerpo de Cristo, llena la casa y a la vez suscita el desconcierto y la ira de algunos de los discípulos del Señor, en concreto de Judas Iscariote, que ve en ese acto de ternura simplemente un desperdicio.
En ese pasaje tan emotivo, yo quisiera destacar un aspecto que aparece hacia el final. Nos damos cuenta que Cristo dice hacia el final. Pobres van a tener siempre con ustedes, a mí no me tendrán siempre. Y de ese modo Cristo justifica ese acto de dulzura y de devoción. Pero no todos tienen esa devoción por Cristo, así como algunos han llegado a amarle tan tiernamente y de un modo tan íntimo, tan cercano. Hay otros que han llegado a odiarle con toda la fuerza de su pecho. Y por eso encontramos algunas de las autoridades judías de aquel tiempo que no solamente quieren deshacerse de Cristo, sino de todo lo que pueda hablar de la gloria de Cristo, incluyendo a aquel hombre llamado Lázaro, hermano de Marta y de María, que había sido resucitado, había sido vuelto a la vida. De modo que el nivel de odio de aquella gente es fuerte, es muy fuerte.
Y ¿cuál es la razón de ese odio? en este caso, que se quedaban sin discípulos. A ellos les interesaba mucho tener seguidores, querían tener discípulos y esos discípulos eran los que se iban detrás de Cristo por las obras poderosas que veían en sus manos y por la sabiduría maravillosa de sus discursos, de sus parábolas, de sus enseñanzas. Esto no lo toleraban aquellas autoridades. Es decir, que hay una motivación de envidia en la persecución que hacen a Cristo.
¿Por qué destaco ese contraste entre el amor de los discípulos y el odio de los adversarios? ¿Y por qué subrayo el papel de la envidia? Porque vivimos en tiempos en que las redes sociales y la presencia en los medios de comunicación han adquirido un relieve inmenso. El número de seguidores dentro de una red como Facebook o Twitter. Es algo, diríamos, de enorme relevancia para los políticos, para los artistas, para los deportistas.
Y yo creo que podemos dejarnos interpelar por este pasaje del capítulo doce de San Juan. Fíjate que el gran dolor de las autoridades judías era, nos estamos quedando sin seguidores. En Twitter se utiliza mucho la palabra en inglés followers. Nos estamos quedando sin followers. La gente ya no nos sigue a nosotros. Y eso despierta la envidia. Y la envidia degenera en odio. Yo creo que es muy bueno que nos preguntemos ¿qué clase de seguidores queremos nosotros y a costa de qué? Porque hay cantantes que tienen muchos seguidores a costa de mostrar obscenamente su cuerpo, lo cual no tiene mucho que ver con la música, ciertamente. Hay actores que tienen muchos seguidores a base de participar en proyectos cinematográficos que escupen el rostro de Cristo y que lastiman la fe.
Yo pienso, por ejemplo, en tantas personas que participaron en el Código Da Vinci y en otras películas insultantes, blasfemas, destinadas a envenenar la mente y destruir la fe. Pero ser parte de ese grupo de actores, lo que se llama el reparto. Pertenecer al reparto de actores de una cinta avaluada en millones y millones de dólares te da prestigio, te da puntos, te da seguidores. ¿A costa de qué? Los políticos muchas veces traicionan al pueblo, dicen cualquier cantidad de mentiras sabiendo que están mintiendo por solo tener seguidores.
¿A costa de qué quieres tus seguidores? Observemos, aprendamos del Evangelio de hoy. A veces, por tener seguidores, somos capaces incluso de matar a la verdad y asesinar a Cristo.

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