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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una mirada de conjunto a las lecturas de la misa durante la semana mayor.
Homilía lsan014a, predicada en 20150330, con 6 min. y 20 seg. 
Transcripción:
Hemos empezado el día de ayer, la semana mayor, la Semana Santa. Este es un buen momento para dar una mirada de conjunto a qué es lo que nos van a traer las lecturas de estos días. Pienso que un ejercicio siempre necesario, si uno quiere aprovechar la liturgia de la palabra, es tener una idea de qué es lo que se está leyendo y por qué se está leyendo.
Bueno, tenemos durante estos primeros días, Lunes, Martes y Miércoles Santo, tenemos textos escogidos del profeta Isaías. Están tomados de los capítulos cuarenta y dos, cuarenta y nueve y cincuenta de Isaías. Esos números no son caprichosos, por supuesto. En esos capítulos cuarenta y dos, cuarenta y nueve y cincuenta se encuentran unas pequeñas composiciones hermosísimas, composiciones proféticas y poéticas que describen lo que llamamos el siervo de Dios, el siervo de Yahvé.
Mirad a mi siervo, dice la primera lectura de hoy. Mirad a mi siervo, a quien sostengo. Y esa expresión el siervo, el servidor de Yahvé, viene a darnos el perfil del que es verdaderamente justo, del que realmente cumple la voluntad de Dios, del que está verdaderamente unido a Dios.
Luego vamos a encontrar que esas lecturas se aplican de un modo perfectísimo a la persona de nuestro Señor Jesucristo. Así lo entendieron también los primeros cristianos. Cristo es ante todo el servidor, es decir, el que proclama, el que manifiesta, el verdadero y único señorío de Dios.
Entonces, en la primera lectura del Lunes, Martes y Miércoles Santo, vamos a tener tres cánticos, tres composiciones del libro de Isaías que están en los capítulos cuarenta y dos, cuarenta y nueve y cincuenta y que tienen como tema común ¿Qué es servir a Dios? ¿Qué es estar unido a Dios? ¿Qué es cumplir la voluntad de Dios? Estos textos que tienen un cierto tono dramático, como veremos en su momento, estos textos en realidad nos ayudan a acercarnos a la figura de Cristo y sobre todo Cristo en el acto supremo de su servicio a Dios, de su servicio a la voluntad de Dios, de su servicio a la salvación nuestra, es decir, a la pasión. Por eso esa primera lectura.
Mientras tanto, los evangelios de estos tres primeros días de Semana Santa nos van a presentar escenas, por supuesto, cada vez más tensas, más dramáticas, que nos van conduciendo al momento de la traición. El Miércoles Santo tendremos que escuchar cómo se consuma la traición de Judas Iscariote y cómo llega Cristo a quedar en manos de sus enemigos.
A partir del Jueves Santo tenemos el corazón mismo de nuestra fe. Se llama el Triduo Pascual. La expresión triduo alude a tres días, porque el Jueves, el Viernes y el Sábado Santo, como si se tratara de una sola celebración, vamos a acercarnos a los misterios más grandes de nuestra fe. En el Jueves Santo tenemos la Cena del Señor en que se recuerda la Institución de la Eucaristía, el Mandamiento del amor y la Institución del sacerdocio.
El Viernes Santo la muerte redentora de nuestro Salvador según San Juan. La primera lectura del Viernes Santo va a ser nuevamente tomada del profeta Isaías en los capítulos cincuenta y dos y cincuenta y tres. Ese es precisamente el último de los cuatro cánticos del siervo de Yahvé. Cánticos que, como dije, empezamos a leer lunes, martes y miércoles.
El Sábado Santo hay un gran silencio, un silencio que prepara como una especie de ayuno de la mente, prepara para la celebración, la más importante de todas la solemnidad de solemnidades, que es la Vigilia Pascual. En la Pascua lo que nosotros celebramos es el paso de la muerte a la vida, es la liberación del pecado, es la derrota definitiva del demonio, es la victoria sobre las tinieblas. A través de una larga celebración, larga pero fecunda y bellísima, nosotros vamos recorriendo las distintas etapas de la historia de la salvación hasta llegar al gran anuncio de la resurrección que se hace en esa noche del Sábado Santo. Es decir, se hace en la Vigilia Pascual.
Finalmente, el Domingo de Resurrección y luego la semana que empieza después, lo que se llama la octava de Pascua. Toda esa semana nos va a deleitar con los relatos de los primeros testigos, de ese hecho maravilloso que toca y transforma nuestra historia. Pero también supera toda historia humana, es decir, la resurrección de Cristo.
Este es el delicioso menú. Este es el banquete espiritual al que nos invita a la Iglesia. Tener presentes entonces cada una de estas celebraciones, ver qué riqueza trae y aprovecharla, sobre todo para nuestra propia conversión. Desde ya dispongámonos a vivir con santidad esta hermosa semana, que por eso tiene ese nombre Semana Santa.

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