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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La vocación más profunda del pueblo elegido se cumplió a plenitud solamente en Jesucristo, el Siervo de Dios.
Homilía lsan011a, predicada en 20130325, con 4 min. y 38 seg. 
Transcripción:
Continuamos con nuestras catequesis sobre la Semana Santa. Hoy es Lunes Santo y hay una continuidad entre la lectura de ayer que nos presenta en el Domingo de Ramos a Cristo entrando glorioso en Jerusalén como Rey y las lecturas que vamos a tener Lunes, Martes y Miércoles Santos.
La primera lectura durante estos días está tomada siempre del profeta Isaías. Son unos textos muy especiales que se llaman los Cánticos del Siervo de Yahvé. Los Cánticos del Siervo son una especie de poema. Son poemas que describen la vocación más profunda del pueblo de Dios, porque de lo que se trata es de que ese pueblo elegido sepa que tiene también un encargo, que ha sido elegido para ser enviado. Luego nos vamos a dar cuenta que esa misión o esa vocación que era para todo el pueblo, pues no la cumplió todo el pueblo, pero hay uno que es el Mesías. Hay uno que es Jesucristo, nacido según la carne de este pueblo elegido. Hay uno que iba a cumplir esa misión.
Así que estos tres días, Lunes, Martes y Miércoles, debemos tomarlos como una especie de descripción, como una especie de perfil. Perfil del verdadero Mesías, para que nosotros sepamos qué significa. Cuál es el sentido de la realeza de Cristo. Hoy, por ejemplo, empezamos con el primero de los cánticos y tenemos en el capítulo cuarenta y dos de Isaías una primera descripción. He aquí a mi siervo. ¿Qué significa servir a Dios? ¿Cuál es la vocación profunda del pueblo elegido? ¿Y quién es Cristo en su corazón? Estas son las preguntas que tenemos que hacernos frente a estos textos. Y repito, hoy tenemos el capítulo cuarenta y dos de Isaías.
Hay tres cosas que quiero destacar en la lectura de hoy. La primera se trata de un Mesías llamado a servir, a llevar luz a todas las naciones. Es decir, el pueblo elegido tiene que mirarse a sí mismo como elegido para llevar el amor de Dios, el poder de Dios, la luz de Dios a los demás. El pueblo elegido no puede encerrarse en sí mismo, en su egoísmo, en su privilegio. El pueblo que ha sido escogido, ha sido escogido para servir a los demás. Y esto, es vocación de todo el pueblo, en particular se cumple en la persona de Jesucristo.
Segundo, el Siervo de Dios es compasivo, nos dice el profeta Isaías. No quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo vacilante. Aquello que parece que que ya no tiene fuerza, que ya no tiene vida, que ya no da más de sí. Eso le interesa al Mesías. Ahí, ahí, en lo pequeño, ahí en lo débil se ha de manifestar la gloria de Dios. Entonces, el gran vehículo de la misión del Siervo de Dios no es el poder, a menos que hablemos del poder de la misericordia. El poder de una compasión sin límites.
Y el tercer aspecto que quiero destacar es la manera humilde como se realiza esa vocación. Este pueblo elegido tiene que descubrir cómo su Mesías es aquel que no se impone por la fuerza, no se impone por la arrogancia, sino que sirve a los demás. Y es a través de su servicio, es a través de sus obras, como recoge los corazones, como atrae las vidas, como realiza la voluntad de Dios. Que esas sean también las señales en nuestro corazón para ser dignos discípulos de Aquel que nos ha salvado.

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