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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los Cánticos del Siervo, en Isaías, nos permiten asomarnos al misterio del amor que redime.
Homilía lsan009a, predicada en 20120402, con 4 min. y 52 seg. 
Transcripción:
Llamamos Semana Santa o Semana Mayor, al tiempo que va desde el Domingo de Ramos, en que se recuerda la entrada de Cristo en Jerusalén hasta el domingo de Pascua, en que celebramos su triunfo sobre el pecado, el demonio, la muerte y las tinieblas. Lo esencial de la Semana Santa se encuentra en el llamado Triduo Pascual. La palabra triduo de origen latino quiere decir tres días, y esos tres días hacen alusión a aquella expresión de Cristo repetida varias veces, quien aseguró que al tercer día resucitaría. Triduo también porque se inicia el jueves y luego sigue el viernes y el sábado porque ya el sábado por la noche, es decir, en la entrada del gran domingo estamos proclamando la resurrección de Jesús. Es decir, el corazón de nuestra fe, es lo que tenemos en estos días santos, que Cristo verdaderamente murió y murió por nosotros y que Cristo verdaderamente resucitó y que tiene vida para dar a todos aquellos que creen en su nombre. Este es el corazón de nuestra fe. Este es el centro de nuestro credo. Esto es lo esencial de lo que creemos, y lo esencial también de lo que celebramos. Así pues, la Semana Santa es el corazón, es el centro, es el núcleo, es la raíz. No sé qué otra expresión utilizar, pero creo que ya comprendes por qué vale tanto para nosotros este tiempo sagrado. Y por eso creo que debemos sentir sin arrogancia. Debemos sentir una especie de compasión por aquellos que no han descubierto la riqueza de la Semana Santa. Incluso la gente que está en grandes paseos, descansos, diversiones o fiestas no saben de lo que se pierden. No es que sea pecado divertirse. Lo que parece pecado es que teniendo tantas ocasiones para descansar, todavía no conozcas lo que es descansar en el amor de Dios. Teniendo tantas ocasiones para hacer fiesta, cuándo vas a empezar a celebrar la fiesta de ese Dios que ha vencido la muerte, la suya y la tuya. Teniendo tantas ocasiones de celebración, cuándo vamos a empezar a celebrar esa redención que no solo cambia lo que somos en esta tierra, sino cambia y para siempre lo que seremos en la eternidad. Así que esa es la grandeza, esa es la belleza de la Semana Santa. Y para introducirnos en ese misterio, como una especie de prólogo a los tres días grandes de la celebración de la pasión y muerte y resurrección del Señor, tenemos el lunes, martes y miércoles Santos. Y en cada uno de esos días la primera lectura está tomada del profeta Isaías. Son tres textos muy hermosos que se llaman cánticos del siervo. Bueno, la verdad es que en Isaías hay cuatro de estos cánticos. El cuarto, el más extenso y más hermoso, se proclama el Viernes Santo. Pero mientras tanto, el lunes, el martes y el miércoles tomamos los otros tres cánticos del siervo. Se trata de hermosas composiciones que nos recuerdan el misterio por el cual Dios viene a salvarnos. Un misterio que así le llamo y así se llama, porque incluye esa extraña combinación entre el abajamiento y la exaltación, entre la debilidad y la fuerza, entre ese perderlo todo y a la vez ganarnos a todos. Hoy, por ejemplo, lunes Santo, Capítulo Cuarenta y dos de Isaías, Cántico del siervo donde se presenta a esa figura. Luego la identificamos con Cristo como luz de las naciones. Que el Señor nos permita vivir esta semana como se debe y ser transformados por el amor que nos ha redimido.

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