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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La figura del "Siervo de Yahveh" ocupa páginas preciosas del profeta Isaías. En ellas tenemos como un mapa del Corazón de Cristo, y también un ideal claro hacia el cual hemos de tender si somos discípulos del Señor.
Homilía lsan008a, predicada en 20110418, con 4 min. y 26 seg. 
Transcripción:
Creo que todos sabemos y tenemos claro que en esta semana, la Semana Mayor, la Semana Santa, los grandes acontecimientos los celebramos hacia el final. Es lo que se llama el Triduo Pascual. Comienza el Jueves Santo con la celebración de la solemne Eucaristía de la Cena del Señor. Por la tarde sigue con el Viernes Santo, el Sábado Santo y sobre todo aquella cumbre que es la Vigilia Pascual en la noche del sábado hacia el domingo de Pascua. Tenemos esta celebración que es la madre, es lo más santo y lo más hermoso que tenemos en nuestra Iglesia Católica, la Vigilia Pascual. Esos acontecimientos están hacia el final de esta semana, pero eso no significa que los primeros días sean tiempo perdido o como decimos popularmente tiempo de relleno. Estos son los días decisivos, lunes, martes y miércoles son los días decisivos para fijar, para clavar nuestros ojos en la persona de Jesucristo. Si celebramos nuestra Pascua con el Cordero de Dios, quiere decir que su sacrificio es el sacrificio perfecto, la ofrenda perfecta de amor, el acto más pleno de adoración y de obediencia. Es la liturgia por excelencia. Pues bien, hay que conocer a ese Cordero. Para valorar esa sangre hay que conocer la inocencia y la santidad de este Cristo. Y para eso precisamente tenemos estos días, lunes, martes y miércoles. La primera lectura en la Santa Misa de estos tres días está tomada de unos textos muy especiales del profeta Isaías. Se trata de los llamados cánticos del siervo de Yahvé. Qué significa servir a Dios si no es reconocerle como Altísimo, omnipotente, fiel y misericordioso. Servir a Dios, es decir, llegar a ser verdaderos siervos de Dios, equivale a buscar esa plenitud de santidad y esa plenitud de amorosa obediencia, que es lo que se espera de cada uno de nosotros. Es decir, cada uno de nosotros está llamado a ser siervo del Señor, siervo de Yahvé. En el lenguaje del Antiguo Testamento. Y por eso estos textos que se encuentran en el profeta Isaías son tan importantes porque son como una descripción, son como un mapa del corazón de aquel que sirve con todo su ser la voluntad del Señor. Hoy, por ejemplo, tenemos el Capítulo Cuarenta y dos, es el primero de estos cuatro cánticos del siervo. Tres de ellos los vamos a tener lunes, martes y miércoles y el cuarto se reserva para el Día Santísimo, para el Viernes Santo, en que se describe el sacrificio de Cristo con palabras que realmente tocan nuestros corazones. En la lectura de hoy en Isaías cuarenta y dos, el siervo de Yahvé, el siervo de Dios, es aquel que realiza su voluntad, pero de un modo podríamos decir cargado de ternura y compasión. El siervo de Dios sabe reconocer hasta los trazos más humildes del plan del Señor. Y por eso también allí donde parece no haber esperanza, el siervo de Dios todavía reconoce el paso de Dios y por eso es capaz de traer la luz, traer la alegría. Esto lo realizó Cristo. Y esta es también nuestra vocación como servidores del Señor y como discípulos de Jesús. Avancemos entonces con pie firme en esta Semana Santa y demos gracias al Señor que nos permite así renovar nuestra fe.

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