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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La figura del Siervo de Yavé es nítida y a la vez misteriosa.

Homilía lsan003a, predicada en 20030414, con 10 min. y 0 seg.

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Transcripción:

En estos tres primeros días de la Semana Santa, después de Ramos, tomamos en la primera lectura los cánticos del Siervo. Aquellas hermosas piezas de poesía y profecía que encontramos en el libro del profeta Isaías. Y es bueno reflexionar en esta imagen del siervo de Dios, el siervo de Yahvé, porque probablemente fue una de las primeras claves interpretativas que tuvieron los discípulos del Señor Jesús después de los acontecimientos de su Pasión y resurrección. Quiero decir, estos textos bíblicos que nos hablan del siervo de Yahvé. Fueron como los primeros anteojos o de los primeros que utilizaron los creyentes para mirar, para leer, para tratar de comprender y de predicar el misterio de Jesucristo.

¿Quién es este siervo? Cuando escuchamos al principio de la primera lectura mirad a mi siervo, mirad a mi elegido. Parece ser una figura muy definida, pero luego descubrimos que en realidad es múltiple. En algunos momentos parece identificarse con las acciones que históricamente tomó Ciro, rey de los persas, deteniendo la cautividad de Babilonia y otorgando libertad a los judíos para volver a su patria. En otro momento, esta figura del siervo parece ser el profeta que pasa por multitud de congojas, que tiene cantidad de sufrimientos, pero que a la manera de Jeremías, en realidad está cargando sobre sí los pecados. En la tradición de los grandes intercesores, como el mismo Jeremías o como Moisés, el siervo de Yahvé, parece ser un profeta, tal vez el mismo Isaías, o tal vez alguien entre los discípulos de Isaías. En otro momento, el siervo de Yahvé parece ser no tanto una persona como tal, sino más bien el destino, el desenlace de un pueblo, el pueblo mismo que se convierte en luz para las naciones, porque es la gran señal de la Alianza. Esa es la frase que nos hemos encontrado hoy, te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.

Parece ser que este siervo fuera como el lugar de la alianza, el lugar del encuentro con Dios. Y tengo entendido que la interpretación más fuerte de este pasaje en el contexto judío es precisamente que ellos son este siervo. Ellos, como pueblo, son los que han padecido, son los que han sufrido y son los que han permanecido fieles a Dios. Y son también la gran señal para las naciones. Así que la figura del siervo de Dios, el siervo de Yahvé, que tiene unos cuatro cánticos en el profeta Isaías, es una figura a la vez nítida y simbólica, muy definida y a la vez misteriosa. Pero si nosotros pensamos que Cristo mismo, aunque es perfectamente definido en su identidad es uno y es muchos porque es uno y a la vez carga con la suerte de su pueblo. Cristo, especialmente en la cruz, está viviendo y está reviviendo tanto las culpas de Israel como el odio hacia Israel. Cristo es un pueblo. Cristo en la cruz es un pueblo y si lo miramos bien, no solo es un pueblo, es todos los pueblos. Porque todo ser humano, según ha enseñado el Papa Juan Pablo, todo ser humano cuando contempla con atención a Jesucristo, especialmente en la cruz, no puede dejar de reconocerse ahí de alguna manera, en esas llagas, en esos dolores, en esas tribulaciones o en esa soledad y abandono. Cristo es el siervo de Yahvé. Y si el siervo es a la vez tan nítido y tan difuso, tan definido y tan misterioso. Así también es Cristo.

El misterio de Cristo no es solamente el misterio de una persona colgada en una cruz. Es el misterio de la miseria y la limitación humana, y es el misterio de la Alianza siempre renovada, la alianza siempre victoriosa que Dios ofrece, hasta conseguirla finalmente por el ministerio del mismo Cristo. ¿Cuáles son las características de este siervo? Cada cántico insiste en algunos aspectos. En esta lectura de hoy, por ejemplo, vale la pena destacar eso que se dice de de la victoria es el que realiza el designio de Dios. Dice aquí: Sobre él he puesto mi espíritu para que traiga el derecho a las naciones. Es realmente ungido por Dios para realizar hasta el final un plan. Un plan que significa salvación, que significa justicia. Pero lo maravilloso es el contraste entre esa imagen de fortaleza y la imagen de compasión que acompaña esa fortaleza. Porque aquí estamos hablando del siervo de Yahvé, no de Superman. Superman, al fin y al cabo, lucha también por la verdad y la justicia. Por lo menos eso me enseñaron a mí de niño. Levanta su puño derecho y dice: A luchar por la justicia y vuela y salva a doncellas en peligro. Detiene atracos de bancos, rescata secuestrados y hace multitud de obras maravillosas. Ese es Superman. Ese no es el siervo.

El siervo no es alguien dotado de poderes sobrehumanos para imponer la voluntad de Dios, sino para realizar el designio de Dios. Y por eso, junto a esa imagen de victoria, traerá el derecho a las naciones. Viene una imagen de humildad, de mansedumbre y de compasión. No gritará entonces no es Superman. No clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Eso, pequeño, eso agonizante, eso que ya muere todavía tiene sentido para este grande. Y aquí seguimos, sacando enseñanzas espirituales de la guerra entre Estados Unidos e Irak. como algunos niños han resultado muertos, mutilados, descabezados, destrozados por bombas, y eso repugna a la opinión pública. Y como se trata de muertes de civiles, entonces se critica a los Estados Unidos. Pero el ministro de Defensa de los Estados Unidos dice: Toda guerra trae víctimas y más o menos el mensaje es este es un daño colateral, pero al final todos vamos a estar contentos porque se quitó un terrible tirano de en medio. Es decir, Saddam Hussein. Esa es la imagen de un Superman, esa es la imagen de una aplanadora, esa es la imagen de un tanque, esa es la imagen de un fuerte que va a traer el derecho a las naciones. Porque eso es lo que dice Estados Unidos, que va a traer el derecho a las naciones. Yo voy a cambiar la historia del mundo, yo voy a marcar un nuevo rumbo a los pueblos, yo voy a reordenar los países. Eso anuncian los Estados Unidos. Y aquí dice que el siervo de Dios va a traer el derecho a las naciones.

Pero el que va a traer el derecho a las naciones tiene esta compasión. No grita, no clama, no vocea por las calles, y es capaz de respetar a una caña ya cascada, ya partida, y es capaz de proteger a un pabilo apenas vacilante. Bueno, dejémonos llevar, dejémonos educar por esta imagen que nos ofrece el profeta Isaías. Reconozcamos a Cristo en estas actitudes admirémonos de cómo en Cristo se unen esa fortaleza y esa ternura, esa victoria y esa mansedumbre, ese poder y esa compasión. Admiremos a Jesús para que nunca se nos olvide quién es el que trae el derecho a las naciones.

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