Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Conocer el alma de Cristo.

Homilía lsan002a, predicada en 20010409, con 15 min. y 15 seg.

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Transcripción:

¿Cómo son las lecturas de estos días Santos? Tenemos tres días al comienzo de esta semana, lunes, martes y miércoles. El día jueves sabemos lo que vamos a celebrar la cena del Señor el viernes, sabemos lo que vamos a celebrar la muerte de nuestro Señor en la cruz, el sábado, después de un prolongado y santo silencio, vamos a celebrar la Vigilia Pascual. Y esa luz de la Pascua ocupa no solo el domingo, sino a toda la semana que sigue, que se llama la octava de Pascua. Octava porque tiene ocho días de domingo a domingo y todavía más se prolonga en el tiempo que se llama tiempo de Pascua.

Sabemos qué es lo que empieza el día jueves, pero antes del jueves tenemos el lunes, el martes y el miércoles. ¿Qué es lo que nos va a dar la Iglesia en estos tres días? Vamos a encontrar al profeta Isaías en la primera lectura. Son textos muy bien escogidos. Corresponden a lo que se llaman los cánticos del siervo. El libro del profeta Isaías es un libro largo dentro de la Biblia. Tiene más de sesenta, treinta capítulos. En todos esos capítulos hay unas especies de poemas, de cánticos que nos describen el perfil espiritual de una persona o tal vez de un pueblo. El siervo de Dios, Isaías, fue un gran profeta. Isaías gozó de una altísima inspiración, no solo en el sentido de estar unido a Dios en sus profecías, sino también en el sentido de hermosura de la estructura de su Palabra.

La palabra de Isaías podemos decir que es alta y hermosa literatura. Y estos cuatro textos que existen en el profeta Isaías son los cánticos del siervo. Son cuatro descripciones de una persona tal vez, o de un pueblo que sirve a Dios. Podemos decir que con estos textos Isaías muestra, qué es servir a Dios, cómo es el servicio de Dios. El verdadero servidor de Dios. ¿A qué conduce servir a Dios? Pero eso no está presentado como una pregunta filosófica o teológica, sino presentado de una manera poética. El instrumento de Isaías es la poesía y nos describe de una manera poética cuál es el verdadero sentido del servicio de Dios. El primer cántico está en el Capítulo Cuarenta y dos de Isaías. Es el que hemos oído hoy.

El segundo cántico está en el Capítulo Cuarenta y nueve y lo vamos a oír mañana. El tercer cántico es del veintiuno cincuenta y está para el miércoles. Y luego, en algún momento, vamos a oír el cuarto cántico del cierre del Capítulo Cincuenta y dos y cincuenta y tres. El rostro del servidor de Dios. ¿Qué es servir a Dios? Eso es lo que nos va a contar.

Y cómo el gran servidor de Dios, el que mostró lo que significa verdaderamente servir a Dios, fue Cristo. Estos cánticos son como un retrato espiritual de Cristo. En esta iglesia, como en muchos otros lugares, se acostumbra a repetir esa oración que ya se conoce en todos los continentes: Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, Sálvame. Y las demás invocaciones. Alma de Cristo, santifícame. El cuerpo de Cristo lo vemos en la cruz, lo vemos desangrado, lo vemos roto, atravesado por los clavos, penetrado por las espinas, humillado por los escupitajos, colmado de sudor y de sangre. Ese es el cuerpo de Cristo. Así es Cristo en su Pasión. Pero se imagina que un artista nos presentara, no como quedó el cuerpo de Cristo, sino cómo quedó el alma de Cristo. No es asunto de un pintor o de un escultor. Necesitamos alguien que nos cuente qué hay dentro de Cristo. ¿Cómo es Cristo por dentro? ¿Cómo vivió Cristo su donación hasta el extremo? ¿Qué odio dentro de Cristo para entregarse en obediencia de amor al Padre por nuestra salvación? Esa es la pregunta, porque no venimos a la Semana Santa para ver simplemente como torturan y despedazan a un pobre hombre.

Hay muchos torturados, hay muchos masacrados, hay muchos despedazados, y eso no significa necesariamente mucha salvación. La crueldad, la locura, la prepotencia del ser humano le ha llevado a torturar a su semejante. Eso sucedió en la antigüedad. Y eso sucede también en nuestros días. Eso ha pasado lejos de aquí y también cerca de aquí. Hay mentes enfermas que se gozan torturando, haciendo sufrir al otro hasta el paroxismo. Mientras tanto. ¿Y qué? ¿Ver esos cuerpos despedazados, mutilados, torturados hasta la muerte produce salvación? No necesariamente. No es un cuerpo mutilado. No es un cuerpo adolorido, destrozado. Lo que produce salvación, lo que produce salvación es ¿qué había ahí? ¿Por qué se llegó a eso? ¿En qué circunstancias y con qué amor se llegó a eso? No venimos a la Semana Santa para ver cómo mataron a otro.

En nuestro país, por ejemplo, se mata a mucha gente y mucha de la gente que se mata no es de un disparo, no es ahorcándola o asfixiándola en un momento, es como una tortura, una tortura pensada fríamente, sádicamente, cruelmente. ¿Produce salvación? Eso no, no la produce. Muchas veces lo que produce es ira y venganza. Cristo no es un torturado más. Hay que vivir la Semana Santa. No como quien mira y mira un cuerpo despedazado, sino como el que mira y mira un alma enamorada. Esa es la Semana Santa. Encontrar el amor. Amor hasta la sangre, amor hasta los clavos, hasta la cruz, hasta los azotes, hasta las espinas. Pero es encontrar amor. Y el amor es la forma del alma. Es el retrato del alma. Por eso, mis amigos, por eso esta primera lectura. Hay que acercarse al libro de Isaías, Capítulo cuarenta y dos. Capítulo cuarenta y nueve. Capítulo cincuenta y capítulo cincuenta y dos. Lo demás es ir a la iglesia a ver un señor rojo por todas partes. Eso deja muy poco. Y como yo estoy cansado de la Semana Santa que dejan muy poco. Quiero que tengamos una bondad de Dios, una Semana Santa que nos deje mucho, mucho. La Semana Santa nos deja muchos y nos deja distintos. Y la Semana Santa nos deja distintos. Sí, nos deja enamorados, sí, nos deja apresados, poseídos por el amor de Cristo.

Por eso hay que conocer el alma de Cristo. Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Hay que conocer el alma de Cristo. No se trata de imaginar a Cristo. Hay que conocer el alma de Cristo, ¿Donde se conoce el alma de Cristo? En la Escritura, Capítulo cuarenta y dos, Capítulo cuarenta y nueve, Capítulo cincuenta y Capítulo cincuenta y dos. Del profeta Isaías. Nosotros los católicos sabemos que las imágenes se pueden utilizar bien. Eso es cierto, pero también se pueden utilizar mal. El hecho de que se puedan utilizar bien no quiere decir que no se puedan utilizar mal. Y una de las maneras de utilizar mal una imagen es pedirle lo que una imagen no puede dar. Yo miro, cómo miramos las imágenes, Por ejemplo, las imágenes de la Virgen, las imágenes de Cristo, con qué devoción y con qué amor fijamos nuestros ojos como queriendo grabar en el corazón cada pequeño rasgo de la imagen. Y verdad que hay imágenes que le inspiran a uno devoción, le inspiran piedad. Pero la imagen no puede dar más. La imagen tiene un límite. Así como el cuerpo tiene sus ojos, existen los ojos del alma y hay que darle de qué alimentarse a los ojos del alma. Así como con los ojos del cuerpo vemos los colores o las formas de las estatuas o de los cuadros. Con los ojos del alma, hay que mirar el alma de Cristo y para eso necesitamos esta palabra.

Lo repito porque yo tengo la esperanza de que algunos de ustedes. Esta noche, ya mañana tendremos otra misa. Esta noche se acerque a la Biblia Capítulo cuarenta y dos de Isaías, Capítulo cuarenta y nueve cincuenta o cincuenta y dos. Se lo está diciendo un sacerdote católico, predicador que quiere querer a Cristo. No espere a que aparezca un pastor protestante para decirle: Le vengo a presentar la Biblia ahora sí, con ustedes la Biblia. Soy yo quien le está diciendo: Abra su Biblia.

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