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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El vocabulario fundamental de la Cuaresma

Homilía kmce029a, predicada en 20260218, con 7 min. y 0 seg.

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Transcripción:

Hermanos muy queridos, con esta celebración tan significativa, damos comienzo al tiempo de Cuaresma y la palabra que viene a mi mente es la palabra peregrinación, la palabra camino, porque vamos a recorrer un camino que, como nos dijo el Padre Prior al comienzo de la Santa Misa, nos conduce hacia la cumbre luminosa del Calvario y, sobre todo, a la gloria de la Resurrección. Se puede decir que nos vamos de peregrinación. Cuando uno escucha esta palabra, piensa en un desplazamiento espacial, por ejemplo, ir a peregrinar al Santuario de Nuestra Señora de Chiquinquirá o a tantos otros lugares señalados por la providencia de Dios como lugares de oración, lugares santos.

La Cuaresma es una peregrinación diferente, no es tanto una peregrinación exterior, sino interior. Por eso, en el Evangelio que nos propone la Iglesia tomado de San Mateo, el énfasis está en lo secreto, en lo escondido, en lo que solamente Dios conoce, en lo profundo del corazón. Vamos a hacer una peregrinación que supone una transformación, un cambio. Por eso también se escucha en el Miércoles de Ceniza: Conviértete y cree en el Evangelio. Cuando una persona va a hacer una peregrinación a otro país, posiblemente le toca aprender algunas palabras en otro idioma.

Quizás hay gente que desea ir a Asís, va a necesitar algunas palabras en italiano. O quiere ir a Lourdes y entonces, le conviene tener algunas palabras en francés. Quizás, como ha quedado grabado en mi corazón, alguien quiera ir al Santuario de la Virgen en Irlanda, Santuario de Knock, conviene tener algunas palabras en inglés. Pues ahora que vamos a hacer esta peregrinación que es la Cuaresma, familiaricémonos brevemente con el lenguaje de la Cuaresma. Ante todo, tenemos tres palabras que son clásicas y que vienen, incluso desde antes de Cristo, están en el Antiguo Testamento.

Son tres prácticas propias de la Cuaresma y se mencionan en el Evangelio de hoy. La limosna que nos invita a salir de nosotros mismos para ayudar y para servir a los hermanos. El ayuno que nos invita a moderar nuestros deseos y a poner toda nuestra esperanza en Dios que provee. Y la oración que nos hace volver hacia el Señor, escuchar con provecho su Palabra, dejarnos formar por Él. Tomemos esas tres palabras como el vocabulario fundamental de la Cuaresma. Pero conviene también unir algunas otras, como, por ejemplo, escuchar. Tiempo de Cuaresma es tiempo de escucha.

Aquello que dice el Salmo invitatorio, el Salmo 95, que en la liturgia es el Salmo 94. Conviene escucharlo y hacerlo realidad en nosotros, porque las palabras de este salmo son precisamente: «Ojalá escuchéis hoy su voz. No endurezcáis vuestro corazón». La Cuaresma quiere romper esa coraza de orgullo o de indiferencia, o de pereza que nos mantiene lejos del querer de Dios y de la Palabra que nos ha dado el Señor. La Cuaresma nos invita a romper esa muralla, esa coraza, esa sordera y abrirnos a la voz de Dios que nos transforma. Escuchar entonces, es otra palabra importante.

La palabra penitencia en sus diversas formas, también la vamos a oír muchas veces. De hecho, la ceniza que vamos a recibir en nuestras cabezas es una señal de penitencia. Y sin penitencia, esa ceniza quedaría como un signo puramente externo, como un ritual casi supersticioso. La penitencia nos está indicando dos cosas. Primera, que no podemos someternos a la tiranía, al atractivo de las cosas de este mundo. Y segundo, que el camino de la redención, como el camino de la cruz de Cristo, pasa también por el sufrimiento, de tal manera que la penitencia hace más recio nuestro carácter y hace más solidario nuestro corazón.

La última palabra que quiero destacar es la palabra esperanza. Nosotros no hacemos penitencia, ayuno y oración solamente como un ejercicio triste. Nuestro camino está marcado por la esperanza. En primer lugar, porque no caminamos solos, estamos acompañando a Cristo, que tuvo esos 40 días en el desierto y, sobre todo, nuestro camino es de esperanza, porque sabemos que al final lo que vamos a encontrar es la perfecta reconciliación en la sangre de Cristo y la fuerza nueva que nos da la resurrección del Señor. Sigamos con amor esta celebración y empecemos con humildad y con fe nuestro tiempo de Cuaresma.

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