Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Recordar la muerte nos ayuda a valorar mejor alegrías y tristezas, viendo qué tiene verdadero sentido. Solo lo que tiene sabor de eternidad supera ese filtro y es lo que realmente cuenta.

Homilía kmce028a, predicada en 20260218, con 10 min. y 12 seg.

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Transcripción:

En una de las paredes exteriores del templo del convento de Santo Domingo, donde yo vivo en Bogotá, hay un pequeño nicho con una imagen de bulto de San Francisco de Asís. A los pies de esa imagen aparece una calavera. Como es una imagen, esta imagen de San Francisco, una imagen que está ahí, a la vista de todos los que caminen por los corredores de mi convento, pues varias personas a lo largo de los años me han preguntado: ¿qué hace esa calavera ahí?, ¿por qué hay una calavera? La respuesta es que hay una calavera, porque representa un aspecto de la vida de ese santo, en este caso de San Francisco de Asís. Y ¿cuál es ese aspecto? ese aspecto es la meditación en la muerte.

Hay un cuadro famoso de Santa Catalina de Siena que también presenta esta santa, como en actitud de escribiente, y en el escritorio donde ella está haciendo su labor aparece también una calavera. Y si buscas un poco en internet, te vas a encontrar que no es una imagen, digamos, tan rara, aparece con cierta frecuencia. Esto tiene mucho que ver con el día litúrgico que estamos celebrando, es decir, el Miércoles de Ceniza.

Cuando yo era niño solía recibir la ceniza en el convento, en el colegio donde yo estudié, el colegio Santo Tomás de Aquino, en la ciudad de Bogotá. Recuerdos inmensamente bellos tengo de mi colegio Santo Tomás de Aquino, que ahí está en Bogotá y sigue prestando un servicio magnífico, es un verdadero faro, me parece a mí, dentro de la educación en Bogotá y en Colombia, colegio Santo Tomás de Aquino. Pues bien, yo solía recibir de niño, solía recibir la ceniza en el colegio y en aquel tiempo la frase que se decía invariablemente era: «Acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás». Es una frase que está haciendo alusión, pues precisamente a la muerte, está haciendo referencia al hecho de que vamos a morir. O sea, ten presente que te vas a morir, ten presente que la muerte llega.

En la Edad Media era tan frecuente esto de recordar la muerte, que hay historias, algunas de ellas incluso simpáticas al respecto, por ejemplo, se cuenta que algunos monjes en los monasterios antiguos del medioevo tenían la costumbre de guardar estricto silencio y de las pocas frases que podían decirse los monjes unos a otros en medio de ese silencio tan religiosamente custodiado, era esta frase: «Hermano, que morir tenemos». Y el otro, el aludido, respondía: «El día y la hora, no lo sabemos». Puede parecer un poco oscuro, un poco lúgubre, esa manera de saludarse y esa manera de tratarse. Puede parecer extraño y, sin embargo, tiene muchísimo sentido recordar con frecuencia la muerte, ya veremos en qué condiciones trae grandes ventajas para la vida. Óyeme esta frase y escríbela que te conviene: recordar la muerte mejora la vida.

Por eso, también hay una expresión que es muy propia también de la Edad Media y que indica eso mismo, es decir, la necesidad de recordar la muerte. En latín, acuérdate de la muerte o acuérdate del morir, se dice con esta expresión: memento mori. Memento es una expresión de un verbo latino que significa: acuérdate, acuérdate que viene la muerte, acuérdate que te vas a morir. Bueno, esa, esa expresión, repito, puede parecer terriblemente depresiva.

Pensemos en una persona que está viviendo una época feliz, por ejemplo, se acaba de casar, está muy, muy contento con su esposa o con su esposo, o una persona que acaba de recibir un ascenso a un mejor puesto de trabajo. Esa persona, pues, definitivamente no quiere pensar en la muerte. Una persona que está emprendiendo un nuevo estudio, está iniciando una maestría. Una persona que por fin tiene su propia empresa, que tiene su propio taller, por ejemplo. Siempre su sueño fue tener un taller y por fin lo tiene y está feliz porque tiene su taller y está feliz porque está emprendiendo algo nuevo. Y ahora, cómo le decimos a esa persona que se acuerde de que se va a morir, ¿qué sentido tiene eso? pues te voy a contar cuál es el sentido que tiene, el sentido que tiene eso de: acuérdate que te vas a morir, es aprender a dimensionar las alegrías y las tristezas con respecto a ese final.

Te lo voy a decir de esta manera: ese final que es la muerte, es como un examen, vamos a llamarlo un examen. Y resulta que hay alegrías que no pasan este examen, hay alegrías que sí pasan el examen, hay tristezas que no pasan el examen y hay tristezas que sí lo pasan. Entonces, ese examen o ese filtro te sirve para, efectivamente, filtrar las alegrías y filtrar las tristezas, de manera que puedas vivir de una manera más sabia, puedas vivir de una manera mejor. Vamos a mirar esto, supongamos que me han mejorado mi sueldo, me dieron un ascenso, me voy a ganar muchísimo dinero más. Eso usualmente produce una gran alegría. Pero esa alegría, de acuerdo con lo que estamos diciendo, hay que filtrarla, filtrar las alegrías, esa es la clave. Entonces vamos a filtrar esa alegría, ¿ganar mucho dinero más es bueno o es malo? Pues puede servir para bien o puede servir para mal y que sirva para bien o para mal, no depende de la cantidad, depende del uso. Entonces, si yo utilizo ese dinero únicamente para darme gusto con toda clase de placeres, o utilizo ese dinero de una manera egoísta, o utilizo ese dinero para el pecado, por ejemplo, para invertir en una industria sucia, corrupta o para comprar conciencias, pues lo estoy utilizando mal. Entonces, al pasar el dinero por ese filtro, cuando yo paso el dinero por ese filtro, pues el filtro me dice que no todo lo que venga con ese dinero será bueno. Además, ese filtro me está recordando que, como decía el Papa Francisco, nunca hemos visto una muerte con camión de mudanzas. De manera que, tendrás que dejar todo ese dinero. Entonces, la alegría de ese dinero se relativiza.

Ahora, demos otro ejemplo, supongamos que tú has ayudado a que un amigo tuyo se acerque a Dios. Este hombre tenía el matrimonio destruido, tenía la vida al revés, estaba en una angustia permanente y en un conflicto interno permanente, y en esas circunstancias, pues tiene una conversación contigo y tal vez varias conversaciones, y finalmente se anima a hacer un buen retiro espiritual. Y finalmente su matrimonio se salvó. Y finalmente, pues él encontró una nueva ruta y pudiste hacer una obra muy buena, muy, muy buena. Ahora, yo te hago una pregunta: esa alegría que tú sientes por el bien que le pudiste hacer a tu amigo, esa alegría, ¿esa alegría pasa el filtro? esa es la pregunta: pasar el filtro, ¿esa alegría pasa el filtro? y la respuesta es claro que sí.

Es decir, hay alegrías que atraviesan el filtro, hay alegrías que atraviesan el umbral de la muerte y por eso, la muerte, representada pictóricamente, como ya dije al principio, por ejemplo, con una calavera, la muerte es el filtro, lo que pueda pasar por ese filtro, lo que valga, lo que tenga sabor de eternidad, lo que tenga valor permanente, por ahí es, por ahí es. Eso es lo que realmente cuenta, eso es lo que realmente importa. Entonces, recordar la muerte no es simplemente deprimirse o estar todo el tiempo como con una especie de angustia existencial. No, el cristiano no está para eso, el cristiano está para tener presente que hay un filtro y que lo que valga la pena, pues puede pasar por ese filtro y lo que no pase por ese filtro no vale la pena. Dios bendiga tu Miércoles de Ceniza y el mío. Amén.

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