Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Oremos para que todos y empezando por los sacerdotes, en la Cuaresma seamos conscientes de las traiciones contra el amor de Dios, pidiendo a Él fervorosamente por la conversión de todos.

Homilía kmce019a, predicada en 20170301, con 4 min. y 57 seg.

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Transcripción:

Con el Miércoles de Ceniza, nuestra Iglesia Católica inicia solemnemente la Cuaresma. Vamos a acompañar a Cristo en el desierto. Vamos a hacer un camino en el que Dios, por la gracia de su Espíritu, va a iluminar más y más nuestros corazones. Nos va a ayudar a reconocer nuestras debilidades y pecados y nos va a fortalecer también en nuestra lucha contra el demonio, nuestra lucha contra el poder de las tinieblas. Ese es el propósito de la Cuaresma. Y a través de ese conocimiento más profundo de nosotros mismos y a través de esa fortaleza interior, prepararemos nuestros ojos para contemplar de una manera nueva, con mayor amor, con mayor intensidad, con mayor gratitud, el sacrificio de Cristo en la cruz. Bañados por la sangre del Cordero, purificados por su amor lleno de fuego, podremos también apreciar lo que significa el don de la Pascua y podremos celebrar ya desde esta tierra lo que únicamente es digno de ser celebrado en el cielo. Esa es la Cuaresma y hoy estamos empezando la Cuaresma.

Quiero subrayar un versículo de la primera lectura, que fue tomada del capítulo segundo del profeta Joel. Dice Joel: «Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor». La Cuaresma es una invitación para todo el pueblo de Dios. Pero es necesario que, sobre todo nosotros, los consagrados y particularmente los sacerdotes, entremos en este camino, si se quiere, con mayor impulso, con mayor vigor, con mayor ritmo. Y ese vigor, ese impulso y ese ritmo, son ante todo una transformación interior. No es posible decir que uno ama a Dios si no ama a su gloria, y no es posible decir que uno ama la gloria de Dios si no siente dolor por tantas ofensas, por tantas contradicciones, por tantas burlas, por tantas profanaciones, por tantas traiciones al Señor.

A todo el pueblo cristiano, repito, pero muy especialmente a nosotros los sacerdotes, se nos llama para que entremos por el camino del dolor. Pero un dolor que tiene su fuente en el amor y un amor que tiene su fuente en la escucha profunda, más profunda, de la Palabra de Dios. Cuando los ecos de la Palabra divina de verdad resuenan en el corazón del sacerdote, entonces se da cuenta de hasta dónde el Señor de verdad lo ha dado todo, todo por nosotros. Y cuando llegamos a comprender, aunque sea solo un poco de esa generosidad, entonces llegamos a comprender también que es muy terrible la traición, que es muy dura la traición, y que la fe cristiana está siendo traicionada a todos los niveles en la Iglesia, entonces tenemos que pedir conversión. Pero, no es una simple labor, no es simplemente una tarea, ha de ser el fruto de un corazón que ha descubierto con horror, lo que grandes santos como Francisco de Asís pudieron ver: el amor no es amado. Cuando llegamos a descubrir eso, entonces nuestros corazones se quebrantan. Y cuando se rompe el corazón para recibir de Dios un nuevo corazón, entonces la Cuaresma tiene sentido.

Pidamos al Señor que, empezando por nosotros los sacerdotes, la Cuaresma sea un ejercicio de dolor de amor, o sea, un ejercicio de amor con los ojos abiertos, que por consiguiente, se da cuenta de cuántas traiciones hay al amor de Dios. Renovados así, por ese amor, podremos predicar de un modo nuevo, podremos confesar de un modo nuevo, podremos aconsejar de un modo nuevo. No para ser cómplices de este mundo, sino para ser compañeros de batalla junto a Cristo, nuestro capitán, nuestro modelo, nuestro amigo entrañable, esposo de nuestras almas.

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