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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuaresma: hacer camino con Cristo hacia la Pascua.

Homilía kmce018a, predicada en 20160210, con 13 min. y 59 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, con esta celebración del Miércoles de Ceniza, iniciamos el camino de la Cuaresma. Acompañamos a Jesucristo, ese es el objetivo primordial de la Cuaresma. Los Evangelios nos dicen que Cristo, por cuarenta días, estaba acordándome los cuarenta años del pueblo en el desierto, Cristo por cuarenta días ayunó, hizo oración y penitencia en el desierto. La Iglesia, como esposa de Cristo, no puede ser ajena a ese tiempo de oración y de penitencia de su esposo, y por eso, la Iglesia hace penitencia durante este tiempo. Así que lo primero que hay que recordar en la Cuaresma es: queremos acompañar a Jesucristo.

Lo segundo que hay que recordar es que nuestra compañía no es estática, hacemos camino con Cristo. La vida cristiana en general y la Cuaresma en particular, miran hacia una meta. Desde ya, con humildad de corazón y con espíritu de penitencia y conversión, ponemos nuestra mirada en el gran misterio de la Cruz y en la gran victoria de la Pascua. Nuestros frailes, aquí en el convento de Santo Domingo, han querido recordar esos dos elementos con esa inmensa cruz que tenemos, como presidiendo todo este recinto y luego este cirio enorme que nos recuerda el cirio de la Pascua. La Cuaresma no es simplemente un repetir unas prácticas, es ponerse en movimiento. Esto es lo segundo que debemos recordar, la Cuaresma tiene una meta, esa meta se llama: la Pascua.

Y los días centrales de esa celebración se llaman: el Triduo Pascual. El Triduo Pascual empieza con la celebración del Jueves Santo, la Cena del Señor, pasa por el viacrucis y sobre todo por la acción litúrgica de la Pasión del Señor y llega a su punto más alto, el más bello, en la Vigilia Pascual en la que proclamamos la victoria del Señor. Así que la Cuaresma nos pone en movimiento, eso es lo que queremos en este tiempo. Llevamos dos elementos: el primer punto es que la Cuaresma es para acompañar a Cristo. El segundo punto es que la Cuaresma es para ponerse en movimiento.

El tercer elemento es muy conocido desde los tiempos del judaísmo. Hay ejercicios, hay prácticas que nos ayudan a hacer este camino. Y esos ejercicios son tres y los habrás encontrado en casi cualquier material católico, impreso o en internet, que hayas visto. Las tres palabras que todo católico debe tener claras como ejercicios de la Cuaresma son: el ayuno, la oración y la limosna o las obras de misericordia. Muchos han predicado y muy bien sobre estas prácticas. Si tienen ocasión de acercarse a internet, miren ustedes la homilía del Miércoles de Ceniza de este año, dicha por el Papa Francisco, es una belleza y como de costumbre, él nos subraya esos tres elementos, esos tres ejercicios de la Cuaresma: el ayuno, la oración y la misericordia.

El ayuno sirve para restablecer el orden en nuestra relación con nosotros mismos, aprender a ponerle freno y orden a nuestros deseos, a nuestros apetitos. Es una manera de aprender a amarnos a nosotros mismos. Porque el exceso no es bueno, no trae salud. Por eso, aprender a ser dueños de nosotros, es una manera de aprender el verdadero sentido de amarse uno mismo.

La oración restablece, reconstruye y fortalece nuestra relación con Dios, que es amor. La oración nos permite asomarnos al océano del amor de Dios. Nos permite bañarnos en su ternura, reconocer su bondad. Y luego la limosna, como se decía tradicionalmente, pero gusta mucho hablar hoy de la misericordia, especialmente en el Año de la Misericordia, es una manera de reconstruir y restablecer el tejido social y en particular, que cada uno mire qué está haciendo, qué ha dejado de hacer para amar a su prójimo.

Por eso, son tan universales y tan necesarias las tres prácticas de Cuaresma, porque traen orden, porque traen vida, salud y belleza. El ayuno trae orden, salud a la relación que tengo con mi propia vida. La oración, mi relación con Dios y las obras de misericordia, la relación con el prójimo, lo cual quiere decir que una Cuaresma bien vivida, renueva la vida. Eso le da mucho sentido al signo de la ceniza que vamos a tener en unos minutos, porque la ceniza es la señal de lo que ya acabó, de lo que ya termina. Y por eso, siguiendo la práctica judía de los que se echaban polvo, ceniza sobre sus cabezas, reconociéndose en cierto sentido muertos, así también nosotros escuchamos la exhortación de San Pablo y queremos morir: morir al pecado, dejar atrás lo que tiene que quedar atrás, dejar que pase lo que pasa. Esa es la manera de renovarse, ¿qué hace el agricultor para embellecer la planta? quita, poda, corta lo que ya no tiene vida. La Iglesia es jardinera, es mamá, nos cuida y quiere podarnos, quiere quitar de nosotros eso que estorba para que seamos renovados.

Así que la tercera enseñanza de hoy es: tenemos unos ejercicios concretos que hay que practicar a través del ayuno, en sus más diversas versiones, desde el ayuno de alimentos, hasta el ayuno de malas costumbres, hasta el ayuno de cosas a las que les gastamos demasiado tiempo, como puede pasar con las redes sociales o como puede pasar con la televisión. El ayuno, la oración, las obras de misericordia, por favor, no esperar al Jueves Santo por la mañana para pensar qué obra de misericordia voy a hacer. Piense usted, desde ya, qué cambio va a traer a su vida en primer lugar para la Cuaresma. Pero Dios quiera que esos cambios, que abrazamos en estos días, se queden con nosotros.

El cuarto punto que quiero destacar lo tomo del profeta Joel. Es la importancia del corazón y tiene mucho que ver con el Evangelio que fue proclamado. Jesús les recuerda a sus contemporáneos las tres prácticas que ya dije: ayuno, oración y limosna. Pero les advierte algo bien importante, no lo hagan solamente por hacerlo. No lo hagan solamente por apariencia, hay que hacer las cosas de corazón. Y por eso nos dice el profeta Joel: «rasgad vuestros corazones, no las vestiduras» ¿qué es eso de rasgar el corazón? la mejor explicación que conozco es dejarse impactar por la Palabra de Dios. Por algo dice la carta a los Hebreos que la Palabra de Dios es como una espada. Tal vez el lenguaje de hoy podríamos decir, y me gusta, es como un misil, es un disparo del amor de Dios. Hay que dejar que la Palabra de Dios nos remueva, hay que dejar que la Palabra de Dios nos interpele. Tenemos que sentir en nuestro corazón que en muchas cosas no estamos bien. Porque una Cuaresma para aquel que se considera bueno, es tiempo perdido. La Cuaresma, en cambio, adquiere un sentido profundo, hermosísimo, en aquella persona que se deja impactar por la Palabra.

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta lo que sucedió cuando San Pedro predicó en el día de Pentecostés. Nos dice ese libro de los Hechos de los Apóstoles que cuando Pedro mencionó la relación que tenía nuestro pecado, que tenía y que tiene nuestro pecado con el dolor y con las llagas de Cristo en la cruz hasta la muerte, cuando Pedro les habló de esa manera y el Espíritu Santo le aclaró a la gente eso interiormente, cuando ellos entendieron que de verdad nuestro pecado es la razón de Cristo en la cruz, entonces ese libro de la Escritura dice: «estas palabras les traspasaron el corazón». Ahí es cuando se cumple lo que nos dice Joel hoy, hay que rasgar el corazón. Rasgar el corazón no es despreciarse uno, no se trata de que nosotros nos consideremos basura. Es verdad que somos hechos de barro, pero también es verdad que somos vasijas de barro, que tenemos tesoros valiosos. No se trata de que te detestes o te desprecies, se trata más bien de descubrir que hay en nosotros eso que llamamos pecado. Y esa realidad de pecado es la causa última del sufrimiento de los inocentes, y entre todos los inocentes, el Cordero Inmaculado que se llama Jesucristo, y que por nosotros ha muerto en la cruz, como recordó la segunda lectura de hoy.

Así que hermanos, nos quedamos con esas cuatro enseñanzas para este Miércoles de Ceniza. A ver si la memoria me da y las puedo repetir en orden: El primer mensaje es que la Cuaresma es para acompañar a Jesucristo. No hagan Cuaresma solos, eso no aguanta uno. La Cuaresma es para estar con Jesús.

Segundo, la Cuaresma tiene una dirección y mira hacia la Pascua.

Tercero, hay ejercicios específicos de la Cuaresma y los vamos a practicar: oración, ayuno, es decir, espíritu de penitencia y práctica de la penitencia y limosna, o también mejor, obras de misericordia corporales y espirituales, nos recuerda el Papa.

Cuarto punto: La verdadera Cuaresma está aquí en el corazón, el corazón que se deja rasgar por el poder de la Palabra de Dios. Feliz el que se deje así impactar por Cristo. Ese pasaje de los Hechos de los Apóstoles que les menciono, acaba de una manera hermosísima, cerca de tres mil, de cinco mil personas recibieron el impacto de la Palabra de Dios, se movieron a conversión y ahí sucedieron los primeros bautismos. Eso que tú y yo hemos recibido también como fruto del amor de Dios y de la Pascua de Cristo.

Sigamos ahora esta celebración imponiendo en nuestras frentes la ceniza, para recordar nuestra condición de pecadores y ya lo dijimos también, para tomar conciencia de que hay cosas que tienen que salir de nuestra vida. Así nos lo conceda Cristo, que es grande en piedad, inagotable en su ternura.

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