Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hoy es Miércoles de Ceniza, empieza la Cuaresma tiempo para disponer nuestro corazón para celebrar la Pascua de Nuestro Señor a través del ayuno, la oración y la limosna.

Homilía kmce017a, predicada en 20160210, con 5 min. y 25 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hoy es Miércoles de Ceniza, hoy empieza la Cuaresma. Hoy empezamos un camino que nos prepara para celebrar la Pascua de nuestro Señor Jesucristo. El propósito principal de la Cuaresma es, precisamente ese, presentar a Dios un pueblo que quiere escucharle, que quiere recibirle, que quiere obedecerle, pero sobre todo, que quiere amarle.

Son grandes los dones que Dios ha preparado para nosotros, pero esos dones reclaman de nosotros un corazón bien dispuesto. Una comparación, que he utilizado muchas veces, es la del hambre y el alimento. De nada sirve el más suculento de los banquetes, para un estómago que no tiene hambre. Y muchas veces no tenemos hambre porque estamos enfermos. Hay muchas enfermedades, como por ejemplo: el cáncer, que hacen que la persona pierda completamente el apetito. Y por eso la Cuaresma tiene también un carácter de ejercicio, de penitencia y ejercicio de curación. A través de un recorrido que se puede comparar con el desierto, la Cuaresma nos invita a reconocer quiénes somos en realidad, a ver nuestros propios límites, a encontrar la raíz de nuestros pecados. La Cuaresma nos acerca también al Médico divino, a Jesucristo el Señor.

Tenemos cuarenta días, ese es el sentido de la palabra Cuaresma. Si haces las cuentas, puedes observar que desde el Miércoles de Ceniza hasta el Sábado Santo, quitando los domingos, sale la cuenta de los cuarenta días, este es un pequeño detalle que muchos católicos desconocen. En cierto sentido, entonces, los domingos de Cuaresma son respiros dentro o descansos dentro de la práctica exigente que debe caracterizar este tiempo. Tres cosas se nos piden, sobre todo, y esas tres están enunciadas en el Evangelio de hoy, tomado de San Mateo, del Sermón de la Montaña. Esas tres prácticas que tenemos los cristianos en Cuaresma han sido heredadas, las hemos heredado de la piedad judía. Las tres cosas o las tres prácticas son: el ayuno, la oración y la limosna.

Ayuno como señal de la sobriedad de nuestra vida. Ayuno, por supuesto, como privación de algunos alimentos y también privación de algunas cosas que nos hacen daño o que utilizamos demasiado frecuentemente o con demasiado placer. El propósito de ese ayuno es preparar el corazón para la generosidad, pero también es enseñarle a recuperar dominio sobre sí mismo, porque con mucha facilidad, y eso sucede bastante en nuestra época, cuando hay tantos placeres que están a la mano, se nos puede olvidar que el camino de nuestra vida cristiana es un camino estrecho, es un camino empinado. Y lo mismo que un soldado fuera de entrenamiento, fácilmente cae en la batalla, así también los católicos, cuando omiten las prácticas de penitencia y particularmente el ayuno, quedan mucho más frágiles, mucho más vulnerables a los ataques del enemigo. Esa es la importancia del ayuno.

Por supuesto, la oración es la que le da el sentido a todo. Oración profunda, oración que quiere escuchar la voluntad de Dios. Oración que no es tanto repetir nuestras palabras, sino acoger más profundamente la Palabra del Señor. A través de ese silencio, a través de esa escucha, nos volvemos nosotros mismos más dispuestos para recibir el mensaje del Señor.

Entonces, fíjate cómo se complementan el ayuno y la oración. El ayuno nos hace más resistentes a las propuestas y seducciones del mundo, mientras que la oración nos hace más blandos, más abiertos a los mensajes, a los llamados del amor de Dios. Menos atención a las seducciones del mundo, más atención a los llamados de Dios.

Pero no nos quedemos en ese, en ese único vínculo. Nuestra fe no se limita únicamente a nuestra relación personal con el Señor, somos parte de un pueblo santo y por eso, a través de la generosidad, a través del compartir, la solidaridad y expresamente la donación de nuestro tiempo, de nuestros talentos, de nuestros bienes, experimentamos la dulzura del amor de Dios. El poder que Él ha tenido en nosotros no quiere detenerse en nosotros, sino que quiere llegar también a nuestros hermanos.

Entremos, pues, con paso firme, con generosidad, desde el primer día de esta Cuaresma, para aprovecharla y para que al final del camino, todo lo que Dios quiere darnos con la riqueza de su Pascua, dé fruto en nosotros.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM