|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Exterior e interior, personal y comunitaria, y sobre todo, llena de verdad: así ha de ser la penitencia y conversión en Cuaresma.
Homilía kmce015a, predicada en 20140305, con 11 min. y 23 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, los frailes de este convento de Santo Domingo han puesto en el centro de nuestra atención una enorme cruz de madera, sencilla, pobre pero elocuente. Quisiera que esa cruz estuviera delante de nosotros, no solamente hoy, cuando empezamos el camino de la Cuaresma. Quisiera que esta cruz nos iluminara el camino, nos mostrara la ruta durante toda la Cuaresma. Y las lecturas de hoy Miércoles de Ceniza, fácilmente pueden acomodarse a la imagen de esa cruz. El mensaje central es muy sencillo, lo hemos escuchado muchas veces: «conviértete y cree en el Evangelio».
Pero son las dimensiones de esa conversión las que debemos recordar a la luz de la palabra y las que podemos ubicar en los extremos de esa cruz. Nos damos cuenta que la cruz tiene dos líneas, una vertical y otra horizontal. La línea vertical puede servir para recordarnos nuestra relación con Dios. La línea horizontal, para recordar la relación con nuestros hermanos. La Cuaresma tiene que ser una renovación en el amor a Dios y en el amor al prójimo, porque estos son los mandamientos principales que hemos recibido.
Pero si vamos al texto de Joel, la primera lectura tomada del capítulo segundo de este profeta, nos damos cuenta de dos cosas: primero, que la penitencia como actitud de conversión, tiene que ser a la vez exterior e interior. Y eso también nos lo puede recordar la cruz que tiene su cabeza y sus pies. La cabeza, aquella parte que sobresale y es visible, nos ayuda a recordar lo exterior y, penitencia exterior es lo que hacemos cuando ponemos ceniza sobre nuestra frente. Saldremos de esta celebración con ceniza y esa ceniza es exterior, es visible, es una manera de decirle a los demás: yo soy un pecador. Eso es lo que quiere decir la ceniza: -soy de barro, soy frágil, me rompo, me equivoco. Vengo del polvo y al polvo he de volver un día. Esa es la dimensión exterior. Por eso, también la Iglesia utiliza ornamentos de extrema sobriedad, como este color morado, que va a ser muy frecuente en toda la Cuaresma.
Hay una dimensión exterior, pero lo más importante es la dimensión interior, esa que se hunde en lo profundo de la tierra junto con la cruz, esa que tiene que hundirse en tu corazón, nos dice Joel: «rasgad los corazones». Así, nos damos cuenta que es necesario que la actitud exterior concuerde con la actitud interior. En el pasaje del Evangelio, tomado del capítulo sexto de San Mateo, vemos cómo Cristo lo que más critica es aquello de que las obras de penitencia o de limosna sean exteriores, pero sin una actitud interior verdadera. Así que, eso también nos lo recuerda la cruz con esa línea vertical, tenemos que hacer penitencia exterior e interior.
En la casa, por ejemplo, es importante que la familia se acostumbre a tener obras de penitencia compartidas, son cosas muy sencillas. Hoy es día de ayuno, los viernes de Cuaresma, son días que se suelen llamar de vigilia y hay una pequeñísima mortificación que se suele hacer y que está mandada, y es la abstención de aquella carne que muchas veces tiene una fuerza nutritiva más considerable. Al omitir esa carne, al sentarse a la mesa la familia y ver que la comida es más sencilla, es menos abundante y en cierto sentido es más frágil. Ahí hay un elemento exterior y esos elementos exteriores son fundamentales para transmitir la fe a los más pequeños. Yo mismo, en mi casa, aprendí de la Cuaresma, del testimonio de mi papá y de la palabra de mi mamá. La sencillez de la comida en Cuaresma era un recordatorio permanente de la necesidad de doblegarnos ante Dios, de salir de nuestros pecados y de estar atentos a las necesidades del prójimo. Así que esa es la parte vertical: penitencia exterior y penitencia interior.
Y la otra línea horizontal nos puede estar recordando que la penitencia es comunitaria y a la vez es personal. La conversión es un acto profundamente personal, es una decisión que solamente tú puedes tomar delante de Dios. Nadie puede convertirte a la fuerza. La conversión sólo puede suceder si tú mismo abres las puertas para que llegue el Señor. Pero, el hecho de que la conversión sea personal no significa que sea un acto individual. Observemos lo que nos dice el profeta Joel: «congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a muchachos y niños de pecho». Tenemos que reunirnos porque resulta que el pecado no es una realidad únicamente individual. Mi pecado te afecta, empobrece tu vida, amarga tu existencia. Mi pecado me vuelve un poco más inútil o un poco inútil para servirte en el nombre de Dios. Tu pecado me hace daño a mí. En la Biblia no existe ningún pecado que sea completamente privado. Esa idea de que hay una vida privada en la cual yo hago lo que se me dé la gana y que ese es problema mío ante Dios, eso es falso, porque cualquier pecado que se cometa, así sea en la oscuridad más recóndita, y así sea en el lugar más oculto, ese pecado ha empobrecido tu capacidad de amor, tu capacidad de oración, tu capacidad de servicio, tu disponibilidad para dar testimonio. En la Biblia no existen pecados privados, pecados que sean indiferentes para la realidad social.
Por eso, la Cuaresma es también un acto eclesial. Es la Iglesia entera la que tiene que reconocer, del Papa hasta el último de los creyentes, todos tenemos que reconocer nuestra necesidad de conversión. Y efectivamente, hoy el Santo Padre, siguiendo una tradición que data de unas cuantas décadas, el Santo Padre Francisco fue a la iglesia de nosotros, los dominicos, allá en Roma, que es una de las basílicas más antiguas, si no la más antigua, de la ciudad de Roma, y allá, delante de todos, fue el primero en recibir la señal de la ceniza: -necesito conversión, nos está diciendo el Papa Francisco. Y siguiendo su ejemplo y acogiéndonos a su predicación, cada uno de nosotros tiene que ser consciente de que necesita hacer su parte para cambiar el mundo.
Así que esas son las enseñanzas que nos deja esta cruz, que la penitencia es exterior y es interior. Que la conversión tiene que notarse, pero que tiene que nacer de dentro. Y a la vez, que la conversión tiene que recorrer toda la sociedad humana desde lo más comunitario y eclesial hasta lo más individual y propio de cada uno. Que el Señor santifique con su Espíritu estos días.
Por favor, seamos concretos en nuestras decisiones cuaresmales. Ve pensando: ¿qué vas a hacer para escuchar más la Palabra de Dios? Ve pensando: ¿qué vas a hacer para orar más, con mayor intensidad, con mayor amor? Ve pensando: ¿qué vas a hacer? ¿cuándo vas a acercarte al sacramento de la reconciliación? Algunos, ya hemos tenido ocasión de recibir hoy, por ejemplo, la confesión. Seguramente la necesitaremos otras veces, pero hay que tomar decisiones concretas. No dejes que la Cuaresma avance y que llegue una Semana Santa sin preparación para desperdiciar otra vez la gracia divina. Que este sea el año en el que te abres al amor de Dios que te llama. El año en el que experimentes su misericordia, que te transforma y convierte. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|