|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una reflexión sobre aquello de rasgar los corazones más que las vestiduras.
Homilía kmce014a, predicada en 20140305, con 4 min. y 22 seg. 
Transcripción:
Empezamos hoy, hermanos, el santo tiempo de la Cuaresma. Hoy es Miércoles de Ceniza, hoy nuestra Iglesia Católica nos recuerda la necesidad de la conversión y nos recuerda que somos indigentes de la gracia divina. Hoy la Palabra de Dios golpea con fuerza nuestro corazón y quiere que ese corazón se rasgue, como nos dice el profeta Joel: «rasgad vuestros corazones, no vuestras vestiduras».
El gesto de rasgarse las vestiduras aparece muchas veces en la Biblia, es una expresión de un dolor intensísimo. Es una expresión de un escándalo supremo. Es una expresión de lo que a veces, en nuestro lenguaje común, llamamos entrar en shock, es decir, llegar al límite de lo que uno puede comprender, llegar al límite de lo que uno puede soportar, llegar al límite de lo que uno puede sufrir. Rasgar las vestiduras es un acto de dolor y es un acto propio de aquellos que han alcanzado su límite y ya no pueden más. Pues esa es la actitud que nos está pidiendo el profeta Joel para iniciar la Cuaresma. Pero no con nuestros vestidos, es decir, no de una manera externa, sino con nuestros corazones, que rasguemos nuestros corazones. Si rasgar las vestiduras es lo propio de aquel que ha llegado al límite y que ya no puede entender más y que ya no puede sufrir más, eso es lo que quiere el profeta que nosotros vivamos, adentro. Es decir, el profeta quiere que nosotros sintamos que ya no aguantamos un pecado más que la vida. Se nos ha vuelto intolerable, que la vida se nos ha vuelto imposible de soportar en las condiciones de pecado en que estamos.
Hay muchos textos del Evangelio que muestran esta maravillosa hora de gracia cuando una persona siente que ya no aguanta un pecado más. Yo creo que un ejemplo típico que lo vamos a escuchar más de una vez en esta Cuaresma, es aquella parábola del capítulo 15 de San Lucas, la parábola del hijo pródigo. Este hombre, aquel que dilapidó los bienes de su herencia, se fue quedando sin nada, se fue quedando sin amigos, sin sus elegantes vestidos, sin su dinero, por supuesto, sin su salud y finalmente sin alimento. Es una escalera, es una degradación que está experimentando, pero tuvo que llegar al fondo, tuvo que tocar fondo y tocó fondo cuando empezó a sentir que ya tenía ganas hasta de llenarse el estómago con el alimento de los cerdos. Entonces como que se dijo: ¿qué más tiene que pasarme? ¿qué más tiene que sucederme? ya no aguanto más. Le pareció tan triste. Le pareció tan arrastrada, tan humillada su condición que ya no pudo más.
Eso es lo que quiere Joel, que nosotros lleguemos a sentir fastidio, fastidio del pecado, que sintamos que ya no aguantamos más, que ya no queremos un pecado más. Que lleguemos a nuestro límite, que toquemos el fondo, que no esperemos a cometer otra mala obra. El que rasga así el corazón, se abre al amor de Dios y experimenta su gracia y su compasión de Padre.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|