Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Con el miércoles de ceniza inicia el santo tiempo de cuaresma en el cual queremos acoger, desde la verdad del corazón, la palabra y el ejemplo de Cristo, que nos llama a conversión.

Homilía kmce007a, predicada en 20110309, con 4 min. y 2 seg.

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Transcripción:

El Miércoles de Ceniza es una de esas fechas que muy pronto, desde niños, hemos aprendido a identificar como parte de nuestra fe cristiana y católica. En efecto, Cristo empezó la predicación de la Buena Noticia llamando a todos a la conversión, y ese es el llamado del que se hace eco nuestra Iglesia, cada Miércoles de Ceniza.

Iniciamos con esta fecha el camino de la Cuaresma, es decir, acompañamos a Jesucristo en el desierto, porque después de su bautismo, nuestro Señor fue como a una especie de retiro espiritual. Y ese tiempo que estuvo en el desierto fue el tiempo para escuchar más profundamente la voluntad del Padre y para iniciar a través del ayuno y el sacrificio, la ofrenda de sí mismo en favor de todos nosotros. Pues nosotros, recibido ese regalo de Jesús, nos unimos a Él mismo para volvernos también regalo nosotros, regalo de amor, regalo de gratitud al Padre Celestial, instrumentos que puedan anunciar idóneamente, creíblemente la salvación de Dios.

Las lecturas de hoy en la Misa nos hablan, por supuesto, de conversión. Y hay una dimensión que se insiste, y es que la conversión es algo interior. Necesitamos, ciertamente, de prácticas exteriores, como el ayuno, como la limosna, como las oraciones públicas que hacemos, pero mal haríamos, quedándonos únicamente en ese aspecto exterior. Por eso nos dice el profeta Joel en el capítulo segundo de su libro: Rasgad vuestros corazones, no las vestiduras.

Es allá en el misterio de nuestra propia conciencia, en el santuario más íntimo de nuestro propio ser, donde tenemos que darle el sí a Dios. Es allá, en el lugar más propio, más secreto, más profundo de nuestro ser, donde nosotros nos resolvemos por Dios o lo rechazamos. Qué importa lo demás, si lo demás muchas veces puede ser apariencia, puede ser engaño, pero no se podrá engañar a Dios. Y por eso Joel nos dice que es el corazón el que tiene que rasgarse, un signo de dolor, pero también una puerta que se abre. El corazón contrito, el corazón rasgado, es el corazón abierto para recibir el bálsamo del consuelo divino y también la fuerza del Espíritu que nos hará nuevos.

La misma idea encontramos en el Evangelio según San Mateo, capítulo sexto, que es el texto propio de hoy. Ahí donde Jesús nos invita a entrar en nosotros mismos, a no buscar simplemente el aplauso o la buena opinión de los demás, sino a ser verdaderos ante Dios, a ser genuinos en nuestra piedad, en nuestra oración, en nuestra penitencia.

Finalmente, el apóstol San Pablo, desde lo profundo de su propio corazón, nos hace un llamado, está en el capítulo quinto de la segunda carta a los Corintios. Pablo, considerándose embajador de Cristo, nos invita, casi nos suplica, a que nos dejemos reconciliar con Dios. Vamos a empezar con pie firme y con gran claridad este santo tiempo de Cuaresma y seguramente recibiremos una cosecha abundante en la Pascua que ya se ve a lo lejos. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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