Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Cuaresma es tiempo para conocernos y encontrarnos a nosotros mismos.

Homilía kmce002a, predicada en 19980225, con 11 min. y 56 seg.

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Transcripción:

Muy queridos hermanos, cada tiempo tiene su belleza, porque Dios todo lo da con amor. A veces nos gusta más el día que la noche, nos parece más alegre, pero Dios da con amor el día, y con amor también da la noche. A veces nos parece más jubilosa la primavera que el invierno, porque vemos muchas flores y muchos colores. Pero Dios da con amor la primavera, y con amor también da el invierno. A nosotros nos gusta sentir la alegría y creo que a ninguno de nosotros le gusta la tristeza. Pero cuando llegan los tiempos de tristeza, Dios no ha dejado de amarnos y cuando llegan los tiempos de alegría, es Él también quien nos ama. Así sucede, queridos hermanos, con los tiempos litúrgicos.

Hoy, de esta manera solemne y bella, estamos iniciando el tiempo de la Cuaresma. Es un tiempo que se parece al invierno, un tiempo que se parece a la noche, un tiempo que se parece a los ratos de tristeza o de dolor. Los colores con que nos vestimos, por ejemplo, este morado que llevo puesto, son colores más bien de luto, de recogimiento. Falta quizás, esa explosión de alegría que ya tendremos ocasión de vivir cuando llegue la Pascua. Pero nadie debe pensar que este tiempo de Cuaresma, o este tiempo de ayuno, o este tiempo de mayor reflexión y oración, es un tiempo como triste. No, es un tiempo de Dios, porque de Dios es el día y la noche, de Dios es el verano y la primavera, y también el invierno, de Dios son todos los tiempos y Él sabe de qué manera nos va dando lo que vamos necesitando. Hermoso es el día, pero bueno es que llegue también el descanso de la noche. Muy bella la primavera, pero bueno también que llegue el recogimiento y ese aire de familia que trae el invierno. Maravillosa la Pascua, pero para tomarle su sabor, ¡qué apropiada la Cuaresma!

Cuaresma, cuarenta días. Cuaresma, un tiempo en que la Iglesia se une a Jesucristo que se fue al desierto. La Biblia nos cuenta que Jesús, después del bautismo, se fue al desierto y en el desierto estuvo cuarenta días con sus noches. Pues así también nosotros nos vamos al desierto, nosotros nos vamos con Jesucristo y por eso la Cuaresma es como un gran retiro espiritual. La Iglesia entera entra en retiro espiritual durante la Cuaresma. Esa es una primera idea.

Segunda, la Cuaresma es una oportunidad, la oportunidad de volver a decirnos la verdad, la oportunidad de ser sinceros con nosotros mismos, la oportunidad de comenzar de nuevo. A veces hablan los psicólogos del complejo de culpa. Y algunas personas creen que el arrepentimiento que nosotros hacemos cuando le pedimos perdón a Dios por los pecados es algo así como un complejo de culpa que tenemos. No, una cosa es el complejo de culpa y otra cosa es el arrepentimiento. El complejo de culpa es una desgracia. El arrepentimiento es una bendición. ¿Cuál es la diferencia? El que tiene complejo de culpa siente que no tiene remedio. Siente que está perdido. Siente que su problema es el más grave que ha sucedido en esta tierra y que, por consiguiente, nadie puede tratarlo. Acto de soberbia. El complejo de culpa supone una especie de egoísmo, de reconcentramiento y, sobre todo, de desconfianza en Dios y de soberbia que hace que yo ponga primero mi criterio al criterio de Dios. ¡Muera el complejo de culpa!, ese no es el sentido de lo que nosotros decimos en la Cuaresma. Arrepentirse de los pecados no es llenarse de culpabilidades. Arrepentirse de los pecados no es llenarse de autocastigos. Ese no es el arrepentimiento del que hablamos en Cuaresma. No es eso. No es eso lo que queremos.

El arrepentimiento es un momento de profunda verdad con mi propio corazón, y sabemos que solo la verdad le da piso a la vida. Cuando un noviazgo, por ejemplo, está montado sobre mentiras, fracasará, tarde o temprano fracasará. Cuando usted va a hacer negocios con una persona, lo primero que usted quiere saber es si esa persona es sincera, porque si no es sincera, si hay mentiras de por medio, no se puede hacer negocio. Solo la verdad le da piso a la vida. El arrepentimiento es, en primer lugar, eso, volver a la verdad. Quizás humilde, quizás herida, quizás golpeada, sencilla, a esa verdad de lo que yo soy. No es acusarse de lo que no he hecho, pero sí es reconocer lo que sí he hecho. Si he mentido, si he robado, si he sido impuro o hipócrita, he sido orgulloso o agresivo, si he sido vengativo o tantas otras cosas. El principio de mi libertad está en reconocer que esa es mi verdad. Seguir construyendo la vida diciendo: es mi vida, yo la hago como yo quiera, es lo mismo que tener a un carro acelerado y el motor fundiéndose y diciendo uno: yo lo acelero como yo quiera. -Señor, usted no hizo ese carro, ese carro tiene límites, usted no puede acelerarlo a esa velocidad, en ese cambio, porque se le va a fundir su carro. -No importa, yo lo acelero, es mi carro. Pues ahí se te ha fundido tu carro.

Lo mismo hay que pensar de la vida humana. ¿Quién de nosotros se dio vida a sí mismo? Nosotros no nos dimos la vida, nosotros no nos hicimos. Nosotros somos hechos, somos criaturas. Luego hay que conocer esta criatura que soy yo, cómo funciona. Y eso es lo que nos propone la Iglesia en el tiempo de Cuaresma, saber cuál es mi verdad profunda y reconocer que muchas veces aceleré cuando no debía y di unas cuantas curvas muy mal dadas. Y esa verdad, esa sinceridad profunda conmigo mismo, esa profunda conciencia de lo que he hecho y de lo que he dejado de hacer, ese es el espacio donde empieza mi libertad. Ahí empiezo a ser libre. Feliz el que entra en la Cuaresma. Feliz el que tiene una Iglesia como la Iglesia Católica. Feliz el que tiene un espacio como este para reconocer con sinceridad: Sí, sí he pecado.

Le voy a contar una historia, usted sabe que a nosotros, los sacerdotes, la gente nos busca por múltiples dificultades. Algunos uno los puede ayudar a resolver, otros no. Con alguna frecuencia me visitan, vienen a consultarme, quieren hablar conmigo parientes de alcohólicos. Hoy, el alcohol, como tantas otras lacras, está haciendo un daño terrible. Parientes de alcohólicos. Y ¿sabe qué es lo que hace sufrir más al pariente de un borracho perdido? Al pariente de un alcohólico, que la bendita persona no reconoce su problema y por eso nunca deja ese problema y se le dice: Mira, tú tienes que beber todas las semanas, siempre te pasas, te enlagunas, dependes de eso. -No, no, no. Es que tú no entiendes, es que tú exageras. ¡Qué Irá, por favor!, qué dolor el que le da a los parientes de un borracho perdido consuetudinario, cuando la persona no empieza por reconocer.

Pero hay historias que acaban felizmente. De pronto, un día la persona reconoce: Sí, necesito ayuda. Necesito ser ayudado. Y ese día, por ejemplo, se une a un grupo como decir Alcohólicos Anónimos o cosa parecida, se reúne a un grupo. Y ¿qué es lo que escuchan? Ahí hay una cantidad de personas, en el grupo de Alcohólicos Anónimos, y de pronto se levanta alguien y dice:

Quiero contarles mi testimonio, quiero que ustedes sepan quién soy yo. Yo empecé a beber por asuntos sociales. Se me volvió una costumbre. Me volví un esclavo del trago. Yo fui un alcohólico perdido y aunque estaba así perdido, ahora mi vida ha ido cambiando y yo estaba destruyendo mi hogar. Pero ahora mi vida va cambiando.

¿Cuál es la maravilla que ha sucedido en ese señor? Que por fin reconoció su situación y ese día empezó a mejorar. Hermanos, eso es lo mismo que quiere la Iglesia de nosotros en este tiempo, que dejemos de decirnos mentiras. Los diez, los doce años que ese señor duró diciendo: No, no, no. Ay, unos traguitos. Yo dejo el trago cuando quiera. Los diez, doce, quince, veinte años que duró diciendo eso, fueron tiempo perdido. Tiempo para destruir su hígado, su cerebro, la paz de su alma, el respeto de los niños y la unidad del hogar. Eso fue lo que perdió en esos años. Si hubiera reconocido, si hubiera empezado por reconocer: Hombre, tengo un problema. Por eso, la Cuaresma es un tiempo para que cada uno de nosotros reconozca que tiene un problema. Y algunos de nosotros quizás tenemos más de un problema, y problemas graves a veces, y problemas serios a veces.

La Cuaresma es ese tiempo bendito para reconocer que tenemos problemas graves de egoísmo, para reconocer que tenemos pecados graves de omisión. Muchos de nosotros quizás no hacemos mucho mal. O hay otra tragedia, tampoco hacemos mucho bien. Y Dios nos trajo a esta tierra no solamente para que evitáramos el mal, sino sobre todo para que hiciéramos el bien. Por eso, yo quiero invitar a todos a que vivamos esta Cuaresma como un acto de profunda verdad, como de intensa verdad ante Dios sobre lo que nosotros somos. El que primero reconozca eso que es, podrá recibir también primero el auxilio del Señor, el poder de su gracia, la gracia de su amor, el amor de su misericordia. Y ese, transformado por ese amor y por ese poder, también dará testimonio de que el Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

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