Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hacer una conversión en nuestra vida.

Homilía kmce001a, predicada en 19960221, con 6 min. y 42 seg.

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Transcripción:

Queridos amigos, hemos escuchado la Palabra de Dios en tres voces distintas:

La voz de un profeta llamado Joel

La voz de un apóstol llamado Pablo

Y la voz de nuestro Salvador llamado Jesucristo

Son tres voces, pero en el fondo es un solo mensaje. Y ese mensaje tiene mucho que ver con esta ceniza que vamos a bendecir dentro de unos minutos y que vamos a imponer sobre nuestras cabezas como señal de penitencia y de conversión.

¿Por qué la premisa? El pueblo de Israel utilizaba este signo para indicar el arrepentimiento, para indicar la humillación. Cuando una persona se tira al suelo, pues se llena de polvo, para señalar, para indicar nuestro arrepentimiento y nuestro abajamiento delante de Dios. Somos como personas que se han postrado ante Él y que se han llenado de polvo y que se han llenado de ceniza. Es decir, que esta ceniza no tiene un valor mágico. Algunas veces hay personas que reciben la ceniza, y este miércoles, que por eso se llama miércoles de ceniza, hay personas que reciben la ceniza como si fuera algo mágico. La semilla que ponemos en nuestra cabeza, en nuestra frente, es una señal de que nuestro corazón se arrepiente delante de Dios, de que reconocemos que en realidad somos como polvo delante de Él, y por eso nadie debe ponerse la ceniza, nadie debe recibir la ceniza si no está convencido de que efectivamente sus pecados y sus faltas le han hecho como polvo delante de Dios.

Pero así, como al principio de la creación del polvo de la tierra, del lodo, de esta naturaleza que ya estaba, Dios pudo formar al ser humano, así también, de nuestro abatimiento y de nuestra ceniza Él puede levantarnos y convertirnos y hacer de nosotros hombres nuevos, mujeres nuevas. Él puede dar el don de su Espíritu, que transforme esa ceniza en la que nos hemos convertido, para que nosotros, transformados por ese Espíritu, como en una nueva creación, seamos ese nuevo Adán que es Cristo y seamos esa nueva Eva, esa mujer que acepta el Evangelio y que es María Santísima.

¿Cuál es entonces el sentido de esta celebración? Nosotros vamos a empezar un camino de conversión. Muchos de ustedes conocen, y conocen mejor que yo, lo que significa una formación, lo que significa una marcha. Y saben de una conversión. Cuando aquel que dirige a un grupo de soldados, de militares a una tropa, les dice "a la izquierda" o "a la derecha", o les dice "firmes", entonces la gente responde. Por ejemplo, si el grupo va marchando con paso firme y se llega a un momento del camino y les dice "a la derecha", entonces el grupo de soldados, la tropa, hace una conversión, y así se llama, entiendo yo, se llama una conversión. ¿En qué consiste esa conversión? Veníamos mirando hacia acá, pero se dijo "a la derecha" y entonces quedamos mirando hacia allá. Eso es una conversión.

Pues bien, la Iglesia nos invita hoy, amigos, nos invita hoy a hacer una conversión. Se trata de que cambiemos la dirección de nuestros pasos. Se trata de que cambiemos la dirección de nuestros ojos. Se trata de que veamos lo que antes no veíamos. Ustedes saben bien que el soldado, cuando va marchando, no va mirando a derecha o a izquierda. Cuando la gente se pone a saludar a derecha y a izquierda, quizás es porque está en Misa. Pero cuando están marchando, no miran ni a la derecha ni a la izquierda, sino que el soldado mira de frente. Por eso, para ver lo que tiene a los lados, necesita convertirse. Necesita dar la vuelta y encontrar que ahí está otra parte del camino. Eso es lo que nosotros hacemos en la Cuaresma.

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