|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús libera nuestra memoria para recordar sus obras, nuestra inteligencia para buscar su camino y nuestra voluntad para que nuestros afectos estén acordes con su Voluntad.
Homilía k053018a, predicada en 20230329, con 7 min. y 45 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy trae una de esas frases de Cristo que por sí misma le puede llenar a uno la vida entera. Nos dice el Señor: La verdad os hará libres. Y explicando esta frase, dice Jesús que el que comete pecado es esclavo del pecado. Vamos a hablar de eso, vamos a hablar de la esclavitud del pecado. Y me voy a apoyar en un esquema que era muy conocido en la Edad Media y que proviene de San Agustín, según entiendo yo, y es el esquema de las potencias del alma.
San Agustín nos habla sobre lo que nosotros somos adentro, interiormente cada uno de nosotros tiene básicamente tres potencias, que son la memoria, la inteligencia y la voluntad. Son potencias que están en nosotros, lo cual significa que tenemos, a través de esas potencias, la posibilidad de lograr muchas otras cosas. Es decir, son como el primer motor. Por ejemplo, piensa en una persona que no tiene voluntad. Puede tener muchas oportunidades, pero si no tiene voluntad no le sirven de nada, ahí tienes un detalle.
Y lo mismo la inteligencia, hay un refrán que se utiliza en mi tierra que dice: El que no sabe es como el que no ve, tiene toda la razón. El que no sabe es como el que no ve. Entonces, la persona que no tiene inteligencia, que no logra entender lo que está sucediendo, pues es una persona que está desorientada y que se estará tropezando por la vida. Bueno, pero vamos a nuestro tema. Nuestro tema es que la verdad nos hace libres y que el pecado es esclavitud. ¿Por qué el pecado es esclavitud, por qué? Pues porque esclaviza a las potencias del alma.
O sea, la manera como el pecado te esclaviza es esclavizando tu memoria, esclavizando tu inteligencia y esclavizando tu voluntad. ¿Qué es la esclavitud de la memoria? Esto se nota con los apetitos que nosotros tenemos. Apetitos es como decir los motores, aquellas cosas que nos mueven. Y los apetitos que nosotros tenemos son básicamente el apetito concupiscible, es decir, la búsqueda de lo que es placentero, de lo que es agradable y el apetito de lo que es irascible, es decir, apetito irascible, que es la fuerza para oponernos a aquello que es un obstáculo. Apetito concupiscible, apetito irascible.
Estas dos claves de la antropología medieval nuevamente, estas dos claves son muy interesantes porque nos muestran cuál es la esclavitud de la memoria. Como tenemos un apetito concupiscible, entonces el recuerdo de placeres pasados nos esclaviza. Esto se nota muy especialmente en términos de sensualidad y lujuria. La persona que ha llevado una vida, una vida llena de sensualidad y de placeres de la carne y todo esto, pues es una persona que muy fácilmente queda esclavizada por esos recuerdos. Es decir, su memoria le vuelve una y otra vez a aquellas imágenes o aquellas sensaciones que fueron placenteras y entonces quiere repetirlas.
Y esto sucede también con otros placeres. Puede suceder, por ejemplo, con la bebida. La persona quiere beber porque de alguna manera su cuerpo recuerda el placer que sintió la última vez que bebió y así sucesivamente. Lo mismo pasa con la ira, nosotros podemos tener un resentimiento, una rabia hacia alguna persona, y cuando nuestra memoria está esclavizada por el pecado, lo que hacemos es que recordamos aquello que nos dio rabia y como que nosotros mismos alimentamos esa rabia a través de la memoria, o sea, el pecado esclaviza tu memoria.
Pero el pecado esclaviza también tu inteligencia. Es interesante lo que nos dice Isaías y que, de hecho, estaba al principio de la Cuaresma, siempre se lee ese texto hacia el principio de la Cuaresma: Dejad de obrar el mal, dice Isaías, y añade: Aprended a obrar el bien, aprended a obrar el bien. ¿Por qué toca aprenderlo? Porque a uno se le olvida. Y ¿por qué toca aprender el bien? Porque además uno tiene que desaprender el mal.
Tú piensa, por ejemplo, una persona como lamentablemente se ha vuelto casi moda en muchos jovencitos y jovencitas, utilizar un lenguaje así, lleno de vulgaridad, llena de groserías y eso se ha vuelto casi una moda, se ha vuelto una moda de utilizar muchas groserías. Pero resulta que todo eso va como marcando tu propio pensamiento y entonces tu manera de razonar es vulgar, es obscena, es de doble sentido, o la persona que es tramposa, o la persona que es egoísta.
Cuando una persona es egoísta está condicionando su cerebro, podríamos decir, está condicionando su inteligencia para que solo piense en función de sí mismo y de sí mismo y de sí mismo. Es decir, ¿cómo saco yo ventaja en esto, cuál es la ventaja que yo puedo sacar en esto? Y su mente es rápida. Tú has conocido gente así, gente que es rápida para encontrar cuál es la trampa. Gente que es rápida para encontrar cómo engañar, cómo estafar, cómo mentir, gente rápida, gente rápida para el mal, tienen la inteligencia pervertida, su inteligencia está esclava.
Y lo mismo sucede con la voluntad. Y de nuevo, esto se nota muchísimo en el aspecto afectivo, por ejemplo. Y es una tristeza, la persona que tiene afectos desordenados. Una persona, por ejemplo, que tiene su matrimonio pero se metió en una relación extramatrimonial, o sea una relación de adulterio y entonces su corazón queda como, como encadenado a ese afecto. Y si pues tiene su matrimonio, pero su corazón está ahí con esa cadena, con esa cadena, su voluntad está como encadenada.
O piensa tú, aquella persona que no termina de resolverse, no termina de tomar una adecuada decisión, no termina de dar los pasos que tendría que dar, no da los pasos que tendría que dar para ser realmente libre, su voluntad está como encadenada. Y por eso el trabajo, el trabajo que tenemos que hacer de construir buenos hábitos, porque los buenos hábitos son como las herramientas, son las armas que tiene nuestra voluntad para no seguir recayendo en lo mismo. El pecado nos esclaviza y por eso necesitamos de la verdad.
No solo verdad intelectual, sino esa verdad que es Cristo mismo. Necesitamos de la verdad de Cristo para que se quede liberada nuestra memoria y aprendamos a recordar mejor las obras de Dios, para que quede liberada nuestra inteligencia y entonces busquemos el camino que es grato al Señor y quede liberada nuestra voluntad, y entonces nuestros afectos, nuestros afectos estén concordes con lo que es mejor para para nosotros mismos y lo que le da más gloria a Dios. Así sea.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|