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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdadera seguridad es la de una conciencia limpia, la de una fe viva, la de una amistad real con Dios en obediencia de amor a Él.
Homilía k053016a, predicada en 20210324, con 5 min. y 43 seg. 
Transcripción:
Ya sabemos que las lecturas de esta parte final de la Cuaresma están marcadas por discusiones, agrias discusiones entre Cristo y algunos judíos. Estas discusiones el día de hoy, o sea en las lecturas de hoy, concretamente en el Evangelio, tienen un rostro muy específico. Básicamente aquellos judíos decían dos cosas y Cristo les contradice. Ellos decían: Nosotros somos libres, nunca hemos sido esclavos de nadie. Y ellos decían: Nuestro Padre es Abraham.
Y Cristo no les admite ninguna de estas dos. Veamos primero por qué Cristo no les admite lo que ellos dicen, y luego tratemos de buscar con la ayuda del Espíritu Santo esto qué nos enseña con respecto a nuestra vida cristiana. Entonces, vamos con lo primero. Ellos decían: Somos libres. Partamos de la base de que ya esto es una mentira. Nunca hemos sido esclavos de nadie, decían ellos.
Cuando uno se pone a mirar cuál era la condición del pueblo elegido en ese momento, casi que se sienten ganas de sonreír. Parece una burla lo que ellos están diciendo, dicen que no son esclavos y resulta que su tierra está ocupada. Dicen que no son esclavos y resulta que los impuestos se los tienen que pagar al Imperio Romano. Dicen que no son esclavos y en cualquier esquina se pueden encontrar legiones de esos romanos que hacen y deshacen y pasean sus ídolos, especialmente aquella águila, aquel estandarte imperial que era tan repugnante para los judíos. Pero ellos dicen: Nosotros somos libres. Por supuesto, no era cierto.
Pero Cristo se va más allá del tema político y les dice: Es que no puedes considerarte libre si eres pecador, porque el pecado es la primera esclavitud. La primera esclavitud no proviene de lo que otros hagan contigo, la primera esclavitud viene de lo que tú haces contigo, cuando le das paso al pecado en tu vida. Así que no les admite aquello de que sean libres. Y ellos dicen: Somos hijos de Abraham. Abraham es nuestro padre. Y Cristo les dice: Abraham no trató de matarme. Es una frase que suena muy extraña a nosotros. ¿Cómo podía Abraham tratar de matar a Cristo, que no había nacido en ese momento?
El sentido es más profundo, el sentido es que las promesas que Dios hizo a Abrahán tienen su plenitud precisamente en Cristo. Entonces, si no reconoces las promesas de Dios a Abrahán, ¿en qué sentido te vas a llamar hijo de Abrahán? ¿Por qué dices que eres hijo de Abrahán? Si no te ha engendrado un amor, ni tienes tú una fe como la que tuvo Abrahán. Decía Santo Tomás de Aquino: Lo propio del Hijo es ser semejante en su naturaleza al Padre. Si tú te dices hijo de Abraham, pues que se vea que la fe que tienes es como la de Abraham y, sobre todo, que se vea que aquello que Dios le prometió a Abraham tú lo asumes, tú lo haces tuyo.
Bueno, y ahora, ¿cómo podemos aprovechar esta enseñanza para nosotros? Básicamente lo que está haciendo Cristo es quitarles las seguridades exteriores, la seguridad exterior, por ejemplo, el creerse libres ¿qué tipo de seguridad era? Era la seguridad que proviene de una especie de pacto entre los romanos y las autoridades judías, un pacto externo según el cual ellos permanecían siendo teóricamente libres en la medida en que tenían un rey, un rey de pacotilla, un rey marioneta que se llamaba Herodes.
Es decir, ellos ponían sus seguridades afuera, en la descendencia según la carne, es decir, supuestamente ellos eran descendencia según la carne y la sangre de Abrahán. Esa es una seguridad externa. Sal de esa seguridad externa y encuentra la verdadera seguridad. Y la verdadera seguridad es la de una conciencia limpia, y la verdadera seguridad es la de una fe viva, y la verdadera seguridad es la de una amistad real con Dios, en obediencia de amor a Él. Esa es verdadera seguridad, y eso es lo que Cristo quiere de nosotros.
Deja las seguridades externas, y eso vale mucho para nosotros también. Yo soy religioso por bondad de Dios y sacerdote, pero si yo pongo mi confianza simplemente en que utilizo un hábito, si yo pongo mi confianza en que hace casi 30 años me ordenaron sacerdote, si esa es mi confianza, esa es una confianza externa. La confianza interna, la confianza sólida, está en una fe viva, en una obediencia actual, en un amor que se nota, en una unión con el Dios vivo, esa es verdadera seguridad. Entonces, Cristo les está quitando esas muletas falsas, esas seguridades falsas externas, para que descubran en dónde está la verdadera seguridad y que nosotros la descubramos también.

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