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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Sólo la verdad nos puede hacer libres
Homilía k053015a, predicada en 20200401, con 24 min. y 12 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, las lecturas nos van conduciendo poco a poco a los acontecimientos finales de la vida de Cristo. Estoy seguro que para muchos de nosotros, esta Cuaresma será inolvidable. Y una de las características del modo como Dios ha querido que vivamos esta Cuaresma es con un poco más de tiempo para escuchar su Palabra y para hacerla nuestra. Por eso, seguramente nos hemos dado cuenta que hay una tensión cada vez creciente que se siente en los textos del Evangelio. Son textos que nos hablan de discusión, de controversia. Hoy, por ejemplo, una controversia entre Cristo y algunos de sus discípulos que habían creído en Él, ¿no te parece sorprendente eso?
Es una discusión fuerte, fíjate el lenguaje que ellos terminan utilizando: Nosotros no somos hijos de prostitución. Es una discusión fuerte. Y ¿con quién discute Cristo en esta ocasión, se trata de las autoridades judías, se trata de un grupo de paganos? No, mira lo que nos ha dicho el texto del Evangelio: «Dijo Jesús a los judíos que habían creído en Él». O sea que eran discípulos de Cristo. Y, sin embargo, se presenta semejante discusión. Esto tiene que llamarnos la atención. Discípulos de Cristo discutiendo con Cristo, incluso con cierto nivel de agresividad y violencia.
Por eso también dirá, en cierto momento, la primera carta de Juan, refiriéndose a algunos que habían sido discípulos, pero que acabaron mal en la herejía, en el gnosticismo, en cosas de esas. Mira lo que dice la primera carta de Juan: «Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros». Y también el apóstol San Pablo, a la altura del capítulo 20 de los Hechos de los Apóstoles, cuando se despide de los responsables de aquella comunidad cristiana en Éfeso, les dice estas palabras: «Yo sé muy bien que en cuanto yo me vaya, vendrán lobos que no perdonarán al rebaño, incluso entre ustedes mismos».
Y todavía tengo que dar otro ejemplo impresionante, el más dramático de todos, de hecho. Todos recordamos que en la Última Cena, una de las palabras que Cristo dice pronto en la Última Cena es: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar». Entonces, fíjate este texto de San Juan, capítulo 8, lo que dice la primera carta de Juan sobre los que estaban entre nosotros, pero no eran de los nuestros, lo que dice San Pablo a los presbíteros de Éfeso, lo que dice Cristo de sus propios apóstoles. ¿Qué nos enseña esto?
Esto nos enseña que incluso en el seno de la comunidad cristiana se pueden presentar, se han presentado y seguramente existen errores y desviaciones, y esta es una primera enseñanza que debemos tomar del Evangelio de hoy. Porque esto quiere decir que todo cristiano convencido, responsablemente, convencido de su fe, tiene que saber que también, incluso en la propia familia, entre los amigos, entre los cercanos, en algunos sacerdotes, en algunos obispos, pueden pasar estas cosas.
Este apartarse de la fe, este resultar contradiciendo a Cristo, eso puede pasar. Y por eso cada uno de nosotros hoy tiene que decir, como dice el salmo, por allá el salmo, que será, como el 28, me parece: Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá. Y acuérdate que Cristo dijo que su Evangelio iba a producir divisiones, incluso en los círculos más queridos y más cercanos a cada uno de nosotros.
Entonces, hermanos, este es el tiempo, y aquí quería yo llegar, este es el tiempo para decirle a Jesucristo: Soy tuyo, y tuyo quiero ser. Yo soy tuyo y quiero ser tuyo con toda mi familia, con toda mi comunidad, con todos mis amigos, con todos mis compañeros. Yo quiero ser discípulo tuyo con todos ellos, pero si mi padre y mi madre me abandonan, si la gente empieza a traicionar a Cristo, si después resulta que en mi propia familia se apartan de la fe, yo seguiré contigo, Jesús, yo seguiré contigo.
Este es el nivel de convicción que se necesita en este momento. Yo quiero estar contigo. Y si mi mejor amigo abandona la fe y dice que ahora es ateo. Y si un primo mío, como me ha pasado a mí hace ya muchos años, y si un primo mío se vuelve pastor protestante. Y alguien dirá: Y si mi mejor amiga y si mi novia cambia de religión. Es muy importante que nosotros tengamos claro nuestra profesión de fe es con Cristo. Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá y eso dice mucho. Entonces hay que decirle hoy a Jesús: Estoy contigo, me quedo contigo. Pase lo que pase, me quedo contigo, Señor, contigo me quedo. Ese era el primer punto de esta reflexión.
Segundo punto, ¿de dónde surgió la discusión? Porque todo parecía estar muy tranquilo, a pesar de las tensiones, que hemos dicho, van creciendo, ¿no? En dónde empezó la discusión entre Cristo y estos que supuestamente eran discípulos ¿de dónde empezó la discusión? En esta frase que dijo Cristo: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis de verdad discípulos míos». Fíjate eso, o sea, Cristo está poniendo aquí como un cernidor, como un coladero decimos en mi país no, como un colador. A ver quiénes son, quiénes son de verdad y quiénes no.
«Si os mantenéis en mi Palabra, seréis de verdad, discípulos míos. Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Hay que mantenerse en la Palabra de Cristo, mantenerse en la Palabra del Señor para ser verdaderamente libre. En el momento en el que Cristo, por decirlo suavemente, les pone este cuestionamiento, a ver si es que son o no son. Para que sean discípulos de verdad, alguien podría decir: Y ¿qué es lo contrario de ser discípulo de verdad? Pues en términos de lenguaje, lo contrario de ser discípulo de verdad es ser discípulo de mentiras.
Pero también podemos llamarlo de otra manera, discípulos de bulto. Para dejar de ser discípulos de bulto, discípulos masa, para empezar a ser discípulos con toda la realidad y todo lo que implica ser discípulos, necesitamos lo que dice Cristo: «Si os mantenéis en mi Palabra, si conocéis la verdad, la verdad os hará libres». Entonces, parece que aquí fue donde empezaron los problemas. En efecto, dice el texto de hoy, le replicaron: Somos linaje de Abrahán. Nunca hemos sido esclavos de nadie. Cómo dices tú, seréis libres. No les gustó, no les gustó que Cristo les pusiera un signo de interrogación, que Cristo les dijera.
A ver, a ver, que Cristo les dijera: ¿Son de verdad discípulos o no? No les gustó. Y esa pregunta, sin embargo, y este es mi segundo punto de reflexión, esa pregunta, sin embargo, hay que, hay que dejarle a Cristo que nos la haga, empezando por mí. Yo sé que Cristo en este momento me está haciendo esa pregunta a mí. Sí, llevas el nombre y el título, llevas los ornamentos y los ritos del sacerdote, ¿eres de verdad sacerdote? Eso me lo está preguntando Cristo a mí. ¿Eres sacerdote con todo lo que ello implica, eres discípulo mío, Nelson, con todo lo que eso implica, eres de verdad mi discípulo? El tema está en la verdad.
Y esto debe preguntárselo cada uno. ¿Soy de verdad discípulo de Cristo, de verdad lo soy en las buenas y en las malas? Cuando ser cristiano es objeto de aplauso o cuando ser cristiano es objeto de burla, o cuando ser cristiano es objeto de persecución, ¿sigo siendo de Cristo, soy de verdad? Entonces, hay que permitirle a Cristo que me haga esta pregunta: ¿soy de verdad sacerdote, soy de verdad fraile predicador, soy de verdad misionero, soy de verdad bautizado? Hay un canto carismático que dice con mucha fuerza: que se te note, que se te note, hermano. ¿Se te nota, eres de verdad?
Y esto vale también para las parejas, cuántos matrimonios con mucho fasto, con muchas fotos, con mucho gasto, ¿son de verdad un matrimonio cristiano y católico, han celebrado de verdad el amor de Dios que les ha unido como pareja, de verdad, de verdad son discípulos? Ese es el segundo punto. Entonces, el primer punto de nuestra reflexión era, puesto que se van a presentar divisiones, disensiones y hay gente que se apartará del Señor, yo tengo que tener una convicción, yo soy tuyo, Cristo, pase lo que pase, caiga quien caiga, incluso si mi padre y mi madre me abandonan, ese es el primer punto.
Segundo punto, vamos a darle permiso a Jesucristo, a que nos interpele y nos diga: ¿Eres de verdad, de verdad? Eso tiene que golpear nuestro corazón, hoy está golpeando mi corazón, aquí estoy golpeado. Pasemos al tercer punto, un Papa que nos hizo inmenso bien fue Juan Pablo II. Recientemente, el 25 de marzo pasado, se cumplieron 25 años de la publicación de un gran documento de él que se llama El Evangelio de la Vida, Evangelium Vitae, eso fue en 1995. Pero en 1993, o sea, hace 27 años, el Papa publicó otro documento muy profundo, tal vez de los más densos de él. Se llama El esplendor de la verdad, Veritatis Splendor en su título original en latín.
Y en ese documento, San Juan Pablo II, felizmente canonizado, habla precisamente de lo que aparece en el Evangelio de hoy. Podemos decir que el mejor comentario que tenemos del Evangelio de hoy está en esa encíclica de San Juan Pablo II, el esplendor de la verdad. Es un documento un poco extenso y, repito, fuertecito, duro, denso. En ese documento el Papa destaca el papel que tiene la verdad en su relación con la libertad. Porque la frase, tal vez central del Evangelio de hoy es lo que hemos escuchado: La verdad os hará libres.
Entonces, Juan Pablo II, en su encíclica desarrolla la relación entre verdad y libertad. Y esto me parece vital porque la idea que muchas personas han tenido y eso como que se va extendiendo más, como otro virus que hace muchísimo daño. Una idea que muchos han tenido es que la libertad simplemente tiene que ver con la voluntad, o todavía menos que eso, tiene que ver con las ganas, lo que a mí me dé la gana. Quiero ser libre. ¿Qué quiere decir ser libre? Yo quiero hacer lo que se me dé la gana, que nadie interfiera con mis ganas, que nadie intervenga, que nadie se meta con mi voluntad.
Entonces pareciera, por lo menos para mucha gente de nuestro tiempo, pareciera que la verdad, la libertad solo tiene que ver con la voluntad, con lo que a mí me parezca. Pero, Juan Pablo II muestra de una manera muy completa porque este es un terrible engaño. Vamos a plantear aquí unos, unos tres, tres o cuatro elementos que nos ayudan a entender por qué la libertad solo es libertad cuando está unida a la verdad. El primero lo he dicho muchas veces y va a resultar familiar para aquellos que quizás han escuchado varias predicaciones de este servidor.
El primer punto es este. Mira, si tú sostienes que la libertad consiste en hacer lo que se te dé la gana, ya te pusiste con esa sola frase, ya te pusiste en manos de quien te maneje las ganas, así de sencillo. Y hoy ahí no una ciencia, sino mucha ciencia y mucho conocimiento sobre cómo manejarle las ganas a la gente. Es lo que tiene que ver con todo aquello de publicidad, marketing. Pero ahí entra también psicología, sociología, pues ramas, desde luego, de estos grandes campos del saber. ¿En qué consiste básicamente lo que se hace, en qué consiste básicamente, lo que se hace con una gran campaña publicitaria, por ejemplo?
Producirle ganas a la gente. Ganas ¿de qué? Ganas de que cambien su carro, ganas de que vayan a vacaciones a tal sitio, ganas de que lean este libro, ganas de que no se pueden perder esta película, ganas. Entonces, el mundo cuenta hoy con decenas, centenares de miles de personas que son expertas en manejarle las ganas a los demás. Hay cursos sobre eso, hay cursos en Internet. Seguramente has oído hablar de Coursera, es un gran portal que tiene muchísimos cursos. Busca en Coursera y hay cursos sobre esto, cómo manejar las ganas.
Entonces, si hay una frase tonta que se puede decir en esta tierra, es esa de que ser libre consiste en hacer lo que se me dé la gana. Pues mira, eres un tonto de capirote, porque con esa frase lo que estás diciendo es, me pongo hoy a la vista de todos ustedes, señoras y señores, hoy me pongo en manos de quien me maneje las ganas. ¿A eso llamas libertad?
Y luego terminas peinándote como todos te digan, poniéndote el piercing que todos usan, usando tatuajes porque por fin eres igual a todos. Haces lo mismo que todos, no te llames libre, por favor, qué vas a llamar libertad eso, esa no es libertad. Entonces, ahí viene un primer punto que nos muestra cómo se equivoca uno, si uno vincula la libertad solamente a la voluntad.
Segundo punto, hablemos del tema de la información. Imaginémonos que una familia, por supuesto, después de que pase esta crisis, quiere darse unas buenas vacaciones, buenas vacaciones. Mucho tiempo de encierro, nos merecemos unas buenas vacaciones y vamos a tenerlas. Y las buenas vacaciones ¿en qué consisten? Pues vamos a ir a otro lugar, por ejemplo, vamos a ir a una playa exótica, vamos a ir a un buen hotel, vamos a pasar unos días juntos, vamos a descansar, vamos a disfrutar, vamos a olvidarnos de este virus, cuando se pueda, cuando se pueda.
Bien, y resulta que haciendo averiguaciones buscan, lo que se llaman hoy, paquetes turísticos. Y hay un paquete turístico para ese gran paseo con todos los lujos y todas las cosas. Es tan difícil para mí imaginar precios, pero vamos a decir, un gran paquete para toda esa familia vale 3500 dólares, vamos a suponer 3500 dólares, tiene de todo. Y tú miras los servicios que ofrece, los hoteles, los paseos, la comida, todo lo que está incluido, 3500 dólares vale para esa familia.
Pero resulta que hay otra agencia de turismo que está ofreciendo exactamente lo mismo, prácticamente en un hotel de la misma categoría, yendo al mismo lugar, con las mismas aerolíneas y ofreciendo todo por 2500 dólares para la misma familia. Una agencia pide 3500 y otra agencia pide 2500. Yo te hago esta pregunta, con eso que te acabo de decir ¿tú te sientes en liberta, ojo la palabra que uso, te sientes en libertad de elegir entre esas dos agencias de turismo? Parece que ofrecen exactamente lo mismo hoteles de la misma categoría, viajes en las mismas aerolíneas, van al mismo sitio, pero una cobra 3500, la otra cobra 2500.
Dime tú, tú dime qué harías tú si te llega esa información, tomarías la decisión porque tú eres libre. Por supuesto que no, yo sé lo que tú me vas a responder. Lo que voy a hacer es averiguar. Averiguar ¿qué? Averiguar más, porque yo tengo que saber si es que los de 3500 se van a hacer ricos conmigo y están estafando gente. O si es que los de 2500 tienen por allá una cláusula escondida, como se dice en la letra pequeña, en la letra menuda, y en realidad son unos tramposos. Yo tengo que aclarar eso. Entonces, ¿qué es lo que necesitas para ser libre? Dime qué necesitas, qué necesitas. El uno te está diciendo 2500, el otro te está diciendo 3500 dólares.
¿Qué necesitas? Respuesta, necesito información, necesito conocimiento. Y la información ¿de dónde la vas a sacar? De donde yo sepa que es información. Información ¿cómo? Información de fiar, información verdadera, necesitas la verdad. Solo cuando tienes la verdad puedes tomar una verdadera decisión. Este es el tipo de argumentos que presenta Juan Pablo II. Bueno, él no lo pone con toda esa, digamos, con todo ese escenario que yo presento. Pero ese es el tipo de cosas que nos enseña Juan Pablo II. Si no tienes conocimiento, no tienes libertad.
Y ¿por qué solo Cristo nos hace libres? Y aquí quiero terminar, ¿por qué solo Cristo nos hace libres? Porque solo Cristo nos da toda la información. Y ¿cuál es toda la información? Que tú eres hijo de Dios, que tú vales lo que vale la Sangre del Cordero Inmaculado. Que estás llamado a la eternidad, que el pecado es una gran trampa y una gran mentira. Eso expuesto abundantemente, explicado como lo explica la Iglesia, esa es la verdad que te hace libre. Porque si tú no sabes a qué eternidad estás llamado, si tú no sabes cuánto has sido amado, si eso no lo sabes, tú no puedes ser libre, no puedes ser libre.
Por ejemplo, si tú no sabes que estás llamado a la eternidad, entonces vas a seguir aquel refrán citado por el apóstol San Pablo: Bueno, si todo acaba en esta vida, comamos y bebamos, que mañana moriremos. Si todo acaba en esta vida, si todo acaba en esta vida, y si no acaba en esta vida, las cosas cambian radicalmente. Si hay una eternidad y ciertamente la hay, si hay un cielo y ciertamente lo hay, si hay un infierno y ciertamente lo hay. Entonces, tus decisiones tienen que ir de acuerdo con esos datos. Hay eternidad, hay cielo, hay infierno. Y hay que tomar los datos de acuerdo con el brillo de la sangre del Hijo de Dios en la cruz.
Por eso, solo Cristo nos hace verdaderamente libres. Por eso, solo Cristo nos enseña cuál es el camino a la verdadera libertad. Y ahí terminamos nuestra reflexión, hermanos. Solamente pensemos que en esta Eucaristía y en cada Eucaristía es Cristo el que nos alimenta, para que seamos libres, para que nadie nos engañe, para que las trampas no tengan poder en nosotros. Amén.

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