Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La resurrección nos recuerda que los tiranos solo llegan hasta la muerte, en cambio Dios gobierna más allá de la muerte, Él reina en el tiempo y en la eternidad.

Homilía k053014a, predicada en 20200401, con 5 min. y 50 seg.

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Transcripción:

La enseñanza que nos trae el capítulo tercero de Daniel en la primera lectura de hoy es francamente poderosa. El tema central podemos decir que es la libertad, ya vamos a ver por qué. Por un lado, tenemos a un rey muy poderoso, Nabucodonosor, un rey que se considera dueño de las vidas humanas. Observemos que este es un patrón que se repite en varios momentos en la Biblia. Permíteme, te recuerdo algunos casos.

Cuando Faraón, allá en tierra de Egipto, ve un peligro por el crecimiento de la población de Israel, toma decisiones sobre vidas humanas y por eso manda a las parteras de los israelitas que si la criatura que nace es un niño, la arrojen, ósea arrojen al niño, al río Nilo para que muera claramente. Si es una niña, que la dejen con vida. Claramente lo que él quiere es obligar a la mezcla, al mestizaje diríamos, a la mezcla entre los israelitas y los egipcios. Pero como los israelitas se mantenían fieles y compactos como pueblo, entonces Faraón quiere forzar las cosas. Y ¿cómo las va a forzar? Matando a los niños. Él se cree dueño de esas vidas y cree que puede disponer de esas vidas como el que dispone de ganado, por decir algo.

Siguiente ejemplo, observemos lo que sucede en el caso de Herodes. Herodes recibe noticia, a través de los Reyes Magos, que ha nacido el Mesías. Y ¿qué hace? Para eliminar toda posibilidad de que ese Mesías vaya a usurpar el trono que él, de manera inicua y como impostor, ha reservado para sí, ¿qué hace? Dispone de las vidas de los niños de dos años para abajo en la región de Belén, a matarlos. Yo dispongo de eso. ¿Te das cuenta? El poderoso termina por creerse dueño de vidas humanas. Cree que puede disponer de esas vidas.

Y eso es lo que también piensa Nabucodonosor como hombre poderosísimo aquí: O ustedes me dan culto a mí, de un modo además ridículo. Había mandado hacer unas estatuas, se supone, y había que venerar la estatua, porque él no podía estar en todas partes. Eso de estar en todas partes es privativo del Dios verdadero. Entonces, como él no puede estar en todas partes, mandó a hacer las estatuas. Y si ustedes no veneran las estatuas, si ustedes no le dan culto a esas estatuas mías, entonces, pues van a ser ejecutados. Él se considera dueño de esas vidas. Aquí hay una lección muy importante.

La inflación, la inflamación del poder hasta el punto de llegar a la idolatría, conduce siempre al homicidio, conduce siempre a la muerte. Porque, como hemos dicho tantas veces, los ídolos se alimentan de nosotros, mientras que el Dios verdadero nos alimenta. Así que Nabucodonosor se considera dueño de esas vidas y, por consiguiente, se supone que ellos no tienen, ellos, estos judíos, no tienen, no tienen autorización para darle honra y poner en primer lugar que es el único que se merece, el Dios de Israel. Ellos no tienen autorización para eso, no pueden hacerlo, porque yo soy dueño de ellos, eso es lo que piensa Nabucodonosor.

Y es entonces cuando responden estos valientes jóvenes y dicen: No, Dios nos puede librar. Pero la frase que más me gusta es la que sigue: Y aunque él no nos librará, tampoco le vamos a dar culto a tu estatua, aunque él no nos librará. Sabes ¿por qué pueden decir eso? Porque también la muerte libera de los tiranos, también la muerte libera de los poderes convertidos en ídolos para ellos mismos, también la muerte es libertad. Efectivamente, el que muere está más allá del alcance de todos los tiranos. O te lo voy a decir de otra manera, el tirano tiene sus garras, tiene sus zarpas, pero las zarpas y garras del tirano llegan solamente hasta la muerte, ya no puede hacer más.

Hay uno que gobierna más allá de la muerte, este es el mensaje potente de la resurrección, este es el mensaje potente de la libertad. Por eso, dicho sea de paso, las autoridades judías, particularmente los saduceos, los sumos sacerdotes de la época de Cristo, tenían tanto pero tanto temor de que se predicara la resurrección, porque si se predica la resurrección, pues la gente va a ser demasiado libre, la gente va a ser demasiado libre. La resurrección trae libertad, porque la resurrección te recuerda que los tiranos llegan solo con sus zarpas, llegan solo hasta la muerte.

Dios, en cambio, gobierna en tierra y en cielo, y hay poder liberador en este mensaje. Y por eso, el gran mensaje de estos jóvenes, y por favor, que esta lección llegue a los corazones de nuestros jóvenes hoy. El gran mensaje de estos jóvenes es, ahí es donde está la verdadera libertad. La verdadera libertad está en ponerse ya, ya, ahora, por encima de todos los tiranos. Y si llega la muerte, Dios nos dé su gracia para soportarla, pues el tirano llega solo hasta la muerte. Y Dios, en cambio, reina en el tiempo y en la eternidad.

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