Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Al recibir a Cristo, recibo la alegría, la fuerza de conversión y el cambio en mi vida; pero también el dolor de desprenderme de los ídolos a los que me he apegado.

Homilía k053010a, predicada en 20160316, con 3 min. y 27 seg.

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Transcripción:

Hay una frase que quiero destacar del pasaje del Evangelio de hoy, que ha sido tomado del capítulo octavo de San Juan. Dice nuestro Señor Jesucristo en esa discusión, en esa disputa con los fariseos de aquel tiempo, dice Cristo: «Queréis matarme porque no dais cabida a mis palabras». Qué grave eso, el que no recibe a Cristo intenta deshacerse de Cristo. Así traduzco yo ese mensaje para nuestro tiempo. Lo repito, quien no recibe a Cristo, el que no recibe a Cristo, termina deshaciéndose de Cristo. En ese sentido, diríamos, quiere matarlo.

Porque Cristo nos obliga a salir de nuestra falsa neutralidad. No existe neutralidad frente a Cristo, si lo recibo, llega a mi vida como fuente de alegría, de amor, de sanación, pero también como principio de conversión, principio de transformación que derriba los ídolos de mi existencia. Y algunos de esos ídolos están bien firmes y al derribarlos y expulsarlos, siento dolor, como si me quitaran algo mío. Piensa en la persona que está apegada, por ejemplo, al dinero. Si le van a quitar el ídolo del dinero, siente que le están arrancando la vida.

Entonces, si lo recibo, recibo alegría, pero tengo también el dolor de desprenderme de los ídolos a los que me he apegado. Si no lo recibo, no puedo tenerlo cerca, porque es tan intensa la luz que viene de Él, que esa misma luz se convierte en una denuncia permanente, denuncia que no me deja tranquilo, denuncia que me fastidia. Así como cuando una persona está dormida y abre sus ojos y le llega de frente el sol, le fastidia.

Por eso, a medida que llegamos al final de esta Cuaresma, tenemos que preguntarnos qué es exactamente lo que queremos hacer, si queremos de verdad recibir a Cristo para que Él nos traiga su alegría, pero también la fuerza de conversión y de cambio en nuestra vida, o si no, ya sabemos lo que vamos a acabar haciendo.

Y esto que digo de las personas vale también de las sociedades. Cuando la sociedad no se abre a Cristo, termina tarde o temprano odiando a Cristo, queriendo suprimir a Cristo, queriendo anular a Cristo. Y por supuesto, eso implica atacar, desacreditar y pretender anular a la Iglesia. La alternativa está servida, ahora viene la pregunta ¿qué camino vas a seguir tú?

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