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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La verdad que en primer lugar nos libera es la verdad del ser, obrar y amar de Dios.

Homilía k053009a, predicada en 20140409, con 4 min. y 43 seg.

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Transcripción:

Debemos al capítulo octavo de San Juan, una de las frases más recordadas y sin duda de las más bellas de toda la Biblia: «La verdad os hará libres». La fuerza liberadora de la verdad ha quedado demostrada muchas veces, por ejemplo, en el contexto político, también a través del periodismo e incluso en la labor científica. La verdad libera, aunque esto es cierto en general, yo creo que no debemos perder de vista el contexto preciso en que lo dice Jesús.

¿De qué verdad nos está hablando Cristo? No se trata de la verdad matemática, no se trata de la verdad geográfica, no es exactamente la verdad científica. La verdad de la que nos habla Cristo es aquello que Él ha venido a comunicarnos, aquello que Él trae para decirnos, porque ha sido enviado por el Padre Celestial, es decir, la verdad que trae la plena libertad, es la verdad que nos abre al misterio mismo de Dios, del cual procedemos, porque el misterio del hombre finalmente se funde en el misterio de Dios. El hombre no puede encontrar su explicación última simplemente en sus talentos, en su psicología, en la historia de su pueblo.

La explicación última de la humanidad, la explicación última del universo, nos remite a una sabiduría infinita, a una bondad infinita, a una compasión infinita. Queda incompleto cualquier esquema, cualquier discurso sobre el misterio del hombre, si no lleva finalmente a dejarse iluminar por el misterio de Dios. Ya lo dice la escritura, somos imagen y semejanza suya. ¿Cómo puedo yo juzgar a fondo de aquello que es imagen si no voy al original? Y por eso, el verdadero rostro, el rostro más profundo del ser humano, hay que encontrarlo en el hombre Dios, hay que encontrarlo en Cristo mismo. Y en los ojos de Cristo, hay que encontrar la mirada del Padre Celestial.

Cuando nosotros, a través de las palabras de Cristo, los milagros de Cristo, los exorcismos de Cristo, las oraciones de Cristo y los padecimientos de Cristo, llegamos a conocer del amor que hay en Él y llegamos a reconocerle obediente a un amor sublime del que Él mismo es expresión. Ahí encontramos la verdad más bella, ahí encontramos la verdad más profunda. Y esa verdad está precediendo y está por encima de todas las demás verdades. Es decir, que más que la procedencia de mi familia, más que la región, más que el periodo de la historia en que yo haya vivido, más que las filosofías de moda o las teorías científicas en boga, hay una realidad inamovible, hay una realidad sublime que me vincula al absoluto de Dios.

Y en esa realidad sublime está mi verdadera libertad. Libre soy de los regímenes políticos, porque antes de ellos está mi Padre del Cielo, libre soy de las teorías filosóficas tantas veces confusas, porque mi origen está en el Padre del Cielo. No es que no nos importen la ciencia, la filosofía, la economía o la política, pero no seremos esclavos de nada, de nadie seremos esclavos una vez que hemos encontrado nuestra verdad en Cristo y en Él, hemos aprendido que somos hijos del Padre Celestial.

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