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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Escoger el pecado no es libertad.
Homilía k053008a, predicada en 20130320, con 5 min. y 2 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy, tomado del capítulo octavo de San Juan, nos presenta lo que podemos llamar el combate perpetuo, combate entre la mentira y la verdad, combate entre el pecado y Cristo Redentor. Y la mentira y el pecado son aquello que esclaviza. La verdad y, sobre todo, Cristo el Señor, son nuestra libertad, nuestra liberación. Ese es el mensaje, es muy sencillo, el pecado y la mentira esclavizan. La verdad y Cristo liberan. Cristo mismo es la verdad, y el pecado es esencialmente mentira, es mentira en acción, eso es lo que es el pecado.
Pero estas palabras no las dice Cristo, o esta enseñanza no nos la da el Señor como quien da una conferencia. Estas palabras aparecen en el curso de una discusión con algunos judíos, y ellos no se sienten esclavos, y ellos no consideran que están en pecado. Ellos se consideran, y de eso están felices, de ser hijos de Abrahán, esa es su alegría, ese es su orgullo. No se sienten esclavos de nadie. Nosotros no somos esclavos, dicen, nosotros hemos nacido, nosotros somos descendencia de Abraham y por eso somos libres.
El hecho de que Cristo, en medio de la discusión, traiga el tema de la esclavitud es muy notable porque era uno de los temas más sensibles en esa época. Recordemos que el pueblo de Dios estaba bajo dominación de los romanos y muchas veces estos romanos los trataban como esclavos, por ejemplo, obligándolos a llevar sus armas o llevar su equipaje. De ahí viene aquella expresión de que, si tu enemigo te hace caminar una milla, es que a veces los romanos hacían eso, cuando pasaban por ciertas regiones cansados estos soldados de llevar su equipaje que podía pesar fácilmente veinte, veinticinco kilos.
Entonces le decían, obligaban a cualquier campesino o cualquier agricultor o pastor que estuviera por ahí: Mira, tú cárgame esto una o dos millas o las que fueran. Por supuesto, una tarea desagradable e improductiva para ellos. Entonces, los romanos trataban como esclavos a estos judíos y también a los galileos. Entonces, que Cristo diga: Ustedes son esclavos, era una palabra que tenía que retumbar de un modo espantoso en esos oídos. Y por eso, ellos creen que se trata simplemente de reclamar cuál es su origen, llamémoslo así, de raza o su origen político.
Pero Cristo está hablando de otro tipo de esclavitud, el que comete pecado es esclavo del pecado. El pecado no es un ejercicio de la libertad. Qué importante que esto nos quedara claro, no existe libertad allí donde se comete el pecado. En un caso dramático lo ve uno, miremos la persona que depende de una droga, nadie diría que es libre. Uno podría pensar que de una manera libre esa persona empezó a consumir esa droga. Pero cuando le vemos atado a ese vicio, ¿quién podría decir que esa persona es libre?
Pero hay otras maneras de adicción y otras maneras de esclavitud. La persona que empieza a enredarse en una cantidad de mentiras, se vuelve esclavo de ese tejido, de esa red que ha hecho y tiene que seguir sosteniendo esa red. La persona que, por ejemplo, trata de mantener una imagen de que es invencible, de que es fuerte, de que nadie le puede ganar, se vuelve esclavo de esa imagen muchas veces para deterioro y destrucción de su propia salud, eso también es esclavitud.
La persona que tiene un resentimiento y no se lo puede sacar de la cabeza, es como si tuviera aquí un amo que le está diciendo: Ahora tienes que volver a pensar en tu enemigo. Y ahora vuelve a pensar, y pensarás en tu enemigo cuatro o cinco o diez horas todos los días, porque yo te lo mando, eso es esclavitud. Y por eso no puede terminar esta Cuaresma sin que nosotros le clamemos al Señor que nos libere de esos resentimientos, envidias, vicios. Tenemos que clamarle al Señor que nos dé su verdadera libertad y que nos muestre nuestra verdad. Somos hijos, hijos de Dios, liberados por la sangre de Cristo, eso es lo que somos.

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