Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ser discípulo de Jesús es mucho más que compartir algo de su tiempo o enseñanzas: es ser liberado por él de toda esclavitud del pecado.

Homilía k053007a, predicada en 20120328, con 4 min. y 11 seg.

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Transcripción:

Esta semana de dolores es también la semana para meditar en el capítulo octavo del Evangelio de Juan. Los pasajes que encontramos están tomados casi todos de este capítulo, se trata básicamente de discusiones de Jesús con las autoridades judías de aquel tiempo. Pero el texto de hoy, también del capítulo octavo, tiene una particularidad algo que puede parecer gracioso, si no fuera tan serio e incluso tan triste.

Imagínese usted que el comienzo del texto de hoy dice que Jesús dirigió la Palabra a aquellos que creían en él. Lo que uno espera en medio de ese contexto de tensión y de discusión, lo que uno espera es que por lo menos ese grupo, el grupo de los discípulos del Señor, sea una especie de remanso, una especie de descanso. Por lo menos un espacio en el que Jesús pueda encontrar un eco a sus sentimientos, un eco también a su propuesta, a su Evangelio. Lamentablemente no es así, Jesús les dice: «Si creéis en mí, llegaréis a ser verdaderamente mis discípulos. Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres».

Es una frase que muchos recordamos, que queda fácilmente grabada en la mente, la verdad os hará libres. Pero resulta que esta gente, que se supone que eran los discípulos, los que habían creído en él, le replican: No, nosotros no somos esclavos. Y Jesús les dice: Pero es que el que comete pecado es esclavo del pecado. Y entonces ellos insisten: No, nosotros somos hijos de Abraham, somos linaje de Abraham, nosotros somos libres. Es decir, hay también una ruptura entre el lenguaje que utiliza Cristo y el lenguaje que están dispuestos a aceptar, incluso sus más cercanos discípulos.

O dicho de otra forma, y esta es la parte trágica, es escandalosa la soledad de Jesús. Ni siquiera esos, sus discípulos, sus cercanos, pueden recibir su lenguaje. Ni siquiera esos, los que han estado más próximos a él, entienden correctamente de qué les está hablando. Esta soledad de Cristo nos conmueve, pero también nos da una advertencia severa, porque lo que nos está diciendo es que es muy fácil equivocarse, es muy fácil creer uno que uno es discípulo del Señor. Pero solo es discípulo del Señor el que está en ese camino, que por lo visto no termina nunca, en ese camino de conversión, en ese camino de soltar, en ese camino de desatar cadenas del pecado.

Es decir, seremos discípulos de Cristo en la medida en que la victoria sobre el pecado se afiance en nosotros. Y por eso, es muy peligroso declararse muy fácil y muy rápidamente discípulo de Jesús, que porque yo conozco dos o tres cosas de Jesús, entonces yo soy discípulo de Jesús, no es tan fácil. Discípulo de Jesús es el que ha sido liberado por Jesús, es el que ha llegado a la verdad de Jesús, es el que ha comulgado con la mente de Jesús, es el que ha descubierto en Jesús ese nuevo nacimiento, eso es ser discípulo de Jesús. Y en ese sentido, creo que todos, todos, tenemos una gran tarea.

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