Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestro Señor Jesucristo proclama toda su divinidad y toda su humanidad: su divinidad cuando dice «Yo soy», y su humanidad en su obediencia al Padre.

Homilía k052020a, predicada en 20260324, con 8 min. y 18 seg.

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Transcripción:

Estos últimos días de Cuaresma. No sé cómo lo sienten ustedes, pero para mí son incómodos. ¿En qué sentido? Son incómodos porque uno ve en los evangelios, concretamente, uno ve cómo se va construyendo, va creciendo, se va amontonando una tensión. Es como una amenaza que cada vez está más cerca, como un peligro, como algo que viene a caer encima. Y esto se nota fundamentalmente en las conversaciones que tiene Cristo con sus adversarios. Es impresionante, es impresionante. Uno se da cuenta que la Palabra de Cristo no llega a ellos. Uno se da cuenta que la animadversión, el fastidio que luego se vuelve odio hacia Cristo, va creciendo.

Si esto fuera una película, la sensación es como de un suspenso que cada vez es más fuerte. Un peligro que es inminente, la sensación de que algo terrible va a acontecer. Y es que, efectivamente, algo terrible estaba por suceder. Y eso terrible que estaba por suceder fue precisamente la Pasión de Cristo, que ya está muy cerca en términos de tiempo litúrgico. Tenemos esta que es la quinta semana de Cuaresma. Y sabemos que lo que sigue. Es la Semana Mayor, la Semana Santa. Y ya en el Domingo de Ramos vamos a escuchar completo el relato de la pasión. En este caso según San Mateo, pero siempre el Domingo de Ramos es la pasión. Entonces hay una tensión que va creciendo.

Si esto fuera una película, tú estarías escuchando una música, un fondo musical de angustia, de preocupación, y estarías sintiendo como cada vez es más fuerte y como cada vez es más angustiosa esa melodía. Pero es que la Iglesia quiere que sintamos eso. La Iglesia quiere que nosotros entremos en esa realidad. La Iglesia quiere que nosotros participemos de lo que vivió Cristo. Que esto no se quede afuera. No estamos leyendo un cuento de la literatura, No estamos aquí frente a un personaje de ficción, estamos viendo el recorrido de aquel que experimentó primero que nosotros el rechazo, la angustia, la certeza de eso terrible que venía encima, eso terrible que es su propia pasión y muerte. Eso es lo que él vivió. Hoy, por ejemplo, en el Evangelio, Cristo dice: Cuando yo sea levantado, atraeré a todos hacia mí. Y Cristo dice: Cuando el Hijo del Hombre sea levantado, Ustedes sabrán que yo soy y que no hago nada por mi cuenta. Esas dos afirmaciones de Cristo tienen una tensión profunda.

Sabrán que yo soy y que no hago nada por mi cuenta. Sabes ¿Por qué hay una tensión entre esas dos frases? Porque la expresión Yo soy es un nombre de Dios. Cuando Moisés se encuentra con el Señor allá en la montaña del Sinaí, en el episodio de la zarza que arde pero no se consume. Moisés descubre que Dios es el que es. Se puede decir que el nombre de Dios es Yo soy. Yo soy el que soy. Yo soy es, un nombre de Dios. Él es el que es, qué significa tantas cosas. Él es el que permanece. Él es el que da el ser. Él es el que no pasará jamás. Él es el que no depende de otros y todo lo demás depende de Él. Pues Cristo aplica esa palabra a sí mismo, Yo soy. Sabréis que yo soy. Ese es un nombre divino y es el mismo nombre que va a decir Cristo según el Evangelio de Juan en el episodio del Jardín de Getsemaní. Él les pregunta a los que lo van a capturar en ese episodio del jardín. Él les pregunta ¿A quién buscan? Y ellos le responden a Jesús de Nazaret. Y él dice: Yo soy. Y cuando Cristo dice: Yo soy, ellos retroceden y caen atropelladamente, como uno cae y se postra delante de la Majestad divina, ustedes sabrán que Yo soy. Ese es Cristo.

O sea, es lo más grande que puede decir alguien grande, hasta el punto de que si no fuera verdad sería burla o sería locura. Y eso dice Cristo. Ustedes sabrán que yo soy es una proclamación de su divinidad. Es lo más grande, pero luego nos presenta su obediencia. Ustedes van a saber cuando yo sea levantado. Van a saber que yo no hago nada por mi cuenta, lo cual significa: Mi obediencia es perfecta. Y esa obediencia perfecta es lo más propio de la naturaleza humana de Cristo. Precisamente en el mismo jardín de Getsemaní, donde Él dijo: Yo soy. Es el mismo jardín donde dijo: Que no se haga mi voluntad, Padre, sino la tuya. Es decir, tienes toda la divinidad de Cristo en la expresión Yo soy. Y tienes toda la humanidad de Cristo, cuando Él rinde su voluntad, cuando Él abaja su voluntad frente a la voluntad del Padre.

Está Cristo proclamando toda su divinidad y toda su humanidad. Toda su divinidad, en ese Yo Soy, y toda su humanidad, en esa obediencia. Hay tanta belleza y tanta profundidad. Pero por favor, sigamos y sigamos a buen ritmo nuestra Cuaresma. Sigamos a buen ritmo este tiempo, sigamos a buen ritmo este camino. Y aunque aumente esa sensación de desasosiego, esa sensación de que algo terrible va a suceder, está bien que lo sintamos, está bien, está muy bien que lo sintamos, porque eso es participar de la Cuaresma de Cristo y después será participar en la Pasión de Cristo y será llegar por su bondad, por su misericordia a la resurrección y la gloria de Cristo. Amén.

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