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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En los momentos de mayor angustia y humillación en la cruz, se revela el verdadero amor de Nuestro Señor Jesucristo: inmenso, divino y dispuesto a rescatarnos.
Homilía k052019a, predicada en 20250408, con 6 min. y 45 seg. 
Transcripción:
Uno de los aspectos más bellos del Evangelio de Juan es la deliciosa ambigüedad que hay entre el sacrificio de Cristo y la gloria de Cristo. Y utilizo la palabra ambigüedad porque el sacrificio de Cristo es como su derrota, como su fracaso. Abandonado de sus discípulos, abandonado de sus apóstoles, desprotegido, completamente torturado y humillado, y finalmente muerto. Humanamente hablando, tiene todo el aspecto de un fracaso. Sin embargo, dentro del Evangelio de Juan, ese fracaso es al mismo tiempo la gloria, la gloria de Cristo, la gran revelación de quién es Él, y la gran victoria sobre el pecado, sobre la muerte, sobre el demonio. Ahí es donde está esa paradoja o esa ambigüedad. Y en ambos casos la palabra que se utiliza es la palabra levantar.
Aparece en el Evangelio de hoy. Cuando yo sea levantado, dice Cristo. Cuando yo sea levantado, sabréis quién soy. El ser de Cristo, la verdad profunda de Cristo. La gloria de Cristo está en ese momento en el que Él es levantado. Y por eso el verbo levantar tiene esa doble connotación, en San Juan, al mismo tiempo significa ser crucificado, porque los crucificados eran levantados a manera de escarmiento. Que todo el mundo vea cómo se condenó de una manera horrenda a este hombre. Entonces levantar significa poner en escarmiento, poner en ridículo, poner en humillación. Pero levantar también significa mostrar la verdad de Cristo, mostrar quién es Él en realidad, mostrar ese Padre celestial y el amor al Padre que tiene Cristo. Por eso el levantar a Cristo es al mismo tiempo la peor humillación y la máxima gloria.
Esta característica solo la tiene el evangelio de Juan. Yo creo que es suficientemente claro que levantar a Cristo conlleva esa humillación. En cambio, probablemente se necesita una explicación de por qué ese Cristo levantado también es el Cristo glorificado. En los momentos de máximo dolor, en los momentos de máxima prueba, es cuando aparece la verdad de lo que hay en el corazón. Un ejemplo que cito con frecuencia es lo que sucedió hace bastante más de un siglo, cuando se hundió ese famosísimo barco, el barco más famoso de la historia, tal vez el Titanic. Según la costumbre de la época. No estaba en ese tiempo haciendo interferencia el feminismo, decían, mujeres y niños primero a los botes salvavidas. Era un momento de máxima angustia. Era un momento en el que se veía el desastre. Un momento en el que se veía que la muerte estaba a la puerta. Y cuando llega ese momento tan dramático, pues algunos hombres se visten de mujeres o le quitan el puesto abiertamente a algunas mujeres para salvar su propio pellejo. Es decir, que en ese momento de máxima angustia apareció la verdad de ellos, apareció lo que ellos eran en verdad. No me refiero, por supuesto, a que tuvieran tendencias femeninas. No es la enseñanza, sino más bien que cuando se trata de salvar la propia vida. Pues si tengo que darle un codazo y que se ahogue un niño o que se ahogue una mujer, que se ahoguen, yo me salvo. Apareció la verdad de ellos. En los momentos de angustia aparecen las verdades.
Por dar un ejemplo positivo, me conmocionó casi hasta las lágrimas ver lo que sucedió hace unos años, cuando hubo un incendio en la famosísima Catedral de Notre Dame en París. Resulta que la catedral de Notre Dame tiene una de las reliquias más preciosas de la cristiandad, una reliquia de la corona de espinas de nuestro Señor. Y uno de los bomberos arriesgando su propia vida en ese momento tan angustioso, sabiendo que esa reliquia estaba ahí y que evidentemente iba a ser destruida por las llamas. Pues entró en medio del peligro y logró rescatar esa reliquia. Ese hombre mostró de qué estaba hecho él y mostró cuál era su convicción y cuál era el valor que él le daba a esa reliquia de Cristo. Así que los momentos difíciles, los momentos de angustia, son también momentos de revelación. Y eso es lo que encontramos en la cruz de Cristo en el momento de la máxima humillación, en el momento del máximo odio, en el momento de la peor soledad. Ahí aparece de qué está hecho Cristo, ahí aparece qué es lo que lleva en su corazón. Y para sorpresa agradecida de cada uno de nosotros, lo que Él lleva en el corazón es un amor inmenso, un amor del tamaño de Dios, un amor que es capaz de salir de sí mismo para ir al rescate de los demás.
Qué hermoso es el Evangelio y qué hermoso este aspecto particular del Evangelio de Juan. Que Dios te bendiga.

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