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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nosotros somos camino para que la presencia de Cristo sea realidad en el mundo, así como Él fue camino para que la presencia del Padre se sintiera en el mundo.
Homilía k052018a, predicada en 20230328, con 8 min. y 6 seg. 
Transcripción:
Seguramente estamos familiarizados con una expresión que utilizó Cristo muchas veces para referirse a sí mismo. Cristo se mencionaba como el Hijo del Hombre. Esa es la manera más común pero no es la única y eso es lo que quiero destacar. Concretamente, hay una expresión que aparece solo en el Evangelio de Juan y que aparece por lo menos como idea en el pasaje de hoy, del Evangelio de hoy. Y esa idea es que Cristo es el enviado. Atención, Cristo es el Enviado. ¿Por qué esto es importante? porque luego Cristo nos envía a nosotros.
Cristo se reconoce como el enviado del Padre y quiere que nosotros nos reconozcamos como los enviados suyos, los enviados de Él. Como el Padre fue con Cristo, así quiere Cristo, que nosotros seamos con Él. Es decir, el Padre envió a Cristo. Cristo nos envía a nosotros.
Observa un detalle en el evangelio de hoy, Cristo dice algo muy bello y muy importante. Dice el que me ha enviado está conmigo. Esa no es la idea que uno tiene usualmente con respecto a enviar o sea, la manera como uno se imagina un envío no es esa. El envío es como que yo me quedo aquí y tú te vas. Pero Cristo dice el que me ha enviado está conmigo. No es verdad que es raro. No es verdad que es una expresión por lo menos inesperada. El que me ha enviado está conmigo. Pero luego nos damos cuenta que de la misma forma nos habla Cristo a nosotros. Y esto se nota especialmente en otro evangelio, en el capítulo veintiocho de San Mateo. Porque Cristo dice vayan evangelicen a las naciones, enséñenles a guardar todo lo que yo les he enseñado a ustedes, bauticen en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu. Y luego dice yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. O sea que Él nos envía y Él está con nosotros. Y de nuevo, esa no es la manera usual, como nosotros pensamos el envío. Nosotros solemos pensar el envío no en términos de que yo soy enviado y el que me envía viene conmigo. Entre otras cosas porque uno sentiría bueno si el que me envía viene conmigo ¿para qué me envió? Parecen trabalenguas, parecen juegos de palabras, pero la verdad es que hay algo profundo y bello en esto ¿para qué me envió si viene conmigo?.
Imagínate, por ejemplo, que en una empresa, una pequeña empresa, el jefe le dice a un muchacho que es el mensajero, le dice bueno, ve a pagar estas facturas que toca pagar las personalmente porque se venció la fecha, toca pagarlas en tal lugar y lo envía, pero luego se va con el mensajero ¿qué sentido tendría eso? o sea, imagínate el mensajero atravesando la ciudad para pagar las facturas y el dueño del almacén con él a todas partes. Entonces la pregunta obvia sería ¿pues si ibas a estar conmigo, para qué me enviaste?
Pero en el Evangelio de Mateo encontramos que Cristo dice vayan, enseñen a las naciones, vayan, los está enviando. Y luego dice Yo estoy con ustedes ¿cómo se entiende eso? pero repito, hay algo muy profundo y hay algo muy bello en este modo de hablar, porque Cristo es el gran Enviado y es el Enviado del Padre.
Observa una cosa Él dice el Padre está conmigo perfecto y muy bello, el Padre está conmigo. Él no dice, el Padre está con ustedes o con vosotros. No es el Padre está con ustedes. De manera que de lo que se trata aquí es de modos de presencia. Un modo es como el Padre está con Cristo, y otro modo es como Cristo es la presencia del Padre en medio de nosotros. La clave está ahí. Son modos de presencia. Entonces hay un modo de presencia, un modo de presencia del Padre en Cristo, y hay un modo de presencia de Cristo en el mundo. Hay un modo de presencia de Cristo en el misionero, y hay un modo de presencia de Cristo a través del misionero en el mundo. Y esa es la vida cristiana que Cristo reine en nosotros, que Cristo tenga su Señorío y su plena presencia en nosotros, para que entonces nosotros seamos presencia de Cristo en el mundo.
El mundo no recibe a Cristo, el mundo no acoge a Cristo, pero el mundo tampoco puede deshacerse tan fácilmente de nosotros. Entonces, nosotros somos camino para que la presencia de Cristo sea realidad en el mundo. Así como Cristo fue camino para que la presencia del Padre se sintiera en el mundo a través de Cristo, a través de sus milagros, a través de sus enseñanzas, a través de sus palabras, el Padre se estaba haciendo presente. Él podía decir el que me ve a mí, ve al Padre. Por eso te digo, hay mucha belleza en esto. Claro, en el ejemplo que yo di de el hombre que va con el mensajero, pues ahí se ve por qué eso no funciona. Pues es que no tiene sentido que el hombre vaya con el mensajero, porque ese hombre, ese dueño del almacén, podría hacer las cosas él mismo. Él hace lo mismo que el mensajero. En cambio, lo que hace el Padre en Cristo es hacer presente su voluntad. Podríamos decir, el Padre reina en el corazón de Cristo y a través del corazón compasivo, generoso de Cristo el Padre hace presencia y reina en el mundo. Lo más hermoso de esto es que eso que decimos del Padre y Cristo, eso hay que decirlo de nosotros y nuestra presencia en el mundo, a eso estamos llamados, para eso somos cristianos.

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