|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Todo lo que anhelamos que sea verdad y permanente lo encontramos en Nuestro Señor Jesucristo.
Homilía k052016a, predicada en 20210323, con 7 min. y 10 seg. 
Transcripción:
Uno de los nombres más misteriosos de Dios aparece ya desde el Antiguo Testamento y aparece también en el Evangelio de hoy. Ese nombre se expresa con un verbo Yo soy. Es una de las maneras de entender aquella expresión que utiliza Dios cuando Moisés le pregunta ¿cuál es tu nombre? dice Moisés si yo voy donde los hijos de Israel y digo el Señor me ha enviado, me preguntan ¿quién es? yo que digo ¿quién eres tú? y ahí es donde aparece ese nombre que suele pronunciarse, como Yahvé, que se escribe en español con la letra Y la H, la W y la H, el tetragrama, es decir, cuatro letras, porque en hebreo son también cuatro letras, pero no tenemos completa certeza de cómo se pronunciaban. Bueno, esas cuatro letras que solemos pronunciar Yahvé significan algo así como Yo soy el que soy, yo soy el que seré. Es algo muy misterioso eso de que Dios diga yo me llamo el que es. ¿Quién es Dios? Dios es el que es.
Pero ese nombre no sólo fascinó a Moisés, sino que es el nombre que aparece en el capítulo octavo del Evangelio según San Juan, es decir, en el pasaje que se lee exactamente hoy, y es el mismo nombre que aparece cuando nosotros hablamos de santos, como Tomás de Aquino o como Catalina de Siena. Así, por ejemplo, Catalina estaba completamente enamorada de este nombre que le llevó a tan profundas experiencias místicas. Así, por ejemplo, le decía Catalina, yo soy la que no soy y tú eres el que es, el que es. Podríamos, con la gracia del Espíritu Santo, asomarnos un poco a ese abismo de significado que es ese nombre. Ven, Espíritu Santo de Dios, ayúdame a hablar y ayuda, por favor a todos los que reciban estas palabras para que podamos entender un poquito qué quiere decir eso de que Tú eres Señor, Tú eres el que es. Ayúdanos a entender lo que eso significa. Y yo creo que hay unas dos o tres líneas de aproximación que nos ayudan.
Por ejemplo, está el tema de la apariencia y el ser. Muchas veces los seres humanos somos buenos para construir fachadas, para ponernos máscaras, para representar un papel, es decir, para guardar una apariencia. Pero luego, cuando la persona se encuentra en una situación realmente difícil, cuando la persona está realmente a prueba, muchas veces se ve que todo era efectivamente apariencia y fachada. No era lo que parecía, no era de verdad. Entonces, si voy hasta lo profundo, hasta la profundidad de esa persona, me doy cuenta que no es lo que parecía. Estas decepciones nos producen una gran tristeza.
Piensa en lo que sucede, por ejemplo, en una relación de pareja. Con cuánta tristeza algunas personas dicen es que parecía un gran hombre, él parecía sincero. Pero resulta que cuando me decía que me amaba, era mentira. O sea, era apariencia. No era de verdad. Entonces, un modo de entender que Dios es el que es. Es que en Dios no se presenta eso de que si lo conozco más, de repente descubro que no es de verdad, que es otra cosa que parecía pero no era así, no es Dios. Esa es una manera de acercarse a lo que significa que Él es el que es.
Y te quiero contar otra manera. Pensemos, por ejemplo, en lo que hace el tiempo, el tiempo, el curso del tiempo, el pasar del tiempo. Y tú miras, por ejemplo, en la historia que finalmente pues es relato en el tiempo, tú miras grandes imperios que van pasando figuras de gran altanería que se consideraban imbatibles, inmortales y a lo máximo a lo que se llega es a embalsamarlos. Pero hoy quedan bien muertecitos. Entonces, cuando miramos que las cosas de este mundo surgen, se levantan y luego declinan y caen. Nos preguntamos si todo es así o si hay algo o hay alguien que permanezca. Alguien de quien podamos decir es el mismo ayer, hoy y siempre. Y esto es maravilloso porque nuestro corazón, aún consciente de su propia fragilidad y de su propia contingencia. Nuestro corazón anhela lo que es permanente, lo que dura. Es posible que mi corazón se sienta incapaz de amar hasta la muerte, pero yo sí quiero que me amen hasta la muerte. Quizás muchos descubrimos que somos frágiles en eso de ser fieles para siempre, pero sí queremos que sean fieles con nosotros para siempre. O quién dirá quiero que me amen y después me traicionen, eso no lo va a decir nadie.
Entonces ese anhelo que hay en nosotros me hace recordar la famosa frase de Pascal, en el corazón humano hay un hueco que tiene la forma de Dios. Entonces cuando Cristo dice cuando me levantéis sabréis que yo soy. O sea, toma el nombre divino sobre sí, lo que está diciendo es que todo eso que nosotros anhelamos que sea verdad y que sea permanencia, eso es lo que podemos encontrar en nuestro Señor Jesucristo. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|