Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Cruz es señal nítida de victoria

Homilía k052015a, predicada en 20200331, con 22 min. y 53 seg.

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Transcripción:

Hermanos míos, el Evangelio del día de hoy, tomado del capítulo octavo de San Juan, presenta una frase dicha por Jesús, que es a la vez muy bella y muy misteriosa. Cuando yo sea levantado, atraeré a todos hacia mí. Cristo mismo relaciona esta frase con aquello que sucedió en el libro de los Números y que escuchamos en la primera lectura. Es decir, aquella serpiente de bronce que puesta en un estandarte, sirvió de salud para el pueblo hebreo, que había pecado porque se había rebelado contra Dios y contra Moisés.

Resulta muy natural aplicar esta frase, repito, bella y misteriosa de Cristo, aplicarla al momento de la cruz. Cristo levantado en la cruz, lo mismo que la serpiente de bronce levantada en su estandarte. Cristo en la cruz es fuente de salud y salvación para nosotros, que somos su pueblo. Y ciertamente, si hemos de ser sinceros, tendremos que reconocer que hemos sido rebeldes, eso lo tenemos que reconocer. El pueblo hebreo fue rebelde, pero fue salvado por ese gesto, por ese serpiente de bronce levantada en el estandarte. Nosotros somos el pueblo de Cristo. Hemos sido rebeldes como los hebreos lo fueron y somos salvados por Cristo levantado en la cruz.

Pero esto nos plantea dos preguntas. La primera es la comparación entre una serpiente y Cristo. En la Biblia la serpiente siempre aparece como algo perverso. Desde el Génesis, donde la serpiente seduce a la mujer y la empuja a pecar hasta el Apocalipsis, en donde un dragón, una serpiente en el capítulo doce persigue a la mujer y quiere devorar al Salvador que es Jesucristo. Entonces, si la serpiente nos preguntamos si la serpiente está asociada normalmente con lo malo, ¿por qué aquí la serpiente parece asociada con algo bueno con la curación? la respuesta la tenemos en que se trata de una serpiente que queda a la vista, una serpiente dominada, una serpiente desenmascarada, una serpiente a la que se ha obligado a sacar a luz. Bien sabemos que el comportamiento de las serpientes es esconderse, moverse con astucia y sigilo y luego caer. Entonces, ¿la serpiente del Libro de los Números era serpiente de salvación? No porque la serpiente deje de ser dañina, sino porque al presentarla en el estandarte es una serpiente controlada, desenmascarada, vencida. O sea que ese estandarte está mostrando a la serpiente, pero la serpiente vencida a la serpiente, como la serpiente no quiere estar, a la serpiente, como no le gusta estar, a la serpiente desenmascarada, denunciada a plena luz. Por eso la serpiente del libro de los Números es redención, porque esa serpiente está mostrando el mal, pero el mal vencido, el mal desenmascarado, el mal denunciado. Eso es lo que aparece con esa serpiente.

Y ahora Cristo. Cristo también denuncia el mal. También es denuncia del mal. Claramente, Cristo es denuncia del mal. De qué manera. Basta que lo mires en la cruz ¿por qué está llagado? ¿por qué tiene esas heridas en su cabeza y esa corona de espinas? ¿por qué ha sido perforado por esos clavos? ¿por qué? por el pecado. Cada una de sus llagas está mostrando la gravedad repulsiva del pecado. Por eso hay una frase muy dramática que dice el apóstol San Pablo. Dice San Pablo que Dios Padre, a quien no conoció el pecado, es decir, a Cristo, lo hizo pecado. Lo hizo pecado no lo hizo pecador, ¡cuidado, cuidado! no estamos diciendo eso. Pecador es el que comete pecados. Entonces lo hizo pecado qué quiere decir que Cristo en la cruz, como dice el cántico de Isaías, estaba tan deforme que ni siquiera parecía humano. Cristo triturado, hinchado, roto, sangrado en la cruz muestra lo que es el pecado, ese pecado que no queremos ver, ese pecado que como la serpiente se mueve sigilosamente pero ahora puesto en la cruz, levantado en la cruz, ya no puede esconderse. Por eso, en la cruz bendita de nuestro Señor Jesucristo, en la cruz de Cristo aparece el pecado. Aquí aparece lo que es la realidad del pecado, para que no te digas más mentiras, para que no nos digamos más mentiras. Por eso en la cruz está nuestra esperanza y nuestra salvación. Esa era la primera inquietud. La primera inquietud era ¿por qué se compara a Cristo con la serpiente? no, no, propiamente no se compara a Cristo con la serpiente, sino que la serpiente de bronce, la del Libro de los Números, muestra a la serpiente ya vencida, y Cristo en la cruz muestra al pecado ya vencido, lo denuncia y lo vence.

Nos queda la segunda pregunta. La segunda pregunta es,¿por qué dice Cristo que levantado en la cruz va a atraer a todos hacia él? de hecho, lo que parece que vemos en el mundo es lo contrario. La cruz no tiene mucho atractivo. La cruz no es especialmente atractiva y más bien es odiada, en muchos países hay una verdadera guerra contra la cruz, y esa guerra se manifiesta de muchas maneras. Por ejemplo, esa guerra se manifiesta en que se quiere quitar el crucifijo de todas partes. Incluso se ha quitado en muchas iglesias. Yo digo si en la iglesia vas a poner una imagen del Resucitado, bueno, está bien. Si vas a poner imágenes, qué sé yo de algunos santos está bien, pero no puede faltar la cruz. Bueno, pero hay una verdadera guerra contra la cruz. Hay una aversión contra la cruz. Entonces cómo dice Cristo que atraerá a todos hacia él. No parece que esa palabra se cumpla cuando vemos que en realidad la cruz es rechazada, es omitida y cuesta trabajo quién hable de la cruz.

Algunos solo quieren hablar de la prosperidad. Es el famoso evangelio de la prosperidad. Creí en Dios y todo me va bien. Todo me sale bien porque ahora ya creí en Dios. Quienes así predican, por supuesto, omiten muy astutamente aquellos versículos que están en los evangelios, como aquello de que el que no tome su cruz cada día no puede ser discípulo mío. Los que predican el Evangelio de la prosperidad claramente omiten esos textos. O lo que dice San Pablo en el capítulo primero de la Carta a los Colosenses. Yo completo en mí lo que falta a la Pasión de Cristo. O lo que enseñó Pablo a los discípulos allá en Éfeso. Hay que pasar por muchas cosas, hay que sufrir muchas cosas para entrar al reino de Dios. Entonces algunos omiten la cruz en ese sentido porque solo quieren predicar la prosperidad. Otros omiten la cruz dando un salto a la resurrección, como diciendo mira, mira la cruz, sí, sí, la cruz fue un momento terrible, doloroso, pero lo importante es la resurrección. Observemos que el Resucitado no quitó las señales de la cruz. Él quiso y lo quiso por nosotros. Él quiso conservar en su cuerpo para siempre las llagas. Por eso pudo mostrárselas a Tomás, ahí están las llagas, este soy yo. Esas son su carta de presentación. Es lo primero que hay que decir y lo segundo que hay que decir es que ciertamente la resurrección es la plenitud, pero nosotros no estamos en esa plenitud. Nosotros estamos caminando. La resurrección nos ilumina, la resurrección nos da esperanza. El Resucitado vive en nosotros y es el que vence nuestras batallas. Pero el camino que nos toca tiene persecución. Si no, pregúntaselo a los miles y miles y miles de mártires que tiene nuestra Iglesia. Otros, en cambio, omiten la cruz porque no hablan de Cristo, sino hablan únicamente de los sufrimientos de la gente en este mundo. Entonces omiten la cruz.

Por ejemplo, vamos a hablar del sufrimiento que hay en el mundo de los pobres, o de los desplazados, o de los migrantes o de las mujeres oprimidas, la violencia doméstica está muy bien y eso no, se nos debe olvidar que hay gente, que hay gente que lleva el sufrimiento de Cristo. Jamás se nos debe olvidar porque el mismo Cristo dijo lo que hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis o sea que ellos son claramente embajadores y son presencia de Cristo y de Cristo crucificado, que tiene hambre, que tiene sed y que padece. Eso no lo debemos olvidar jamás. Pero tampoco debemos olvidar jamás que sí hay esperanza para esos que algunos llaman los crucificados de la historia, si hay esperanza para ellos, no es por ellos mismos. No es el dolor de ellos el que los salva a ellos, ni es tampoco nuestra acción social o política o nuestra iniciativa de promoción humana lo que salva en el sentido propio y bíblico de la palabra. No, no es eso lo que salva, no ¿qué es lo que lo salva? si lo salva la cruz pero la cruz de Jesús de Nazaret.

Entonces el hecho de que hablemos de los crucificados solo debe hacernos recordar que hay uno que es el Crucificado, y ese que es el Crucificado, es el que se vuelve esperanza y salvación para los crucificados, esperanza y salvación, no solo para lo que se pueda hacer en esta tierra, en el sentido de mejorar su condición, sino sobre todo esperanza y salvación para la eternidad. No se puede dejar de predicar que nuestro destino, nuestra casa propia, es en la eternidad, es en la gloria del cielo. Entonces, con esto que estoy diciendo hay muchas personas que omiten la predicación de la cruz. Unos por el evangelio de la prosperidad, otros porque se sienten tan incómodos con el tema de la cruz que saltan a la resurrección como diciendo fue un mal rato que tuvo Cristo. Y otros no quieren hablar de la cruz porque quieren centrar todo en la acción social a favor de los crucificados. Pero la única esperanza de los crucificados es el Crucificado. Y si nosotros podemos hacer algo realmente bueno por ellos, es solamente en la medida en que Cristo vive en nosotros.

Bueno, sigue sin respuesta la pregunta entonces, cómo hay que entender aquello de que Cristo en la cruz atrae, si Cristo atrae y el hombre, el ser humano, puede resistirse a esa atracción, Cristo atrae en la cruz y su fuerza es inmensa. Pero así como las maravillas de la creación nos invitan a alabar a Dios, y las maravillas de la creación son un atractivo para que demos la gloria al Señor. Así también, lamentablemente, el ser humano, aún viendo esas maravillas, dice tonterías. Tonterías como que eso se hizo solo.

Me da tanto pesar que un hombre tan inteligente, un genio de nuestro tiempo, fallecido hace unos pocos años, Stephen Hawking decía no es que se puede explicar de la nada, se puede explicar que todo surja, porque las variaciones y fluctuaciones del campo cuántico lo explican. Señor Stephen Hawking y de dónde salió el campo cuántico y sobre todo, de dónde salieron las leyes por las cuales se dan las variaciones o pulsaciones del campo cuántico. Entonces, fíjate, la creación entera nos atrae, nos lanza hacia Dios. La creación entera nos está diciendo dale la gloria al que me creó. Las flores están diciendo dale la gloria al que me hizo bella. El amanecer está diciendo dale la gloria al que me hizo grande, la noche nos está diciendo dale la gloria a quien me hizo profunda y misteriosa. Todo está empujándonos a que le demos la gloria a Dios y lamentablemente podemos resistirnos. Y eso se llama el pecado. El pecado es eso, resistirse al atractivo que tiene Dios, porque Dios es atrayente, porque Dios nos atrae. Como dice hermosamente San Agustín si buscas la verdad, Él es la verdad. Si buscas la belleza, Él es la belleza. De modo que quien le quitara atractivo a Dios, en quien está toda bondad, toda belleza. Y sin embargo, nosotros, ustedes y yo, nos hemos resistido al llamado de Dios. Hemos pecado. Si no nos hubiéramos resistido, no habríamos pecado. Entonces, si hemos pecado y es porque nos resistimos, entonces la cruz si atrae. Bueno, pero alguien dirá yo entiendo que haya un atractivo en las cosas bellas de la naturaleza, como los arroyos, un cielo estrellado, una flor preciosa, un animal tierno.

Todo eso, pues, atrae pero cuál es el atractivo de la cruz. Atractivo, qué atractivo puede tener si lo que uno encuentra ahí es dolor, traición, sangre, sudor, sufrimiento, gemidos ¿qué atractivo tiene eso? Hermano mío. Hay atractivos que son fáciles de encontrar. El mismo San Agustín decía, es fácil atraer a un niño ofreciéndole algo que le guste. En nuestra época, diríamos, por ejemplo, atraer a un niño con dulces, es fácil ver porque el dulce atrae y por eso es fácil atraer a los niños con algo dulce, en la época de Agustín como cosa curiosa, él no habla de dulce, él habla si le ofreces nueces, dice parece que las nueces eran muy amadas por los niños en aquella época. Entonces hay atractivos que son evidentes y hay atractivos que no son tan evidentes.

Eso pasa, por ejemplo, con la poesía, con la filosofía, con la música clásica. Muchas personas, al oír por primera vez algo de música clásica, dicen qué cosa tan larga pero si tú educas tu oído y sobre todo, si alguien te ayuda, te conduce, tal vez responde algunas preguntas entonces terminas diciendo qué maravilla la música clásica. O sea que sí es atractiva, pero no es evidente su atractivo. Lo mismo pasa con la filosofía. Muchas personas dicen, no quitenme esto de filosofía, yo ya vi toda la filosofía que tenía que ver. Pero dale otra prueba, dale otra prueba a la filosofía y a la buena literatura y encontrarás que a veces la corteza es un poco rugosa, pero lo que hay adentro es delicioso. La cruz de Cristo tiene esa clase de atractivo que no es evidente, pero que sí es absolutamente real y potente.

¿Cuál es el atractivo de la cruz? déjame mencionarte tres o cuatro. Hablemos de la coherencia. Mira a Cristo en la cruz y verás que todo lo que Él predicó, Él lo vivió. Y qué pocas personas, por decir ninguna, tienen esa cualidad. Cristo es aquel que vive lo que habla. Eso es increíble. La mayor parte de nosotros utilizamos discursos hacia afuera, pero ¿qué es lo que realmente vivimos? eso ya es otra historia. Qué hermosa es la coherencia. Qué hermoso es ver una persona que hasta el final, hasta el final se sostiene. Eso es hermosísimo. Eso se llama heroísmo. Eso se llama coherencia. Y es difícil que encuentres un coherente, un valiente como Cristo, admíralo ahí lo tienes.

Hablemos de otra virtud porque virtudes es lo que vamos a encontrar en la cruz. Hablemos de la compasión y la misericordia o de la caridad. A veces es bonito hacer la caridad cuando tú tienes, por ejemplo, una obra y no desprecio ninguna obra de caridad. Cuando tú tienes una obra con niños, sobre todo niños pobres, vas a tener muchas obras buenas, pero también vas a recibir muchas cosas muy buenas. Pues yo lo sé, porque claro, yo conozco esas obras y las amo. Mira cuántas veces estos niños o estas niñas, en una condición difícil, cuántas veces expresan su gratitud, sonríen, cantan, te abrazan. Esa misericordia vamos a decir que aunque es siempre necesaria y es siempre buena, es más sencilla que otras. Porque esa misericordia recibe ese premio emocional, de la gratitud, de la sonrisa, del abrazo, del aplauso. No por casualidad, las ONG que ganan más recursos y que reciben más donaciones son precisamente las que tienen que ver con niños. Y eso está bien, yo no me opongo a eso. Entiéndeme bien el mensaje. Lo que estoy diciendo es que esa misericordia es más sencilla que otras. Cristo en la cruz mostró la máxima misericordia. Se llama la misericordia para con los enemigos, perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen. Si tú quieres saber cuál es en el diccionario del universo, cuál es el acto de la misericordia en su estado más puro, tienes que ir a la cruz de Cristo.

Y voy a dar un último ejemplo, que es el de la verdad. La cruz muestra nuestras verdades, antes hemos dicho que la cruz de Cristo es la gran denuncia del pecado del mundo. Acércate a la cruz y verás el pecado. Quédate con la cruz un rato y verás el pecado, y quédate con la cruz otro rato y verás tu pecado. Repito esa frase que considero importante. Quédate con la cruz un rato y verás el pecado, quédate otro rato y verás tu pecado. Así como yo, cuando me quedo con la cruz, cuando miro a mi Señor crucificado, cuando a Él lo miro, veo primero el pecado y luego mi pecado, mi verdad. Y esa verdad es la que nos atrae a todos. Porque no me importa de qué partido político, ideología, filosofía, de qué siglo o de qué lengua seas. Si reconoces tu pecado, llegarás a los pies de la cruz de Cristo. Y yo, no importando quién sea, llegaré a los pies de la cruz de Cristo. Y por eso la cruz es el lugar de la reconciliación, es el lugar del encuentro de todos los pueblos. La cruz atrae a todos. Y hoy te quiero decir, y termino con esto mis palabras, no te rebeles, no te resistas al atractivo de la cruz de Cristo. Bendito sea su Santísimo Nombre y bendita la cruz de nuestra salvación. Amén.

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